Sobre la perversión. Entrevista a Elisabeth Roudinesco.
13.06.09 @ 17:16:12. Archivado en Personajes, Violencia, Psicoanálisis, Clínica, Entrevistas, Cultura, Política, Salud Mental, Sexualidad, Prensa
—Usted sostiene en su libro que la noción de perversión está desapareciendo, algo que es paralelo con la pérdida de presencia del psicoanálisis.
—La fantasía de la eliminación del psicoanálisis por parte de la nueva psiquiatría clasificatoria se debe a que se trata de un discurso que acepta e intenta explicar la idea de que hay cosas en nosotros que llevan a la perversión. Toda esa nueva clasificación tiene un costado políticamente correcto que se caracteriza por nominaciones que tienen un pretendido tono científico y que eliminan lo que le parece horrible. Por ejemplo, en lugar de hablar de homosexualidad, esta nueva psiquiatría habla de parafilia y elige palabras tan sofisticadas que ya no se alude a la realidad de las personas. Se eliminan ciertas palabras, por el valor mismo de las palabras. Por ejemplo, hoy parece prohibida la palabra “locura” y se habla de “enfermedad mental”. Ya no se habla de melancolía sino de estados bipolares. Es decir, un vocabulario deliberadamente técnico que oculta aquello de lo que dice hablar. Ya no se nombra a la perversión, sino al acto perverso. Y, como lo señalo en mi libro, a medida que se elimina la noción de perversión en el discurso psiquiátrico, la palabra se utiliza en otros contextos, por ejemplo ante la crisis actual se considera al capitalismo financiero como un efecto perverso del capitalismo. Hay hoy, en efecto, una campaña violenta contra el psicoanálisis y se busca más que nada la normalización.
—Es que el psicoanálisis no apela a los medicamentos…
—No, la oposición no es entre la medicación y el psicoanálisis. En la clínica, el momento más fuerte de la alianza terapeútica se da entre la prestación farmacológica y la cura psicoanalítica. Esta alianza es positiva. En el momento en que se elimina una de estas partes, se deja de lado un aspecto del hombre, alguno de los tres grandes enfoques, social, biológico y psíquico. Hoy en día, la práctica psiquiátrica ha eliminado completamente el enfoque psíquico y lo que se ha puesto en el lugar del psicoanálisis no es tanto la medicación ni la biología sino la clasificación de la conducta. En esa clasificación de la conducta ha favorecido claramente la expansión de la psicofarmacología, pero hoy hay campañas en los Estados Unidos que comienzan a criticar la tendencia a resolverlo todo con psicofármacos. El problema no son los medicamentos sino lo estrecho de ese enfoque clasificatorio. Jamás estuve en contra de la medicación.
—Usted plantea que hay una relación entre la reivindicación de la masturbación y el narcisismo de la cultura posmoderna. ¿Qué rasgos de nuestra sociedad llevan a esta banalización de la perversión?
—En principio, son los Estados, que tienen tendencia a abolir los conflictos de los sujetos por medio del control de los cuerpos. La idea es abolir el conflicto, controlarlo. Lo que implica el pasaje a algo perverso. La tendencia a querer transformar los cuerpos en cosas, a querer controlar al sujeto normalizándolo de manera extrema, ésa es la perversión generalizada en los Estados.
—Los dos grandes perversos que persisten hoy, el pedófilo y el terrorista, ¿tienen algo en común, al menos en lo que se dice de ellos?
—En el dominio de la sexualidad, hemos hecho salir a la homosexualidad, que ya no se considera como una perversión sexual y se ha colocado en ese lugar a la pedofilia, transformada en una obsesión donde todo es más horrible, pues el niño, por definición, no puede consentir el acto sexual. Aclaro que hablo de los niños y no de los adolescentes. Se trata de una figura que nos produce espanto pues ha reemplazado a todas las demás. A nivel social se considera un valor importante tratar bien a los niños. Tomo además el caso del terrorista islámico, no cualquier terrorista, pues hay en él un goce del mal, por el placer del mal y no tiene ningún otro objetivo que ése. Frecuentemente, en la historia de los pueblos, el terrorismo formaba parte de los movimientos de liberación nacional, como una continuación de la guerra. Ya no se trata de una guerra contra el poder, sino contra el mundo. Ahí está el goce. Se trata, por otra parte, del espectáculo del horror. He señalado, además, que ese terrorista se prepara a la práctica corporal que lo lleve al Paraíso, se entrena, usa perfumes especiales, como paso previo antes de encontrarse con las mil vírgenes que supuestamente les ha prometido Alá. En ellos predomina el goce de la destrucción y de autodestruirse. Este terrorismo no tiene otra reivindicación que la de destruir el mundo. No se parecen en nada a los luchadores permanentes por la liberación de Palestina que tienen un objetivo específico.
—¿Se puede caracterizar al perverso?
—El perverso es una figura muy diferente a los demás, pero es verdad que no hay un arquetipo. Tengamos en cuenta la metamorfosis que se ve en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, pues cuando era joven su aspecto era bello, con una sexualidad activa, pero de a poco, el cuadro va registrando el cambio que le produjeron en el cuerpo sus vicios. Por eso he elegido recorrer esta figura históricamente, registrar sus metamorfosis tanto en la sociedad como desde una perspectiva religiosa.
—¿Qué está trabajando actualmente?
—Una historia del antisemitismo. Al escribir la historia del psicoanálisis, he visto la cuestión de la judeidad de Freud. Y luego en este libro, aparece la cuestión judía a través de la figura del perverso. Es un tema especial, es la matriz de todos los demás racismos. Trato de explicar eso, aunque sé que hay mucho escrito al respecto.
—¿No somos todos un poco perversos?
—Todos tenemos fantasías perversas: deseos de asesinar, de exhibirnos, manipular, de hacer sufrir. Pero realmente nos volvemos perversos cuando llevamos a la práctica esas fantasías.
Edición Impresa
Domingo 24 de Mayo de 2009
Año III Nº 0367
(c) Perfil.com 2007 -
Pág. 1 2
Jorge Gómez Alcalá
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