El poder psiquiátrico
14.05.08 @ 09:58:55. Archivado en Personajes, Violencia, Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Filosofía, Psicología, Salud Mental, Sexualidad, Otros Autores, Investigación
En primer término, la noción de violencia.(18) En efecto, lo que me sorprendió en ese momento al leer a Pinel, Esquirol, etc., fue que, al contrario de lo que contaban los hagiógrafos, tanto ellos como los demás recurrían mucho a la fuerza física; y, por consiguiente, me pareció que no se podía poner la reforma de Pinel bajo la rúbrica de un humanismo, porque toda su práctica estaba todavía atravesada por algo como la violencia. Ahora bien, si es cierto que no se puede asignar la reforma de Pinel a la categoría del humanismo, no creo que sea porque recurre a la violencia.
Cuando se habla de violencia, en efecto –y la noción me fastidia en este aspecto–, siempre se tiene en mente algo así como una especie de connotación relacionada con un poder físico, un poder irregular, pasional: un poder desatado, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, la noción me parece peligrosa porque, por un lado, al esbozar así un poder físico, irregular, etc., deja suponer que el buen poder o el poder a secas, no atravesado por la violencia, no es un poder físico. Por mi parte, empero, creo al contrario que lo esencial en todo poder es que su punto de aplicación siempre es, en última instancia, el cuerpo. Todo poder es físico, y entre el cuerpo y el poder político hay una conexión directa.
Además, esta noción de violencia no me parece muy satisfactoria porque induce a creer que el despliegue físico de una fuerza desequilibrada no forma parte de un juego racional, calculado, manejado del ejercicio del poder. Ahora bien, los ejemplos que les mencioné hace un instante prueban sin lugar a dudas que el poder, tal como se ejerce en un asilo, es un poder meticuloso, calculado, cuyas tácticas y estrategias están perfectamente definidas; y en el interior mismo de esas estrategias se ve con mucha exactitud cuáles son el lugar y el papel de la violencia, si damos este nombre al despliegue físico de una fuerza enteramente desequilibrada. Aprehendido en sus ramificaciones últimas, en su nivel capilar, donde afecta al propio individuo, el poder es físico y, por eso mismo, violento, en cuanto es perfectamente irregular; no en el sentido de ser desatado sino, al contrario, de obedecer a todas las disposiciones de una especie de microfísica de los cuerpos.
La segunda noción a la que me referí y, me parece, de manera no muy satisfactoria, es la de institución.(19) Había supuesto posible decir que, a partir de principios del siglo XIX, el saber psiquiátrico tomó las formas y las dimensiones que se le conocen, en conexión con lo que podríamos llamar institucionalización de la psiquiatría; más precisamente aún, con una serie de instituciones entre las cuales el asilo era la forma más importante. Ahora bien, ya no creo que la noción de institución sea muy satisfactoria.
Según mi criterio, oculta cierta cantidad de peligros, porque a partir del momento en que se habla de institución se habla, en el fondo, a la vez de individuos y de colectividad, ya se descuenta la existencia del individuo, la colectividad y las reglas que los gobiernan y, por ende, se pueden meter ahí dentro todos los discursos psicológicos o sociológicos.***
Cuando en realidad sería preciso indicar que lo esencial no es la institución con su regularidad y sus reglas sino justamente esos desequilibrios de poder sobre los cuales traté de mostrarles que falseaban y al mismo tiempo hacían funcionar la regularidad del asilo. Lo importante, entonces, no son las regularidades institucionales sino, mucho más, las disposiciones de poder, las redes, las corrientes, los relevos, los puntos de apoyo, las diferencias de potencial que caracterizan una forma de poder y que son, creo, precisamente constitutivos a la vez del individuo y de la colectividad.
El individuo sólo es, a mi entender, el efecto del poder en cuanto éste es un procedimiento de individualización. Y el individuo, el grupo, la colectividad, la institución, aparecen contra el fondo de esa red de poder, y funcionan en sus diferencias de potencial y sus desvíos.
En otras palabras, antes de vérselas con las instituciones, es necesario ocuparse de las relaciones de fuerza en esas disposiciones tácticas que atraviesan las instituciones.
Por último, la tercera noción a la cual me referí para explicar el funcionamiento del asilo a comienzos del siglo XIX fue la familia; en líneas generales, traté de mostrar que la violencia de Pinel [o] de Esquirol había consistido en introducir el modelo familiar en la institución asilar.(20)
Ahora bien, creo que “violencia” no es la palabra adecuada e “institución” no es tampoco el nivel de análisis en el cual hay que situarse, y no me parece asimismo que haya que hablar de familia. En todo caso, al releer a Pinel, Esquirol, Fodéré, etc., encontré en definitiva muy escasos ejemplos de utilización de ese modelo familiar. Y no es cierto que el médico intente reactivar la imagen o el personaje del padre dentro del espacio asilar; eso se dará mucho más adelante, al final mismo, creo, de lo que podemos llamar el episodio psiquiátrico en la historia de la medicina, es decir sólo en el siglo XX.
No es la familia, no es tampoco el aparato del Estado; y sería igualmente falso, creo, decir como se dice a menudo que la práctica asilar, el poder psiquiátrico, no hacen otra cosa que reproducir la familia en beneficio o a pedido de cierto control estatal, organizado por un aparato del Estado.(21) Ni el aparato del Estado puede servir de fundamento ** ni la familia puede hacer de modelo […] *** en esas relaciones de poder que estamos en condiciones de señalar en el interior de la práctica psiquiátrica.
A mi juicio, el problema que se plantea –si prescindimos de esas nociones y modelos, vale decir, si pasamos por alto el modelo familiar, la norma, si lo prefieren, del aparato del Estado, la noción de institución, la noción de violencia– es analizar esas relaciones de poder propias de la práctica psiquiátrica, en cuanto –y éste será el objeto del curso– son productoras de una serie de enunciados que se presentan como enunciados legítimos. Por lo tanto, en lugar de hablar de violencia, me gustaría más hablar de microfísica del poder; en vez de hablar de institución, me gustaría más tratar de ver cuáles son las tácticas puestas en acción en esas prácticas que se enfrentan; en lugar de hablar de modelo familiar o de “aparato del Estado”, querría intentar ver la estrategia de esas relaciones de poder y esos enfrentamientos que se despliegan en la práctica psiquiátrica.
Ustedes me dirán que está muy bien haber sustituido violencia por microfísica del poder, institución por táctica, modelo familiar por estrategia, pero ¿acaso avancé? He evitado términos que permitían introducir el vocabulario psicosociológico en todos estos análisis, y ahora estoy frente a un vocabulario pseudomilitar que no debe gozar de mucha mejor fama. Pero vamos a tratar de ver qué se puede hacer con eso.*
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* El manuscrito (hojas 11-23) proseguía con la cuestión de definir el problema actual de la psiquiatría y proponía un análisis de la antipsiquiatría.
Notas:
1 François Emmanuel Fodéré (1764-1835), Traité du délire, appliqué à la médecine, à la morale et à la législation, t. II, sec. VI, cap. 2, “Plan et distribution d’un hospice pour la guérison des aliénés”, París, Croullebois, 1817, p. 215.
2 Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), Les Cent vingt journées de Sodome, ou l’École du libertinage (1785), en Œuvres complètes, t. XXVI, París, Jean- Jacques Pauvert, 1967 [trad. esp.: Las 120 jornadas de Sodoma o La escuela del libertinaje, Madrid, Akal, 2004].
3 “Sobre las blandas fibras del cerebro se asienta la base inquebrantable de los más firmes imperios.” Joseph Michel Antoine Servan (1737-1807), Discours sur l’administration de la justice criminelle, pronunciado por M. Servan, Ginebra, 1767, p. 35 [trad. esp.: Sobre la administración de la justicia criminal, La Coruña, Ilustre Colegio Provincial de Abogados, 1977]; reeditado en Cesare Beccaria, Traité des délits et despeines, traducción de P. J. Dufey, París, Dulibon, 1821 [trad. esp.: De los delitos y de las penas, México, Fondo de Cultura Económica, 2001].
4 Philippe Pinel (1745-1826), Traité médico-philosophique sur l’aliénation mentale, ou la Manie, sec. II, “Traitement moral des aliénés”, § XXIII, “Nécessité d’entretenir un ordre constant dans les hospices des aliénés”, París, Richard, Caille et Ravier, año IX/1800, pp. 95-96 [trad. esp.: Tratado médico-filosófico de la enajenación mental o manía, Madrid, Nieva, 1988].
5 Jean Étienne Dominique Esquirol (1772-1840), Des maladies mentales consideres sous les rapports médical, hygiénique et médico-légal, París, J.-B. Baillière, 1838, 2 vols. [trad. esp.: Memorias sobre la locura y sus variedades, Madrid, Dorsa, 1991].
6 John Haslam (1764-1844), Observations on Insanity, with Practical Remarks on the Disease, and an Account of the Morbid Appearances of Dissection, Londres, (6)Rivington, 1798, obra reeditada y aumentada con el título de Observations on Madness and Melancholy, Londres, J. Callow, 1809; Considerations on the Moral Management of Insane Persons, Londres, R. Hunter, 1817.
7 Jean Étienne Dominique Esquirol, Des établissements consacrés aux aliénés en France, et des moyens d’améliorer le sort de ces infortunés (informe presentado al ministro del Interior en septiembre de 1818), París, Impr. de Mme. Huzard, 1819; reeditado en Des maladies mentales…, op. cit., t. II, pp. 399-431.
8 François Emmanuel Fodéré, Traité du délire…, op. cit., t. II, sec. VI, cap. 3, “Du choix des administrateurs, des médecins, des employés et des servants”, pp. 230-231.
9 Ibid., p. 237.
10 Ibid., pp. 241-242.
11 Ibid., p. 230.
* Grabación: hacerse.
13 El “tratamiento moral” que se desarrolla a fines del siglo XVIII reúne todos los medios de intervención sobre el psiquismo de los enfermos, en contraste con el “tratamiento físico” que actúa sobre el cuerpo a través de remedios y medios de contención. En 1791, a raíz del fallecimiento de la mujer de un cuáquero, ocurrida en condiciones sospechosas en el asilo del condado de York, William Tuke (1732-1822) propone la creación de un establecimiento destinado a recibir a los miembros de la “Sociedad de los Amigos” afectados de trastornos mentales. El Retiro abre sus puertas el 11 de mayo de 1796 (cf. clase del 5 de diciembre de 1973, nota 18). John Haslam, boticario del hospital de Bethlehem antes de llegar a ser doctor en medicina en 1816, elabora los principios de ese establecimiento en sus obras (cf. supra, nota 6).
En Francia, Pinel retoma el principio en sus “Observations sur le régime moral qui est le plus propre à rétablir, dans certains cas, la raison égarée des maniaques”, Gazette de Santé, 4, 1789, pp. 13-15, y en su informe “Recherches et observations sur le traitement moral des aliénés”, Mémoires de la Société Médicale d’Émulation. Section Médecine, 2, 1798, pp. 215-255; ambos trabajos se reeditaron con modificaciones en el Traité médico-philosophique…, op. cit., sec. II, pp. 46-105. Étienne Jean Georget (1795-1828) sistematiza sus principios en De la folie. Considérations sur cette maladie: son siège et ses symptômes, la nature et le mode d’action de ses causes; sa marche et ses terminaisons; les différences qui la distinguent du délire aigu; les moyens du traitement qui lui conviennent; suivies de recherches cadavériques, París, Crevot, 1820. François Leuret (1797-1851) hará hincapié en la relación entre el médico y el enfermo; cf. Du traitement moral de la folie, París, J.-B. Baillière, 1840 [trad. esp.: El tratamiento moral de la locura, Madrid, Asociación Española de Neuropsiquiatría, 2001]. Véanse las páginas que Michel Foucault le dedica en la Histoire de la folie à l’âge classique, tercera parte, cap. 4, “Naissance de l’asile”, París, Gallimard, 1972, pp. 484-487, 492-496, 501-511 y 523-527 [trad. esp.: Historia de la locura en la época clásica, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1992]. Cf. También Robert Castel, “Le raitement moral. Thérapeutique mentale et contrôle social au XIXe siècle”, Topique, 2, febrero de 1970, pp. 109-129.
14 Philippe Pinel, Traité médico-philosophique…, op. cit., sec. II, § XXI, “Caractère des aliénés les plus violents et dangereux, et expédiens à prendre pour les réprimer”, pp. 90-91.
15 Ibid., sec. II, § VIII, “Avantage d’ébranler fortement l’imagination d’un aliéné dans certains cas”, pp. 60-61.
16 Michel Foucault, Folie et déraison. Histoire de la folie à l’âge classique, París, Plon, 1961.
17 Por ejemplo, en la Histoire de la folie…, op. cit. (1972), primera parte, cap. V, “Les insensés”, pp. 169 y 174; segunda parte, cap. I, “Le fou au jardin des espèces”, p. 223, y tercera parte, cap. II, “Le nouveau partage”, pp. 407 y 415. El punto de partida de esa crítica de la noción de percepción” o “experiencia” se encuentra en Michel Foucault, L’Archéologie du savoir, París, Gallimard, 1969, col. “Bibliothèque des sciences humaines”, cap. III, “La formation des objets”, y cap. IV, “La formation des modalités énonciatives”, pp. 55-74 [trad. esp.: La arqueología del saber, México, Siglo XXI, 1972].
** Grabación: formarse y.
18 La noción de violencia sirve de base a los análisis de los modos de tratamiento emprendidos en la segunda parte de la Histoire de la folie…, op. cit. (1972), cap. IV, “Médecins et malades”, pp. 327-328 y 358, y la tercera parte, cap. IV, “Naissance de l’asile”, pp. 497, 502-503, 508 y 520. (Cf. infra, “Situación del curso”.)
19 Así, los análisis dedicados al “nacimiento del asilo”, ibid., pp. 483-530.
*** El manuscrito agrega: “La institución neutraliza las relaciones de fuerza o sólo las hace actuar en el espacio definido por ella”.
20 Sobre el papel del modelo familiar en la reorganización de las relaciones entre locura y razón y la constitución del asilo, cf. Michel Foucault, Histoire de la folie..., op cit. (1972), pp. 509-511.
21 Alusión a los análisis de Louis Althusser, que introduce el concepto de “aparato del ”Estado” en su artículo “Idéologie et appareils idéologiques d’État. Notes pour une recherche”, La Pensée. Revue du Rationalisme Moderne, 151, junio de 1970, pp. 3-38 [trad. esp.: Ideología y aparatos ideológicos del Estado, Buenos Aires, Nueva Visión, 1974]; reeditado en Positions (1964-1975), París, Éditions Sociales, 1976, pp. 65-125 [trad. esp.: Posiciones, Barcelona, Anagrama, 1977].
**** El manuscrito precisa: “No se puede utilizar la noción de aparato del Estado porque es demasiado amplia, demasiado abstracta para designar esos poderes inmediatos, minúsculos, capilares, que se ejercen sobre el cuerpo, el comportamiento, los gestos, el tiempo de los individuos. El aparato del Estado no explica esta microfísica del poder”.
* Grabación: en lo que ocurre.
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Razón psiquiátrica, subjetividad y poder
Fecha: 22-11-2006
Sección: Otros textos
Autor: Francisco Rodríguez
Jorge Gómez Alcalá
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