
Miles de espectadores permanecían pegados a las pantallas de sus televisores escuchando a un Luciano Pavarotti interpretar su obra estrella Nessun Dorma. Era su última aparición en público, durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 2006, y la espectactión no podía ser mayor. A pesar de estar enfermo y de las críticas a su desgastada voz, Pavarotti lo dio todo. Brillante. ¿O no? En realidad sólo movía los labios. El sonido salía de un CD.
Lo cuenta Leone Magiera, director y pianista que acompañó a Pavarotti en más de 1.000 conciertos, en un libro de memorias sobre el cantante. Es una más de las numerosas anécdotas protagonizadas por Pavarotti, que incluyen desde la comida, hasta las mujeres.
Mientras agonizaba de cáncer de páncreas a sus 71 años, Pavarotti casi nunca estaba consciente, pero no perdía el humor. Al darse cuenta de que no era capaz de comer un plato de pasta, comentó: «Es una señal muy fea que yo prefiera un puré de patatas a un plato de macarrones».
Viernes, 25 de julio
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