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Encadenados a la mentira

19.11.05 | 22:30. Archivado en análisis, Autonómicas
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¿Podemos permitirle todo a la tele? ¿Por qué algunas mentiras, emitidas por televisión, nos dan igual? ¿Está el engaño televisivo socialmente asumido e incluso bien visto? ¿Todo vale en televisión? Las mentiras en televisión se repiten y son difíciles de reconocer por parte de sus responsables. El jueves, la reina de la mentira televisiva fue al programa ‘Encadenados’.

El divertido y necesario programa que emite Localia me invitó a compartir unas palabras con Leticia. En pocos minutos debía contar mi experiencia en el programa 'Mentiras Peligrosas' que presentó Leticia Sabater, esputarle sus mentiras y sus fraudulentos modos. Me sorprendió mucho que una profesional del medio, como ella misma se reconoce, confesase que su programa era un reality show más. Seguidamente, entré por teléfono y, tras acreditarme por este medio, le dejé clara la diferencia: Un reality refleja la realidad, transparente y sin pautas, de unos personajes (conocidos o no).

Su programa mezclaba un falso talk show con un improvisado Pressing Catch. La historia que viví, aunque no se la pude recordar a ella (antes verdugo, ahora víctima) tan detallada como me hubiese gustado, resulta reveladora y tremendamente divertida. Descubrí en primera persona las mentiras y engaños a los que son sometidos los espectadores y me permití poner a prueba mi capacidad de improvisación y el límite del equipo de Canal 7.

A la entrada me encontré con un guión de cuatro páginas escrito a máquina y un redactor que me estaba indicando quiénes iban a ser mi novia y mi amante. Me dijo que el programa era en directo y que faltaban dos horas para contar nuestra historia. Lo primero que le pregunté fue cuánto se cobraría: Alrededor de 45 euros. Mi novia y mi amante, que a la vez era la hermana de mi novia, eran muy simpáticas en la realidad. Los tres nos estábamos descojonando mientras improvisábamos cómo podríamos atizarnos para calentar la inaudita historia. En ese momento, un ser chillón y teñido entró en la sala. Era Leticia Sabater.

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