La caida de los ideales
30.09.07 @ 00:10:08. Archivado en Psicoanálisis, Teoría, Filosofía, Psicología, Actividades, Otros Autores
¿Para qué el psicoanálisis en el tiempo de la caída de los ideales?
Lo que surge de modo paradigmático como característica de ésta época es la presentación de un rasgo de estructura que toma valor de absoluto: la ineficacia de todo simulacro simbólico para dar cuenta de la satisfacción pulsional, en el sujeto y en la cultura. Esto conlleva una idealización imaginaria de lo que se entiende como lo energético de lo pulsional, a lo que se le supone (de modo por momentos absolutamente artificioso) la premisa de la imposibilidad de ser bordeado por una escritura. De ahí se produce el dictamen que eso "energético" solo puede ser abordado por el mundo de la técnica.
Se evidencia así la ineficacia de las "ficciones" simbólicas para poner límite al emplazamiento de la técnica. Los artificios de la palabra, fuera de los cuales la vida humana no sería posible, caen en desprestigio social, lo que supone otorgar existencia al Otro por la vía de su imaginarización. De éste modo se corporiza lo que Freud llama la "hiperpotencia de la Naturaleza", sin límite simbólico que se le anteponga. Se crea así la imagen falsa de un sujeto completamente a merced de lo real (de un real inevitablemente traumático), contra lo cual no tiene ninguna defensa, y donde la palabra se muestra absolutamente ineficaz. Es la imagen de la emergencia de lo real sin inscripción posible en la palabra. Ejemplo: "el mercado económico domina el mundo y nada se puede hacer contra eso".
El peligro para el psicoanalista es (en un intento fallido), que por la vía de dar consistencia a una palabra desfalleciente en lo imaginario, termine ocupando una posición moral, sostenida en un discurso sociológico, ecológico, antitécnico o eticista. Cobra valor aquí la extraterritorialidad estructural del discurso analítico, con relación a la cultura. El psicoanálisis nunca puede ser el portavoz de un "saber vivir".
Todavía la teoría psicoanalítica no ha demostrado el valor curativo de la palabra fuera de la propia experiencia clínica. Lo más revulsivo del psicoanálisis sigue siendo sostener que la palabra tiene efecto en lo real, que por medio del lenguaje se puede modificar lo que aparenta ser determinado e inmodificable. Esta es la demanda de muchos pacientes: "Yo sé que esto no se puede cambiar, ayúdeme a soportarlo!". Resulta sorprendente que lo disruptivo del psicoanálisis es esa convicción extrema y fundante de que la palabra tiene efectos en lo real. Eso es lo que lo diferencia de la filosofía y lo que lo hace pasible de ser un tratamiento.
Sostener que la palabra puede producir cambios también puede ser un Ideal, especialmente cuando ese cambio es una premisa y no un resultado (y que no ocurre en todos los casos). Esto es lo que hace que el psicoanálisis no sea un "nuevo relato" (al decir de Lyotard), y que sus fundamentos cuestionen la posibilidad misma de construir cualquier "nuevo relato", sin por eso sepultar a la verdad en un secreto absoluto inaccesible (al modo del noumeno de Kant).
La insoportable caída de los ideales se puede considerar como el efecto del poder determinista de lo real como destotalizador (es el caso de Francois Lyotard), o ubicar en el malestar emergente de la cultura el poder creador y transformador de la palabra (es no solamente un anhelo, sino también una práctica que propone el psicoanálisis, que se opone de ésta manera al relativismo post-modernista, donde "todo vale").
El psicoanálisis no es un partido político, ni un ejército, ni una nueva religión. No requiere ninguna militancia, porque sus efectos son puramente discursivos, en los consultorios y en la cultura, de lo que se trata es de afrontar la angustia de la época. Desde esta perspectiva su sola presencia cuestiona la fórmula de la totalidad, del discurso único. Esto no le impide denunciar una verdad: los brillos del mundo no son necesarios para la vida, lo único que vale es que cada quien viva de acuerdo a lo mas auténtico de si mismo, o sea su deseo.
--
Marta.
Pág. 1 2
Jorge Gómez Alcalá
autor
Contacto


