Frente a frente con la gripe A
04.11.09 @ 17:35:12. Archivado en Entrevistas, Psicología, Salud Mental, Prensa, Salud
–¿Cómo juega la industria farmacéutica?
–La industria farmacéutica ha favorecido –dado que toda empresa necesita colocar su producto– la fantasía de que la enfermedad se cura básicamente con un medicamento, esto no es así. Las enfermedades y los mecanismos de curación son procesos sumamente complejos y se requiere de una multiplicidad de cuidados para ello. Es una fantasía de nuestra época la de la píldora mágica que soluciona todo. Con esta gripe vamos a tener que revalorizar los cuidados en el sentido más amplio, no se trata de tomar una pastillita y seguir como si nada. Se trata de favorecer y potenciar los factores protectores y de lucha contra la enfermedad que el cuerpo y la persona tienen.
–¿Qué prejuicios se pueden agudizar?
–Hay una alarma desmedida. Habría que tener la capacidad de tomar las medidas necesarias sin que surja una cantidad de prejuicios, mitos y fantasías que las enfermedades arrastran. Un gran mito es que las enfermedades vienen de afuera, es una asociación por deslizamiento entre extraño, desconocido y peligro. Eso puede llevar tanto a subestimar el cuidado que hay que tener en algún caso, cuanto a discriminar o rechazar los desconocidos o distintos. Una alumna comentó que, aunque se sentía mal, su jefe le pidió que fuera a trabajar, simultáneamente le aconsejó que desinfectara los lugares que tocaban los clientes, como si el contagio sólo pudiera venir de ellos, que eran “de afuera”. Es un clásico del imaginario. Toda epidemia puede hacer aparecer rechazos al otro, toda epidemia vehiculiza posiciones ideológicas y promueve instrumentaciones políticas.
–¿Los mensajes son claros desde las autoridades sanitarias?
–Se está apuntando a prevenir el contagio mediante el contacto. Pero no se está señalando lo suficiente cómo prevenir la enfermedad a partir del fortalecimiento de los recursos que cada uno tiene. Los jóvenes son los más afectados. ¿Será así porque llevan una vida más estresada? El grupo de 16 a 45 es el más afectado y, simultáneamente, son los que más exigidos están. Con excepción de los que están fuera de toda oportunidad, lo cual también es un riesgo. Los jóvenes de clase media y clase media baja tienen horarios de estudio y de trabajo extenuantes, además se quieren divertir. Eso lleva a que se agoten y, eventualmente, se subalimenten o descansen mucho menos de lo necesario. El sistema inmunitario responde a las condiciones de vida, al descanso, al estrés. Debiéramos ser muy cuidadosos para tener nuestro aparato inmunitario protegido, para tratar de no enfermarnos y, en caso de enfermarnos, estar lo mejor preparados para ello. Me pregunto, por ejemplo, si no debieran suspenderse esas dietas estéticas hipocalóricas a las que se someten algunas jóvenes, dietas de 500 calorías diarias. Y a su vez es el momento, más que nunca, de garantizar que los sectores más vulnerables reciban el máximo de soporte nutricional y ambiental. No se trata sólo de proveer medicamentos, se trata también de garantizar alimentación y abrigo. Un aspecto que queda claro es que debería haber un sistema de salud integrado, que permita dar respuesta articulada, de conjunto, y no tan fragmentado y segmentado. Esta condición del sistema dificulta la respuesta.
–¿Cómo analiza el rol de los medios de comunicación?
–No me parece que estén cumpliendo cabalmente la función que debieran tener. Muchos tienen un reflejo espontáneo a la construcción alarmista de la noticia más que a la información. Pocos promueven una práctica solidaria entre la gente, una práctica de cuidado mutuo como eje del cuidado propio. Se insiste en la salida individual como estrategia. El más claro ejemplo es la recomendación del uso de barbijos. No sirven para no contagiarse, sirven para no contagiar al otro si uno está enfermo. Una situación de epidemia como esta sólo se puede enfrentar cabalmente con una responsabilidad social y colectiva. He visto muchas recomendaciones de lo que uno debe hacer para no contagiarse de otros y muy pocas de lo que debe hacer para no exponer a otros. En las situaciones de emergencia se puede potenciar lo peor de una sociedad o se puede reforzar los lazos sociales. Deberíamos insistir más en lo que podemos hacer conjuntamente, aunque la prevención nos desaconseje tocarnos o besarnos.
–¿Qué actitudes se pueden reforzar a partir de este escenario de miedo generalizado?
–La sociedad actual tiende a negar la muerte. Cualquier alteración que la ponga en el escenario produce mucha perturbación, conmociona. Salvo aquellas muertes que se rutinizaron. Fue necesaria la magnitud de un accidente como el que sufrió el micro que trasladaba a los alumnos del colegio Ecos, de Palermo, al chocar de frente con un camión conducido por un chofer borracho, para darnos cuenta del peligro del conductor alcoholizado. Y aun así, hay gente que protesta cuando le hacen el control de alcoholemia. De todos modos, siempre la negación se refuerza en la idea de que la enfermedad le sucede a otro por su particularidad o su diferencia. Esto puede favorecer conductas irracionalmente segregativas, como la de quienes apedrearon el ómnibus que venía de Chile con algún supuesto pasajero enfermo.
Este tipo de pandemia debiera romper con esta lógica. No se ha vivido una situación social como ésta desde las epidemias de polio de mediados del siglo XX. Incluso, la epidemia de VIH-sida se instaló con la idea de que le pasaba a otro. Esta idea de que le va a pasar a otro ya no es sostenible. La única manera de enfrentar este problema es reconociendo la amplitud y heterogeneidad del “nosotros”.
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Jorge Gómez Alcalá
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