La razón vital
24.06.09 @ 01:29:23. Archivado en Personajes, Literatura, Cultura, Filosofía, Colaboraciones
El cortocircuito de Gombrowicz con la filosofía se le produce cuando mira a la razón desde las ventanas de sus narraciones y de sus piezas de teatro. No es tanto el Gombrowicz filósofo el que se ríe de la conciencia, de la angustia y de la nada, son los personajes de sus obras, ese Gombrowicz irresponsable que se ríe a carcajadas.
El Gombrowicz filósofo no desacredita ni se burla del Gombrowicz artista, pero el Gombrowicz artista no se cansa de desmontar las plantaciones que hace el Gombrowicz filósofo, ni de reírsele en la cara. Este corto circuito no existe en “La nausea” de Sartre, tomemos unos pasajes de lo que dice Roquentin por ejemplo.
“La existencia no es una cosa que se deja pensar de lejos; es necesario que eso te invada bruscamente, que esto caiga sobre ti, que pese duramente sobre tu corazón como un gran animal inmóvil (...) Eso es lo que los cochinos tratan de ocultarse con su idea de los derechos. ¡Pero qué pobre mentira! Nadie tiene derechos; ellos son enteramente gratuitos, como los demás hombres (...) Todo existente nace sin razón, se continúa por debilidad y muere por ocurrencia”
Todo esto despide un fuerte olor a “El ser y la nada”, veamos a qué huele un pasaje de “En la escalera de servicio” de Gombrowicz.
La señora estaba perdiendo la razón, se le fue el color, se volvió gris y apagada y se acurrucó silenciosamente en un rincón. Filip permanecía en su sillón y pensaba que si su mujer odiaba a la criada, era normal que la criada la odiara también a ella.
A veces escuchaba que la criada le decía a su mujer que si ella le contara todas las rarezas que había visto en esa casa se le helaría la sangre en las venas. Un día la señora se quitó un anillo y lo puso en la mesa del comedor, Filip lo tomó y, mecánicamente, se lo guardó en el bolsillo. Poco tiempo después le preguntó a la mujer dónde tenía el anillo pues no se lo veía puesto, ella pensó inmediatamente que se lo había robado la criada.
“¡Ladrona! La criada le respondió con los brazos en jarras; ¡Ladrona serás tú!; –¡Cierra el pico!; –¡El pico lo cerrarás tú!; –¡Fuera, fuera de aquí, inmediatamente!; –¡Fuera de aquí! ¡Vaya escena! En todas las ventanas aparecieron caras de criadas, de todas partes llegaban gritos, insultos e improperios, una terrible carcajada resonó fuertemente, y he aquí lo que vi: la criada asió a mi mujer por los cabellos y comenzó a tirar, a tirar, y a través de una especie de niebla me llegó la voz implorante de mi mujer: –¡Filip!”
Filip es un acomodado funcionario, casado con una refinadísima señora de clase alta, al que lo pierde su atracción por las criadas gordas, feas y embrutecidas. No existe una relación directa, como la hay en Sartre, entre la filosofía de la forma de Gombrowicz y este pasaje de sus obras, pero en los diarios no se cansa de usar la razón, y es en los diarios donde la vitupera utilizando también la razón.
¿Pero cuál es la razón que le permite a Gombrowicz pasar del “Diario” a las narraciones, y de la narraciones al “Diario”, y absorber además la contradicción entre la razón y la vida? Es una razón a la que Ortega y Gasset le puso el nombre, robando un título que le estaba destinado a Gombrowicz: la razón vital.
En una época en la que Gombrowicz buscaba literatura para desarrollar temas musicales en los diarios le presté “Estética de la razón vital” de José Edmundo Clemente. La lectura que le hizo a este libro tuvo una derivación inesperada, los juicios de Ortega sobre Beethoven le resultaron a Gombrowicz ‘guarangos y autoritarios’.
Ortega compara la música de Beethoven con la de Bach, y de esta comparación concluye que la del genio de Bonn era el producto de sentimientos rústicos e indomados.
“Ya es hora de responder a la pregunta: ¿por qué se quiere destruir a Beethoven, por qué se permite cualquier tontería siempre que sea antibeethoveniana, por qué se ha urdido una red de alabanzas ingenuas y acusaciones igualmente ingenuas con la intención de ahogarlo? ¿Tal vez porque Beethoven no gusta? Es justamente por lo contrario: porque es la única música que realmente le ha salido bien a la humanidad, la única encantadora”
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Jorge Gómez Alcalá
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