La función del deseo
18.11.08 @ 09:57:58. Archivado en Psicoanálisis, Cultura, Filosofía, Salud Mental, Prensa
Por eso el filósofo, en su afirmación heroica de lo negativo contra el objeto, se comporta según el principio ético de desear el propio deseo.¿Y qué significa “desear el deseo”? Jacques Lacan formula este principio de lo que llama la “ética del psicoanálisis” en su séptimo seminario, como un precepto cuasi kantiano por el cual la ley moral pone en suspenso todos los motivos “patológicos”.
El principio ético es aquí el de privilegiar el desplazamiento (metonimia) de los propios objetos, más allá de estos. Aquello que trata de preservar el precepto lacaniano de “no ceder en el deseo”, es el mecanismo causante de ese desplazamiento. Que como tal, en sí mismo no es nada, es la propia nada (desprovista de todo el carácter patológico de los distintos y sucesivos objetos de deseo).
El acto ético es por tanto para Lacan, desear el deseo y mirar el vacío que no puede ser contemplado.¿Y no fue este el gesto político central del pensamiento revolucionario durante el siglo XX? Precisamente, en este deseo del deseo se traduce aquella “pasión por lo real” a la que se refería Alain Badiou en su libro El siglo.
El siglo XX no fue Zen. Fue el siglo de las mayores brutalidades pero también creó una oleada inédita de voluntad colectiva y de ansias de liberación. Fue el siglo de la rebelión de masas, hasta ese momento inconcebible. Fue el siglo de las izquierdas, y solamente desde ese punto de vista se lo puede entender, a él y a las fuerzas que se limitaron a reaccionar en contra suyo. Fue en definitiva el siglo que llevó a lo colectivo la fidelidad al propio deseo, la voluntad de cambiar el mundo de base y de llegar al final en consecuencia (“ jusq'au bout” , cantaba Moustaki haciendo apología de la “revolución permanente”). Y desde luego el siglo fracasó terriblemente, pues el siglo XX fue también el siglo del fracaso.
Pero desde el principio apostó a ello: desde los existencialistas a las novelas de entreguerras, el siglo se forjó una identidad propia, la del individuo que ha perdido toda identidad y que ha sido arrojado a la existencia sin nada entre las manos. Si de este modo apostaron desde los izquierdistas irreductibles a los viejos rockeros (ellos también son personajes del siglo), es porque el siglo XX fue un histérico por excelencia: el siglo XX partió desde la heroica asunción del fracaso, desde el principio cuasi kantiano de que ningún hecho concreto patológico habría de satisfacer un deseo que no es deseo de otra cosa sino del propio desear.
El siglo tenía la potencia del histérico. El siglo no cedió en su deseo, por eso es el siglo de los héroes vencidos, que actuaron sabiendo perfectamente que aquello a lo que estaban mirando iba mucho más allá de cuanto iba a existir. Miraban algo como el cuadrado negro sobre fondo blanco de Malevich (el objeto del siglo, escribe Gérard Wajcman). Eso a lo que miraban, el abismo de la nada absoluta, el resto de un vacío, de una falta ontológica... era precisamente lo que los mantenía con vida. Y de qué manera. No ceder en el propio deseo, significa justamente mirar ese vacío y actuar en consecuencia con él.
1] http://www.youtube.com/watch?v=4MC1YRMfgDU.
[2] S. žižek, El sublime objeto de la ideología. México: Siglo XXI, 2007, pp. 60-61.
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Jorge Gómez Alcalá
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