Pasiones amorosas y estragos en la pareja
28.03.07 @ 12:31:17. Archivado en Psicoanálisis, Teoría, Colaboraciones, Salud Mental, Sexualidad, Investigación
El ABANDONO POR PARTE DEL SER AMADO
A pesar de estos peligros de la pasión, el/la apasionado(a) a menudo no hará nada para apartarse de ella. Comprendemos que haría falta que ya no le gustara y no deseara al otro para poder dejar a él o a la que puso en el lugar de renarcisizante de su yo (moi), de fuente de vida nueva, de descubrimiento de sus fantasmas desconocidos.
En 2000, Ne me quitte pas... «Yo seré la sombra de tu sombra, la sombra de tu mano, la sombra de tu perro», la canción de Jacques Brel, fue elegida «Canción del siglo» por el voto de los oyentes del conjunto mundial de las radios francófonas. No pienso que esto deje de tener relación con lo que evoco aquí. Mejor ser la sombra de tu perro que no existir más para ti.
No es difícil comprender que el abandono pueda ser seguido por el desencadenamiento de odio, incluido en todo enamoramiento, de irrupción de pensamientos suicidas, incluso algunos suicidios (llamada al otro o pasaje al acto), y, finalmente, por algunos homicidios pasionales (el de Carmen que quiere conservar su libertad, apuñalada por su amante para que nadie más pueda poseerla; y el de Marie Trintignant por Bertrand Cantat, quien dejó a su mujer por una Marie, que no quería ceder sobre su estilo de vida amorosa).
Todo esto me parece tanto más verdadero cuanto el amado ha sido convocado al lugar del Otro, salvador del desamparo de la infancia, o todavía al lugar del sinthome, en el sentido lacaniano de este término, este cuarto redondel que mantiene unidos lo real, lo imaginario y lo simbólico de un sujeto cuya estructura está afectada por un error de anudamiento.
a) El Otro salvador
Consideremos en primer lugar este sitio del Otro primordial, salvador del desamparo concomitante de nuestra llegada al mundo – «Hilflosigkeit», decía Freud. Esta intervención del Otro, que protege y que se ocupa del niño, deja una profunda huella en su psiquismo. Si el amado(a) es convocado(a) por el sujeto a este sitio, toma un sitio de un para-angustia completamente esencial, completamente vital, y su partida sólo puede hacer estragos.
b) El Otro sinthome
Sucede también que el Otro del amor ocupa la función y el sitio del sinthome. Este amor-sinthome o amor-prótesis tiene todo el aspecto de una relación patológica, pero permite al sujeto vivir evitando la despersonalización que conlleva el desanudamiento de lo Real, de lo imaginario y de lo simbólico.
Sin haber podido estudiar con más detalle la bibliografía de Camille Claudel, parece claramente, que nos encontramos con ella en un caso ejemplar semejante. Su relación con Rodin funcionó como un sinthome que la protegía sin duda de la descompensación psicótica, alimentando, tanto para uno como para el otro, una creatividad fuera de lo común. Pero Camille no resistió la prueba del abandono. Lo que sabemos de ella da que pensar que su estructura psíquica estaba lista para fracturarse. Reine-Marie Paris, una de sus biógrafas, escribe así que con el abandono de su amante «Ella perdía sus defensas, esta muralla China invisible que se extiende alrededor de los territorios secretos del alma. Todo se derrumbaba, dando paso a la invasión del inconsciente». Las primeras manifestaciones de su desequilibrio, que precedieron unos años su internamiento en el hospital psiquiátrico, aparecieron desde su ruptura con Auguste Rodin.
QUE LAS MUJERES ESTÉN MÁS SUJETAS A LA PASIÓN
Parecería que las mujeres estén sujetas más a menudo a la pasión amorosa que los désirêtres (deseoseres) que pertenecen al sexo todavía llamado fuerte. Es posible, aunque existan una serie de ejemplos de pasiones masculinas; evoqué algunas al pasar. ¿Cómo comprender que las mujeres sean más débiles a este respecto?
Me di dos explicaciones posibles para este hecho.
En primer lugar es necesario comprobar que los hombres encuentran en general más fácilmente y, en todo caso, más rápido una sustituta del objeto de amor y de deseo que le habrían abandonado. Sería necesario todavía explicar por qué el carácter intercambiable del objeto de amor y de deseo sería mayor para ellos que para las mujeres.
Pero hay una razón más fundamental, pienso.
Si, como lo afirma Freud, la confianza en sí mismo de un hombre reside en el sentimiento de haber sido muy amado por su madre y si la relación informe entre las chicas y su madre está generalmente más marcada por la ambivalencia que la de los chicos y su madre, es lógico que los hombres necesiten menos la mirada del Otro, el amor del Otro y su deseo, para que su narcisismo esté lo suficientemente bien alimentado. Por esta razón, la búsqueda del amor y del deseo del Otro, sería más importante pues entre las mujeres.
¿Esto contradice evidentemente las declaraciones de Freud sobre el narcisismo, que –según él- caracterizaría más a las mujeres, pero, estas últimas declaraciones ¿corresponden efectivamente a nuestra realidad clínica? Es sobre esta pregunta que me propongo cerrar esta exposición y abrir el debate con vosotros.
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(1) A partir de diversos extractos de De Neuter P. y Bastien D. (editores), Clínica de la pareja, 2007, Eres.
Jorge Gómez Alcalá
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