Diario de Navarra y la voluntad de cambio
05.03.06 @ 20:00:17. Archivado en Comunicación y tal
Hay periódicos que forman parte de ese paisaje propio, de esas imágenes borrosas pero indelebles que constituyen nuestro genoma más íntimo, el de los recuerdos. El Diario de Navarra fue uno de esos, un mueble de papel que se renueva cada día. Mi abuelo lo leía despacio, ayudado de un flexo metálico de esos como de Mortadelo y Filemón y una lupa plana, que deslizaba según pasaban los párrafos. A saber qué leería, deportes, noticias del campo, esquelas.
A mí se me hacía un objeto más, en ese universo semioscuro de los abuelos, como esa Vírgen con culebras por los pies que rulaba por entre los vecinos previo pago de alguna caridad, el sifón que rellenaban donde siempre, los cascos retornables, el rosario de cuentas nacaradas, la revista Hola, la botellita del agua siempre cerca y el mando a distancia, a poca distancia mejor.
Un día dejó de llegar el Diario de Navarra, ya no renovaron la suscripción y fue como una ausencia de esas que se notan pero nadie reclama, como pasa un poco con los muertos, vaya.
Desde entonces, no es que haya cambiado mucho el periódico. ¿Para qué si las cifras de la OJD le son tan incondicionales, tan fieles? Uno se pregunta, ¿para qué cambiar si me va bien? A esto yo digo, ¿cómo alguien/algo puede vivir sin cambiar? La verdad es que el mundo cambia de cara, cambian los problemas, los valores, las religiones, los modos de divertirse, de conocerse, de consumir, de informarse, de viajar, de escuchar música, pero el Diario de Navarra sigue prácticamente igual. Si mi abuelo resucitara apenas se sentiría desplazado, con este periódico en su mesa camilla con tapete de ganchillo. Apenas unos cambios en la tipografía, una sección nueva y nuevos suplementos en las últimas décadas. No se puede mover a la ligera un mueble de más de cien años, también es verdad, pero vamos, no es eso tampoco.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte, algo ha cambiado. Quizá sea la nueva dirección de la nave, la primera mujer en la historia de este periódico, pero sus páginas parece que se van desprendiendo de toda esa telaraña anidada. No es que haya sido un viraje a la tremenda, un golpe de timón que haya puesto patas arriba la bodega. Pero algo hay, como esas nuevas páginas de Opinión, estilizadas, a color, con tipografías más modernas, más elegantes. Con más datos, más voces. ¿Más diversidad en un futuro, más pluralismo? Ya van llegando, como esos Florencio Domínguez o Santiago González, experimetandos comentaristas forjados en El Correo de Bilbao.
Es cierto, no se puede llegar de la noche a la mañana a la calidad de un Diario Vasco o del citado El Correo, con sus reportajes propios, infografías, apuestas personales, planteamientos gráficos tan atractivos. Pero quién sabe, ¿por qué no ser optimistas, por qué no pensar que un día los navarros tendrán el periódico que se merecen? Voluntad de cambio, tímida pero interesante, parece haber.
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Eduardo Laporte
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