Umbral y el turno de réplica
14.12.05 @ 12:25:11. Archivado en Boutades
Pasé por encima de la penúltima polémica de los figurines literarios que se retan a duelo desde sus baluartes de papel. Llego tarde y a deshoras, pero bueno, hasta que se cierre el duelo dialéctico la cosa tendrá su cosa de actualidad (para el que le interese, claro, claro). Reverte vs. Umbral. Buen combate desde luego. Porque después de presenciar las estocadas nada ambiguas del académico Arturo Pérez Reverte —APR—, no es como para quedarse al margen de esta versión renovados de gongorillas y quevedines. A mí, así de primeras, me da que en este duelo de Street Fighter con los salones de la RAE de fondo, sale perdiendo más APR que Francisco Umbral, FU.
Porque, ¿que hay en juego en este duelo de egos? La inmortalidad, diría yo. Y ahí, por mucho que insista APR que a FU no se le lee en el extranjero y más allá, las obras del eterno soñador de Nobel gozarán siempre de un prestigio entre lectores del que las ‘mejores vendidas’ novelas del cartaginés carecen. Vamos, queda bien decir que uno lee a Umbral, pero no queda tan bien decir lo mismo de Reverte. Queda mal, vamos. El otro día mismo, noté el gesto gatuno en un comprador de libros de la Casa del ídem, al retardar el momento de enseñar sus elecciones navideñas: Novalis, ah, oh, un romántico ¿alemán? así como interesantón y… Cabo Trafalgar, de Arturo Pérez – Reverte. No dijo nada, pero en cuanto aparece en escena un tomo de los de APR, la peña se justifica: “me entretiene, quiero desconectar, bla, bla”. Nadie se justificaría de nada, si bajo esa bolsa amarillenta se desvelara la impúdica desnudez narrativa de Mortal y rosa o Trilogía de Madrid o La noche que llegué al café Gijón: sarao cultureta hecho literatura, puede, pero también legado de una época, con una mirada particular que no dan los libros de historia, ni las novelas históricas. Con estilo, vamos. A veces la literatura, para algunos, no es más que eso, prosa que busca la poesía como el burro la zanahoria, y en ese viaje, pues leemos.
Desde luego, Umbral no es un tótem literario ni como tal debería ser tratado, cosa que persigue desde que dejó su Valladolid no natal (se ve que nació en el madrileño Lavapiés) cual camarera que viaja a Hollywood para ser estrella. Tampoco convence el premio Cervantes con ese desprecio hacia clásicos como Cervantes, Galdós, Dickens, Tolstoi, Dostoievski o Baroja, según recuerda APR en su artículo-denuncia-protesta-insulto. Gustará más o menos, pero el caso es que la calidad literaria, la de Umbral, no necesita mucha réplica de dominical para defenderse de académicos con bastante mala hostia y poco respeto a las canas. Dice el del Capitán Alatriste que en el anterior pique Umbral tardó cinco años en contestar; mejor ni entrar al trapo. Porque uno hace Literatura, menor a ratos, y el otro, que cuenta cosas, novelas. Y es más difícil lo primero.
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Eduardo Laporte
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