Voy camino Soria
03.03.06 @ 21:27:22. Archivado en Geografías
Nadie elige Soria como destino, apenas algunos jugadores fichados por el Numancia, inmigrantes sin ínfulas turísticas, místicos de asfalto que huyen en busca de una paz que surge de la negación del ruido. Sánchez – Dragó pasa temporadas en Castilfrío, pueblillo de piedra en el sur de esta provincia de paso. Bueno, se ve que el amigo Kokoro es medio soriano, no tanto como Abel Antón, Fermín Cacho o María Reyes, que nacieron en este paisaje del alma machadiano (famoso por su mantequilla).
Siempre hace frío en Soria, y el invierno se muestra como en una agresiva postal de la climatología. Hay una luz azulada todavía en la tarde de domingo, en ese punto de encuentro entre monjas, negras gordas con ropajes vivos, zurriagos riberos que gritan a través del móvil, pijosaparte de Donosti, provincianas felices que dan envidia y más gente. La estación de autobuses. Más gente que no quiere pasar en Soria más de los 20 minutos estipulados por monsieur Le Chauffer.
Esta vez rechazo el sándwich mixto de esa cafetería que recuerda al Brillante de Atocha pero en limpia —York, creo que se llama y todo— y busco la Soria profunda, que está justo al lado. Bar con menos humo que en esos casinos cansinos de los que habla Pla en La calle estrecha. Viejos de pulgares gruesos como castañas, jugando a la baraja, bordeando los límites impuestos por el médico, viendo un partido galáctico que apenas inquieta. Este domingo, el Numancia – Hércules ha sido suspendido por la nieve, un vacío en la quiniela que deja el domingo aguado, como la verdura sin sal que espera en casa.
Hay compadreo en el bar, y una oferta despampanante bajo el mostrador, como ese trozo de bacalao que me pimplo con una caña, con esa prisa congelada del descanso del autobús. Hay que volver ya, con los inmigrantes de todo, esos viajeros que huyen hacia delante y que sólo en el tránsito parecen en paz. ¿Seré uno de esos? Después de todo, hace frío, pero no parece una existencia tan horrible, en ese camino Soria que cantaba Jaime Urrutia con tanto arte. Como todas las cosas que se miran desde la vitrina, parecen mejores, más cómodas, más fáciles. Supongo que para un rato, 20 minutos, Soria tiene su gracia. Nos parece el centro del mundo, con nuevos periódicos, un centro de gravedad permanente tan válido como el que más. Por desgracia, tenemos ese culo tirano que nos saca de allí, y nos encapsula de nuevo en el bus de las ambiciones fules.
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Eduardo Laporte
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