La culpa la tiene ONO
28.11.05 @ 12:08:35. Archivado en Tiempos modernos
Pensaba empezar la semana por otros derroteros menos técnicos, más “intensos”, como se dice ahora. Sin embargo, tras cuatro días seguidos sin conexión a Internet, he decidido cambiar de tema. Será esto una pataleta formal, un quejío sonoro, un intento de desahogo, ante la impotencia que me provoca la atención al cliente.
ONO. Llamo al 902500060, como casi cada día. Coste de la llamada: llamada local. “Bienvenido al servicio de atención al cliente de Ono. Desde noviembre, Ono también ofrece servicios en su zona… Con la incorporación de Auna, Ono se convierte en el primer operador, bla,bla,bla.”
En cada llamada, como una antesala donde suavizar las iras, te colocan esa introducción publicitaria locutada con una voz lastimera que recuerda a la inefable Pilar, de Saber y ganar. Por fin llega un operador, que te llama señor o don, pero para decirte al final lo de siempre: “avería masiva en su zona”. Con lo masiva, se quedan tranquilos: engaño masivo, atentado masivo, contagio masivo. Parece que lo de masivo da credibilidad: “Ha habido un atropello masivo a un anciano que cruzaba en rojo”, podría ser el futuro de la información de sucesos.
Mi cabreo sí que es masivo. Sobre todo cuando bajo las escaleras de ese locutorio sucio de lejía, con ratones adormilados y teclados disléxicos con caries, como la Hispano Olivetti de Sabina pero con menos solera. Esa sensación absurda de pagar doble. Tengo un tío que habita en la región de Cosmosia que me recuerda: un caballero nunca habla de dinero. Le ignoraré, sobre todo después de los 40 euros de la instalación, y los 44 de tarifa mensual por dos miserables megas de velocidad que luego, por el simple efecto de sumar un IVA con el que no contaba (ingenuo de mí, oh, infelice) pasan a ser 53 del ala. Ono, Ono, Ono. 53 euros al mes por nada. Porque luego hay que pagar al señor del locutorio, y esas llamadas locales al 902500060 que te reafirman en tu animadversión a Ono y a todo su entorno.
Hubo un periodo muy gracioso, exactamente, del 4 al 15 de noviembre, en que la conexión desapareció como un Luis Roldán de la banda ancha cualquiera. Once días unplugged sin que nada, ni nadie lo remediara. Avería masiva. Si mi cabreo es notable, no quiero ni pensar en ese asesor bursátil free lance (supongo que los hay), en el inmigrante que usa www.skype.com para hablar con su queridita, en el creador de páginas web, o el webmaster de la página del polideportivo municipal de Algete, donde las pistas de squash se reservan on-line, o en toda esa gente que acepta eso de “Trabaje desde casa”, o en los ludópatas de Casino On the Net, o los compradores compulsivos de E-Bay, o simplemente, en ese que espera un e-mail.
La culpa de todo la tiene ONO. Me dijo un informático independiente que seguramente estaban abriendo nuevas líneas, instalando cables o no sé qué. Me da igual. Internet no es ya un capricho de los padres para que sus hijos se documenten para hacer trabajos sobre las partes de la columna corintia, con sus hojas de acanto. Ya sabe todo el mundo para cuántas cosas sirve Internet. Para escribir incluso. Y me acuerdo de Espada, Arcadi, en la presentación de su libro, el pasado jueves: “Escribo por que me pagan”. Cabrón.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Eduardo Laporte
autor
Contacto


