Boutades
14.11.05 @ 21:17:12. Archivado en Boutades
Me dice Latinajo de Híspalis enfilando una somera calle bilbaína que soy “demasiado moderado”, que debo teclear con más incisión en estos escritos que no llevan a ninguna parte. Mi colega Perroantonio, uno de los sujetadores de Arcadi Espada, de su blog, vamos, sostenes quiero decir, o sustentos, o soportes. Uno de los mayores animadores del blog, vamos, Perroantonio, me recomienda convertir esta atalaya acolchada y protegida con doble cristal Climalit en un baluarte desde el que lanzar mis dardos infectos de un odio que no tengo. Así tendré más lectores, argumentan. “Que se hable de ti, aunque sea bien”, añade Oscar Wilde.
Asumo con cautela sus recomendaciones, aceptando que quizá estén en lo cierto, dentro de ese recinto de las verdades objetivas, de esa razón estándar y empírica que a veces es la más peligrosa. “Demasiado moderado”, bueno, quizá sea un “extremista moderado” y esa moderación llevada al extremo me polarice tanto o más que cualquier Fedeguico de esos que tantos abundan, con micros o sin ellos.
Les haré caso, pero con moderación, inaugurando un apartado que he venido a llamar Boutades, así, en plan pedante. De esas a lo Houellebecq, de esas que tanto cultivaba Baroja y que de vez en cuando hay que soltar, como un eructo esclarecedor, como una purga sanatoria de ideas mohosas como esos tarros de mermelada que agonizan en la banlieu de nuestras neveras. Juventud, egolatría, de Pío Baroja, está lleno de esas provocaciones de papel, buscaré un ejemplo cualquiera, como este de la página 33:
“Los aficionados a la música son, en su mayoría, gente un poco vil, envidiosa, amargados y sometidos.”
Cita muy oportuna para los temas con los que pienso mudar en algún punto mi pellejo moderado, y suavizar ese extremismo tan bienqueda. Entre esos temas había pensado incluir a los jóvenes, la música, la relación entre ambos, y también a los franceses. Será un tirar piedras contra parte de mi tejado, porque soy todavía joven (me hacen descuento por ello en la peluquería), escucho música (no mucha) y tengo bastantes genes francófilos.
“Un blogs son sus lectores”, me recuerda Perroantonio, quizá por ser él mismo muy lector de blogs y porque Espada le dedica cuatro páginas en su último libro, quizá por eso, quizá por que es cierto. Podría meterme con Espada, Arcadi, por ejemplo, y que toda su cohorte de contertulios de ADSL, esa pléyade de contestararios de salón, pantuflas de cuadros y prensa fresca por la mañana, bibliotecarios difusos que se creen sandiosicos por exponer como debería ser la permanente y cual el puercoespín, toda esa colonia de oradores de la tecla fácil, pierdan su tiempo en meterse a su vez con mi cara descubierta. Aunque también podría ocurrir que me castigaran con su indiferencia, y este blog languidecería hasta recubrirse de ese moho blanquecino de la mermelada de moras. O podría incluso difamar al propio Arcadi Espada, cultivar la mofa, befa y el escarnio más sórdido y hampón e inventar incluso taimadas tramas inmobiliarias con segundas residencias en coquetos lagares extremeños. O componer apestosas odas contra su persona:
Arcadi, Arcadi, quiero que seas mi caddie,
Arcadio, Arcadio, ese nombre me da mal fario.
Me dicen, recomiendan, que sea más breve y regular y mis textos. Ahhhh. Qué hacer, qué decir, qué escribir. Boutades, probablemente.
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Eduardo Laporte
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