Un fenómeno social juvenil viene pisando fuerte ya desde hace varios años de la mano de la juventud, es el famoso botellón.
Entendemos por botellón a una costumbre establecida, sobre todo entre los jóvenes, de beber alcohol (cerveza, calimocho, licores de frutas, bebidas alcohólicas destiladas mezcladas con refrescos, etc.) en lugares públicos no destinados a ello, como parques o zonas abiertas de la vía pública. La denominación hace referencia a que, para abaratar el coste de la bebida, se consume el alcohol masivamente, antes de dirigirse más tarde a pubs, discotecas, o conciertos donde el precio de las bebidas suele ser varias veces más caro.
Esta definición da en la clave de la cuestión: el coste de la bebida en los pubs, discotecas o similares. Y es que si el precio del cubalibre hubiese subido de acuerdo al nivel de vida en los últimos 30 años ahora tendría que costar 275 pesetas - 1'65 euros. Entonces costaba 15 pesetas. Hoy nos podemos dar con un canto en los dientes si este no pasa de los 4 euros.
No me considero defensor del botellón, pero sí puedo entender el porqué de este fenómeno.
Al margen de sus lamentables consecuencias como la suciedad o el excesivo ruido que se provoca en el medio urbano en muchos casos, no pretendo dar una nueva crítica a su práctica -que nunca está de más-, sino explicar las causas del botellón.
Hoy por hoy, y sin nada que ver con Gabilondo, los menores de edad tienen más fácil el acceso al alcohol en supermercados o pequeñas tiendas de alimentación, principalmente estas últimas, que la entrada a locales nocturnos donde muchos de ellos tienen prohibida la entrada a menores de dieciocho años. No se si tendré una mente demasiado abierta pero creo que en generaciones pasadas la mayoría de los jóvenes ya habían probado el alcohol antes de cumplir la mayoría de edad. Eso no es novedad. Y muchos de ellos ya comenzaban a acudir a este tipo de locales, con dieciseis años.
La juventud de hoy no es menos inquieta ni menos curiosa y para ellos, como para los jóvenes de hace años, lo prohibido atrae.
El filósofo Gustavo Bueno respondía así cuando le preguntaban sobre el fenómeno del botellón:
Hay que prohibirlo totalmente, pero la cuestión es ¿qué se hace con esa gente y cuáles son las raíces de todo eso? Lo vi por primera vez en Sevilla, hace unos años. Unos 400 adolescentes reunidos en la calle, como primates que se juntaban aterrorizados, dándose ánimos mutuamente, quizá por lo que se les venía encima.Esta es una típica respuesta que la sociedad en general suele transmitir cuando se le pregunta sobre este fenómeno. Apuesto a que muchos de ellos no han puesto la vista atrás y se han visto con treinta o cuarenta años, o como en el caso de Gustavo, con cincuenta o sesenta años menos. En esta típica respuesta, nadie es capaz de ponerse ni en el lugar de los jóvenes, ni es capaz de aportar ninguna solución.
El botellón no es una práctica aislada de cuatro jóvenes fracasados, junkies, porretas o como quieran llamarles. A un botellón acuden cientos de personas en las grandes ciudades, en ocasiones miles, donde se encuentran chicos y chicas sobresalientes, a nivel académico y a nivel personal, hasta en ocasiones se pueden observar clases enteras de aulas de bachillerato que compete a los más inteligentes y a los menos inteligentes. Pero son gente normal, no primates.
Mariano Fernández Enguita, catedrático de Sociología en la Universidad de Salamanca y autor de un estudio sobre la jornada escolar para la Comunidad de Madrid, indica que
'como toda forma masiva de actividad, el botellón tiene una dimensión expresiva, la de sacar lo que tienen dentro, fuera del ámbito de los adultos, y les aporta una ilusión de comunidad, de sentir que forman parte del grupo'Este es el primer paso para dar soluciones al fenómeno del botellón, entender a los jóvenes. Claro que quizás el consumo abusivo de alcohol contrarreste todo punto positivo, pero el estado de embriaguez lo alcanzan una minoría.
¿Qué se ha hecho para solucionar el problema? La ley antibotellón ha demostrado ser un rotundo fracaso. En el polo opuesto, ciudades andaluzas como Sevilla o Córdoba han facilitado espacios para su práctica llamados botellódromos que Málaga, viendo que su resultado no ha sido el previsto, ha rectificado y no lo facilitará. Este mismo fin de semana, en O Carballiño (Ourense), el Ayuntamiento ha decidido entregar bolsas de basuras en los lugares en los que se realiza habitualmente el botellón. Veremos cuál es su resultado.
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podria saber de que libro has sacado la frase de zygmunt buaman y que pagina es? gracias
Me viene a la memoria esa película, "Crash" en la que se traza una panorámica de varios personajes que están fracasando por alguna razón; un matrimonio joven con un nino cuya union se va deteriorando; un joven solitario en la ciudad que tiene miedo a hacerse mayor y relacionarse...
Es como si viviesemos en un permanente estado de autodesprecio.
No debe analizarse el fenómeno "botellón" separado del escenario socioeconómico del momento. Pienso que la sociedad actual es una sociedad que ha prescindido de valores de antaño, la definen como una sociedad "líquida" segun Zygmunt Bauman, "(...)vivimos en una época en la que por primera vez la inseguridad y la incertidumbre son patrimonio de toda la sociedad. En las sociedades precapitalistas el esclavo o el siervo estaban excluidos de participar con un proyecto propio. La certidumbre ha desaparecido y cada individuo depende de su idoneidad para trazar su proyecto(...)". Existe una inseguridad para con las metas de cada individuo, nada parece servir, perdurar, todo es innovar para destruir a corto plazo.
Jueves, 16 de febrero
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Raúl González Zorrilla| Febrero 2012 | ||||||
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