Máscaras de la sexualidad
29.02.08 @ 12:05:07. Archivado en Violencia, Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Psicología, Salud Mental, Sexualidad, Investigación
Esto que digo no pretende dar cuenta de la impotencia en general, pero es algo a tener muy en cuenta.
Es muy difícil, cuando hay una pérdida de objeto, (cuando hay una separación o abandono), al sufrir una decepción narcisista, volver a darse objetos sexuales.
Porque en rigor de verdad, es la posición narcisista la que alimenta la libido de objeto.
Entonces, cuando una persona mantiene una relación de amor con otra durante mucho tiempo, sobretodo si está acostumbrada a acostarse solamente con esa persona, en el momento que se separa le va a ser difícil acostarse con otra.
Y en primer lugar a ese sentimiento de dificultad, que en el hombre puede ser de impotencia, se le agrega seguramente un sentimiento de auto desvalorización.
Entonces debe pasar un tiempo hasta que por nuevas relaciones con objetos se produzca una revalorización narcisista y se pueda mantener de nuevo relaciones sexuales.
Primero me tengo que gustar a mi mismo para después tener relaciones.
Cuando uno pierde un objeto sobrevalorado, lo que pierde es la relación con la madre amada que asegura su narcisismo.
La operación que se produce en la pérdida de los objetos amorosos, lo que se podría llamar trabajo de duelo, es precisamente una operación de negación de la identidad del otro.
Aquél que era lo único para mi, ya no lo es. Sólo entonces recupero la libido.
Lo que ahora se dice el sujeto es que María, que era nada menos que María, no es más María. Es una entre otras.
Lo que se da por llamar, paso del tiempo, es una negación de la identidad, de la esencialidad, de lo que para uno era especial en el objeto: entonces se vuelve banal.
Pero hay duelos patológicos. Como sucede con la operación de duelo que hace el Melancólico al intentar rescatar la libido del objeto que ya no está.
Esto ocurre porque el objeto del Melancólico no era un verdadero objeto, sino una pesada elección narcisista de objeto.
Lo que no puede soportar el melancólico es que el objeto perdido era él mismo.
Lo único que puede hacer es identificarse con el objeto y apropiarse globalmente, masivamente, de él.
La cualidad de los objetos, como lo mencioné mas arriba cuando hablaba de psicosis, de objetos profundamente narcisistas, sería un punto fundamental para explicar la melancolía.
Si puede hacerse un duelo, eso quiere decir que en verdad la libido objetal era objetal.
Si no puede hacerse, es que la libido objetal era pesadamente narcisista.
El melancólico introyecta el objeto basado en una identificación.
Para saber si estamos frente a un melancólico, la prueba es escucharlo, examinar los reproches que se hace o que hace y atender a los contenidos de esos reproches.
Veremos que no corresponden a su propia realidad.
Los temas del melancólico surgen de los reproches dirigidos a sus objetos narcisistas.
Pero volviendo a las dos tendencias que marcan o definen la vida erótica, encontramos un primer caso en esos hombres que se casan con mujeres que sobrevaloran, pero desean a otras.
El otro caso sería la impotencia.
Tendríamos en el primer caso un acercamiento a los objetos degradados, objetos que surgen, que de alguna manera tienen que ver con la negación de la diferencia de los sexos y de pronto se tornan objetos aptos para el goce. Son objetos degradados y no sobrevalorados.
Las estructuras que estamos construyendo son trabajadas una a una. No siempre pueden generalizarse, menos aún cuando se trata de hombres o mujeres.
Uno de los modelos del objeto degradado sería el objeto fetiche. Y se sabe que esto es bastante improbable en la mujer.
El fetichismo dice Freud, es en el hombre una defensa contra la homosexualidad.
Es el objeto que viene en lugar del pene que le falta a la madre.
Allí donde debiera haber un objeto, el sujeto pone ahora un trozo de tela.
Este trozo de tela simboliza el pene de la madre.
Al encontrar el objeto que remplaza al pene materno, el sujeto hace de la mujer algo soportable y elude así la homosexualidad.
El objeto fetiche se parece al pene en el hecho de que está en lo Real, existe.
El fetichista encuentra en el objeto lo que la mujer no tiene, que es lo que en verdad le perturba de ella.
Pero la mujer, en tanto mujer, no necesita de esto, porque lo encuentra en el hombre.
Jorge Gómez Alcalá
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