La vejez, en el psicoanálisis y en la post-modernidad
05.02.08 @ 10:27:52. Archivado en Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Psicología, Salud Mental, Otros Autores, Salud, Investigación
Para que esto se de, es imprescindible como ha sido mencionado a lo largo de este trabajo, el que el analista cuente con una resolución suficiente de los aspectos vitales que se ponen a resonar contratransferencialmente en el trabajo con el paciente viejo; las ansiedades persecutorias y depresivas que el análisis de estos materiales despierta en el binomio transferencia-contratransferencia son evidentes. Es menos persecutorio para el analista hacer identificaciones contratransferenciales inconscientes con pacientes jóvenes a quienes les llevamos ventaja en la resolución de los propios conflictos y experiencia de vida, que el establecer vínculos empáticos con pacientes ancianos que nos pueden despertar conflictos no resueltos en nosotros mismos y en donde carecemos de esa “experiencia de vida”.
Si una población clínica nos demanda un serio y perpetuo auto análisis, es probablemente ésta. La analizabilidad de un paciente es directamente proporcional a la analizabilidad y auto analizabilidad del analista.
Queda entonces claro, que no se trata de manipular su mundo externo; el mundo interno conserva su riqueza al igual que en el adulto joven. Como muestra podemos mencionar que la transferencia frecuentemente cobra una dimensión multigeneracional; el analista que trabaja con pacientes viejos es recipiente de intensas depositaciones provenientes de todos los estadios del ciclo vital aunque usualmente invertidos, no importa la menor edad del analista, uno es padre o madre con las características de los objetos primarios del paciente y su interpretación –no manipulación, insistimos– se impone, aunque es evidente que esto tiene que vencer más contra resistencias que las que se presentan en el tratamiento del adulto joven.
Los sentimientos acerca de los padres, por ejemplo, permanecen dinámicamente cargados en pacientes viejos y si no son menospreciados por el analista como reminiscencias irrelevantes, su análisis puede llevar a lograr considerable insight y progreso terapéutico. Incluso pacientes en sus 60s, y 70s, examinan éstas imagos parentales; los sentimientos acerca de las interacciones con hermanos, vivos o muertos, son de una importancia similar y deben de ser explorados de la misma forma.
Las interacciones familiares, reales o intrapsíquicas, continúan teniendo un importante impacto en la tercera época de la vida.
Cuando el analista acepta desde su ubicación contratransferencial, la naturaleza dinámica del aparato psíquico y la continuidad de los temas básicos del desarrollo a través de todo el ciclo vital, el tratamiento psicoterapéutico con el paciente viejo cobra una dimensión plena de sentido y le brinda una nueva comprensión no sólo de sus pacientes, sino de él mismo como individuo.
Examinemos ahora un segundo ejemplo clínico. Se trata de un paciente de 71 años de edad que acude hace año y medio a un segundo análisis, precipitado por la muerte de su madre, un infarto al miocardio, seguido muy pocas semanas después por el suicidio de su hijo primogénito.
El padre de nuestro paciente murió hace muchos años en el extranjero en donde vivía con su esposa y ella vino a vivir a México, no sólo a su lado sino literalmente a sus expensas hasta su muerte. El paciente ha permanecido soltero durante los últimos 20 años, después de su segundo divorcio, tiempo en el cual ha tenido múltiples parejas de naturaleza inestable y casi ocasional.
La fase inicial del tratamiento fue difícil, ya que se encontraba en un estado depresivo muy intenso derivado tanto de la situación post infarto como del suicidio del hijo y muerte de la madre; se encontraba incapacitado para trabajar, incluso cursaba con una severa hipersomnia que le hacía permanecer dormido hasta avanzada la mañana, lo hacía quedarse dormido por lapsos de dos horas o más frente a su escritorio o incluso en los servicios sanitarios de los sitios públicos tales como restaurantes, oficinas, etc. Un colega psicoanalista que fue quien lo remitió a tratamiento (a J. L. S.) y que a su vez es amigo cercano de él, le ha proporcionado medicación antidepresiva hasta la fecha.
Un tema recurrente en su discurso analítico es el de la cercanía de la madre, de quien tiene una imago de mujer intrusiva, limitante en cuanto a sus posibles relaciones con mujeres o posibles parejas, lo cual él intelectual y defensivamente adjudica a sus muy fallidas elecciones de pareja; la primera con un severo alcoholismo y la segunda con una grave caracteropatía.
Francisco hasta hace unos tres años fue un exitoso profesional en su comunidad, así como un muy apreciado y respetado miembro de ésta en el ámbito social.
Transcurridos los primeros seis meses del tratamiento, durante los cuales se me aparecía en el registro contratransferencial como un hombre con una parte importante del self muerta, y con serias alteraciones en la memoria reciente, que me hacían dudar de la posible eficacia de mis verbalizaciones interpretativas, conoció a una mujer de 65 años de edad con la cual inició una titubeante y defensiva relación de pareja.
El análisis y sistemática interpretación de su conflictiva edípica, así como el serio temor a la intimidad derivado de ella y puesta en evidencia a lo largo de su vida, han permitido que en la actualidad esta relación se haya consolidado y sea disfrutable para ambos.
A pesar de sus alteraciones, sí era capaz de establecer una relación de alianza de trabajo conmigo.
Jorge Gómez Alcalá
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