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Dícese que no hay peor capitán que aquel que anda desorientado, sin rumbo fijo. A velas vir, como diríamos en Galicia.
Si como apuntaba en mi blog los alemanes premiaron ayer la previsibilidad y transparencia, a los españoles nos toca sufrir todo lo contrario, la improvisación y la mentira. Un panorama desolador que sólo es capaz de esconder un triunfo deportivo o una corazonada, quien sabe.
Precisamente a corazonadas, y no olímpicas, funciona el Gobierno de España, quien parece no conocer el primero de los principios de cualquier jugador que se precie: no te dejes llevar por tus impulsos. A éste le da igual, ni entra en razón ni se deja aconsejar. El dinero no es suyo y el bolsillo no le duele.
Lo de subir los impuestos es brutal. "¡Mentira!" repitió una y otra vez Rajoy ayer en Dos Hermanas bajo la complicidad de decenas de miles de personas que le arropaban. Un Rajoy a quien, por cierto, se le ve cada día con más confianza en sí mismo y en la victoria. Tanto es así que en Silleda -también con miles de personas- dijo estar sintiendo el calor después de muchos años en la "fría oposición".
Pues eso, lo de los impuestos, que es una coña. Recuerdo como algún socialista en la época de Aznar argumentaba que mientras Aznar bajaba el IRPF, subía algunos impuestos especiales (tabaco, alcohol...), impuestos que pagamos tanto los ricos como los pobres. "Eso es lo que quiere Aznar, empobrecer más a los pobres", decían. De aquella eran los impuestos especiales, los mismos que subió este verano ZP con premeditación y alevosía. Pero ahora no es sólo eso, ahora también nos suben el IVA, impuesto que paga tanto el rico como el pobre y que le supone mucho más esfuerzo al pobre que al rico por cuestiones obvias. Un impuesto que afecta a todo. Incluidos "los chuches", tal y como recordó ayer Rajoy.
La cara de los que entonces protestaban enojados es ahora un poema. Saben que de aquella España reducía la presión fiscal sobre sus ciudadanos, los cuales apostaban por consumir e invertir, un hecho que creaba riqueza y movía el dinero. Una simple regla de tres que se le escapa a mentes tan privilegiadas como la de Zapatero.
Privilegiadas mentes de los gobernantes, damnificados bolsillos de los contribuyentes.
Miércoles, 25 de noviembre
Rufino Soriano Tena
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