LLegar a ser humanos
06.08.11 @ 12:16:01. Archivado en Personajes, Violencia, Cultura, Filosofía, Economia, Política, Educación, Salud Mental, Otros Autores, Prensa, Salud
Este artículo fue publicado hoy mismo en Página 12, periódico de referencia en Argentina.
Ya he publicado un par de textos de Osvaldo Bayer, siempre con su mirada progresista y su fina ironia.
Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania
Agosto, verano. Bien temprano. La naturaleza sonríe. Nos invita a un romanticismo goethiano y a la paz eterna de Kant. Recojo el diario. Título: “La miseria de los niños”. “En Somalia mueren trece niños de hambre por día, por cada diez mil habitantes. Doce millones de africanos no tienen qué comer”. Siguen otros títulos: “En Siria otros cien muertos en la represión”. “Japón: Fukushima, cada vez más peligro nuclear.” “Hambre en Estados Unidos.” “Italia y España ante más desocupación”. “Bestial represión contra los estudiantes en Chile.” “En la Argentina continúa la represión contra pueblos originarios, el caso Ledesma.”
Cierro el diario. No me decido si quiero leer una poesía de Goethe o abro un libro de Kant. No. Me meto en el mundo. Leo a Marcia Pally, la docente en ciencias culturales de la Universidad de Nueva York. Describe, en un escrito titulado “Hurto famélico en Manhattan”, cómo la gente sin trabajo, en Estados Unidos, va a los parques estatales a buscar alimentos. Escribe: “No son gente sin techo. No, son de clase media: Y no revuelven la basura, sino que se llevan hojas, plantas y frutas de los árboles de los parques para la cena. Gente vecina al Parque Kissena, de Queens, informó que ha desaparecido un árbol entero de cerezas y se llevaron los peces y las tortugas de las fuentes. La búsqueda de alimentos ha alcanzado mientras tanto niveles increíbles.
El gobierno podría acabar con los sueldos extra que se paga a la policía y repartir ese dinero entre la gente. Mejor se los mete presos y por lo menos comen la comida de la prisión”. Ironías plenas de rabia en el país que tiene tropas en todo el mundo y que es el máximo exportador de armas, el 34,6 por ciento de todas esas exportaciones provienen de Estados Unidos, cuyas empresas ganan miles de millones de dólares en un país que ahora se descubre que no puede ni alimentar a todos sus habitantes. No, ni siquiera en una novela podría ser creíble esto. Pero es la realidad.
Claro, los economistas del sistema le quitan importancia señalando con voz grave: “No, se trata sólo de una crisis”. Y la pregunta es: ¿Cómo no es posible prevenir las crisis en el país más rico del mundo? No, la verdadera respuesta es: se trata de la irracionalidad del sistema.
Lo vemos en la Italia de Berlusconi. Este político, que ante la oposición dijo: “¿Crisis? No, ¿de qué crisis me hablan?”. La misma derecha italiana, su aliada, acaba de sentenciar a Berlusconi diciendo que “él mismo provocó su suicidio político”. Berlusconi, aquel de que “el capitalismo lo soluciona todo por sí mismo”. Los diarios del sistema lo califican hoy de “desconcertado en la crisis”. Un lunfardiano argentino lo hubiera bautizado tal vez mejor: “Chanta ante la realidad”.
Sí, porque la realidad está dada en el consumo irracional y en la explotación de las fuerzas del trabajo. Harald Welzer, director del Center for Interdisciplinary Memory Research en Essen, ha escrito un texto sabio sobre derechos humanos.
Comienza con una cita. La declaración general sobre Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948. Repetimos, 1948. Recorrámosla una vez más en toda su sabiduría: “Cada uno de los seres humanos tiene derecho a un nivel de vida que le asegure a él y su familia salud y bie-nestar, inclusive alimentos, vestuario, vivienda, atención médica y servicios sociales, así como el derecho a seguridad en el caso de falta de trabajo, enfermedad, invalidez o viudez”. En contraposición a eso, Welzer muestra la realidad: “Una séptima parte de la humanidad está desnutrida, dos mil millones de personas no tienen atención médica alguna, mil millones no tienen acceso a agua limpia, 200 millones de niños son soldados, o están prostituidos, o son trabajadores nómadas o trabajan 18 horas por día tejiendo alfombras.
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Jorge Gómez Alcalá
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