Sobre Jesús Ibañez
14.01.08 @ 11:22:07. Archivado en Personajes, Psicoanálisis, Teoría, Cultura, Filosofía, Política, Investigación
Pues bien, creo que el pensar de Jesús Ibáñez viene a crucificar ese modo fantasmático de dotarse de significaciones absolutas. Para Jesús Ibáñez el sujeto es problemático, no es, parafraseando a Heidegger, una constancia social, sino una apertura problemática. El sujeto, para Jesús Ibáñez, es una transcendencia, pero sin ente positivo. Es una transcendencia al vacío de su propia apertura. Por eso, como investigador social, a Jesús Ibáñez lo que más le interesaba era lo no dicho del discurso social, lo no dicho del discurso social que está allí justamente sintomatizado, como la anécdota que conté antes del judío alemán expresa bien.
Cada momento social tiene su cruz, cada momento social tiene su síntoma. El establecimiento de las significaciones conlleva por oposición lo que se excluye del enunciado pero que anida en la enunciación social y en los síntomas sociales. Por eso Jesús era, como sujeto que piensa, un sujeto problemático y que da problemas, inclasificable él mismo. El era un cuestionador nato. Un sujeto que piensa es siempre un sujeto que da que pensar. Y si un sujeto no da que pensar, cabe dudar de su pensamiento. Un sujeto problemático no puede escapar a su condición -no voy a decir anímica, voy a decir ontológica- de problema.
El sujeto problemático no se agota en su función. Jesús Ibáñez no se agota en sus textos mismos, no se agota en su función de investigador social, pero ese no agotarse en su función de investigador social tenía efectos en la propia investigación social, y, por decirlo de una manera simple, en la propia técnica de investigación social. Era un sociólogo que cuestionaba los dichos y podía así descubrir lo no dicho del discurso social, pero que estaba interno como disarmónico al discurso en cuestión. Por eso supo ver algo fundamental: que la sociología es fabricación, ella misma, de discurso, que el sociólogo no es un observador neutro, sino que su propio análisis social se convierte en prótesis discursiva, está condenado a pasar del síntoma al fantasma, cosa que él no quiso hacer. En la medida en que eso se le revelaba a Jesús Ibáñez, el sociólogo que él era se convierte inevitablemente en sociólogo crítico, es decir, en sujeto que es él mismo síntoma social.
La mayor fidelidad de Jesús Ibáñez a su posición es que él mismo se convirtió en síntoma social de los otros; no lo que ordena el discurso social sino lo que lo cuestiona. No hay -siendo rigurosos y siguiendo el modo de pensar de Jesús Ibáñez- análisis social sin cuestionamiento social. El dejó este dilema: ¿puede un investigador social no ser un crítico social? El lo respondió con su obra y con su vida. Dejó este dilema, que coloca el pensar sociológico en la dimensión no de la doctrina sino de la ética.
LADILLOS
El cálculo y la técnica han barrido la tarea del pensar.
El sentido proviene de la incompletud del código.
Las cosas, por sí mismas, no están dotadas de sentido.
Leer a Jesús Ibáñez más del lado del síntoma que del lado del fantasma.
Tanto se le criticaba su alineamiento como su no alineamiento.
No existe la significación definitiva para el sujeto.
Jesús Ibáñez nunca está para alimentar significaciones dadas.
Lo que más le interesaba era lo no dicho del discurso social.
Un sujeto que piensa es un sujeto que da que pensar.
Jesús Ibáñez se convirtió en síntoma social de los otros.
¿Puede un investigador social no ser un crítico social?
Jorge Gómez Alcalá
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