
Traten de imaginarse la espeluznante escena (real): Perturbardo contacta con tarado por Internet para una orgía gastronómica consistente en cortarse el pene uno de ellos y, tras pasarlo por la sartén, comérselo a duo antes de morir desangrado en la bañera, momento en que el superviviente trincha el cadáver hasta lograr 20 kilos de filetes deshaciéndose del resto. Y encima, lo graban todo en video, en tres cintas de cuatro horas. El de la foto, el perturbado, lo ha contado con todo lujo de detalles en un reportaje de la televisión alemana RTL.
«La carne humana tiene el mismo sabor que el cerdo, sólo ligeramente más amarga, más sustanciosa».
«Está muy buena»
Ante casi un millón de espectadores y en horario de máxima audiencia, el caníbal de Rotenburgo, Armin Meiwes, explicó en una entrevista emitida por la televisión privada RTL que en marzo de 2001, comenzó a comerse en una sesión antropófaga pactada al ingeniero informático de 42 años Bernd-Jürgen Brandes.
Meiwes, de 45 años, condenado a cadena perpetua en 2003 -aunque, según la Ley alemana, no pasará más de 15 años en prisión- no se arrepiente ni tiene pesadillas. Es más, cuando habla de Brandes, lo hace como una especie de enamorado:
«Ahora es parte de mí. Y esa es una buena sensación».
La entrevista forma parte de las sesiones grabadas por el periodista Günter Stampf en el interior de la cárcel de Kassel para el libro que acaba de ver la luz y que cuenta todos los detalles de este caso que conmocionó a la sociedad germana. Las imágenes habrían acabado en la RTL después de que las cadenas públicas alemanas se hubieran negado a emitirlas, algo muy criticado por el autor de El caníbal de Rotenburgo.
La entrevista está acompañada por grabaciones de Meiwes sacando café de una máquina en prisión -trabaja en la lavandería-; también se puede ver su casa del siglo XVIII, con 47 habitaciones, y un antiguo vídeo del preso en unas vacaciones.
El caníbal confeso explica ante la cámara cómo preparó la carne de Brandes.
«La freí un poco y puse sal. El primer bocado me supo naturalmente extraño, una emoción indefinible»
Meiwes contactó con Brandes a través de internet y ambos se citaron para una sesión en la que, voluntariamente, el informático sería devorado por su compañero. Todo está documentado en tres cintas de vídeo de cuatro horas.
En las imágenes se observa cómo el caníbal de Rotenburgo corta el pene a Brandes y ambos se lo intentan comer tras pasarlo por una sartén y acompañado por vino tinto chileno. Finalmente Brandes se desangra en una bañera y el caníbal le rebana el cuello. Tras ello, corta hasta 20 kilos de carne de la víctima y los guarda en la nevera. El resto lo entierra en el jardín. Pero que nadie piense que este caso de Rotenburgo es único en Alemania. Según Meiwes, sólo en su país habría 400 personas dispuestas a comerse a un semejante o a dejarse devorar, lo que en lenguaje del famoso preso es una suerte de complejo de Hansel, el personaje de cuento que iba a ser comido por la Bruja.
Ese sería al menos el número de candidatos con los que él mismo habría contactado. En todo el mundo habría unos 10.000, aseguró el caníbal en la entrevista.
Lunes, 12 de mayo
JunglaDeAsfalto.com
Antonio García Fuentes
Padre Fortea
José Antonio del Moral
Ángel Sáez García
Siro López
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Patricio Peñalver
Juan Carrasco de las Heras