El Psicoanálisis como profesión
07.01.10 @ 09:44:53. Archivado en Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Otros Autores
Alfredo Grande me envía este interesante artículo que merece difundirse.
El psicoanálisis y sus profesiones
¿Es el psicoanálisis una profesión?
La semántica habitual del término "profesión" remite al empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce públicamente. Según la Wikipedia "las profesiones son ocupaciones que requieren de un conocimiento especializado, una capacitación educativa de alto nivel, control sobre el contenido del trabajo, organización propia, autorregulación, altruismo, espíritu de servicio a la comunidad y elevadas normas éticas". En suma, una profesión sería una actividad especializada de trabajo. Correlativamente, un profesional es "toda aquella persona que puede brindar un servicio o elaborar un bien, garantizando el resultado con calidad de excelencia".
Desde esta perspectiva, la pregunta anterior podría reformularse de las siguientes maneras.
¿Es la práctica del psicoanálisis un trabajo, y en tanto tal, una "especialidad" laboral? ¿Es la práctica del psicoanálisis un ejercicio profesional? En cuyo caso, ¿cual sería el estatuto del producto de dicho trabajo? ¿cómo participa o circula ese producto en el mercado?, ¿cómo se evalúa su "calidad" o eficacia?, ¿existe algún saber estandarizado, o criterios normativizados que permitan una "habilitación", como en otras prácticas profesionales, a partir de los cuales se pueda evaluar y juzgar una eventual "mala praxis" en la práctica del psicoanálisis?, ¿cómo evaluar la "calidad" de dicha práctica?, ¿cómo se juzga la "idoneidad" del "profesional" que la realiza?, ¿cómo se cotiza el valor de estos servicios, es decir, cómo se fijan los "honorarios" de sus practicantes? ¿en función del "tiempo de trabajo" del profesional? ¿en función de la "calidad" del servicio realizado?
Lo cierto es que, por los impasses y atolladeros a los que se enfrentan estas preguntas, no son frecuentes las ocasiones en que los psicoanalistas buscan presentar su práctica como una "especialidad" profesional. Pero la "peste" se propaga entonces a las "profesiones" que suelen recubrir esa práctica: la psicología y la psiquiatría. De hecho, ¿porqué no parecen bastar, para el caso de los psicólogos, los títulos y reglas de habilitación profesional, así como las correspondientes regulaciones estatales de su práctica, y suele ser tan común que los "colegios" profesionales tengan que añadir las exigencias de unos "códigos de ética"? ¿Porqué es necesario ir más allá del plano de la "terapéutica" e involucrarnos en una dimensión "ética"?
En un reportaje publicado en Acheronta, David Laznik diferenciaba (1) la cuestión de los "fundamentos" de la práctica analítica de su "legitimación social", la cual se inscribiría en el campo de la salud mental y sus correspondientes profesiones. Laznik planteaba, entonces, un problemático equilibrio entre la tendencia a "traicionar los fundamentos para legitimar socialmente el psicoanálisis" y la tendencia a "apostar por los fundamentos, renegando de la legitimación social".
En efecto, cualquier "legitimación" implica la búsqueda de una conformidad con las "leyes" de una referencia tercera. Este problema retoma y continúa el debate abierto por Freud en 1926 respecto al ejercicio del psicoanálisis por parte de los "legos" (2). En ese entonces, Freud acotaba este estatuto de "legos" a los "no médicos". Pero esa restricción respondía a la circunstancia de que, en ese entonces, aún no existía la habilitación profesional de los psicólogos. La pregunta de fondo que plantea Freud es si hace falta tener alguna habilitación "profesional" (sea como médico, sea como psicólogo) para ejercer el psicoanálisis, ya que "el motivo de esta limitación es lo que debe indagarse" (3).
Pero las preguntas que la referencia "profesional" puede llegar a plantearle al psicoanálisis van más lejos aún. La palabra "profesión" proviene del latín professio, que significa acción y efecto de profesar, una de cuyas definiciones, en el diccionario de la RAE, es "en una orden religiosa, obligarse a cumplir los votos propios de su instituto" (como corresponde al uso de expresiones como "profesión de fe"). Surge la pregunta entonces: ¿no encontramos, acaso, en algunas instituciones analíticas, algunas "profesiones de fe" que testimonian de una obediencia tanto o más obsecuente que la que parece imposibilitarse ante los poderes públicos? De hecho, en muchos discursos "psicoanalíticos", las referencias a la ética pueden aparecer menos "codificadas" que en los reglamentos de los colegios profesionales, pero no funcionan por ello de un modo menos persecutorio y superyoico, haciendo honor al sentido "profesional" de la "acción de declarar en voz alta su fe" (4)
Podríamos decir que el problema que se plantea, de un modo más general, es la función e incidencia de una instancia "tercera" (5) respecto al dispositivo analítico, sea que el postulante para ese lugar sea una regulación estatal, una "ética profesional", una concepción "terapéutica", una "orientación" psicoanalítica", etc. Para este número 26 de Acheronta, invitamos a trabajar y reflexionar sobre las dificultades y problemas que presenta la práctica del psicoanálisis en relación a sus recubrimientos profesionales e institucionales.
Los ángulos o ejes pueden ser varios.
Un primer capítulo podría agrupar abordajes de los temas más políticos, como las conflictivas propuestas de regulación estatal de la práctica analítica, o la instrumentación de los variados títulos y postítulos universitarios si no de "psicoanalista", si de "especialidades" y/o "prácticas" adjetivadas psicoanalíticamente (instrumentaciones que muchas veces cuentan con el aval explícito de instituciones psicoanalíticas), etc.
Otro capítulo podría reunir trabajos sobre los condicionamientos que impone la dependencia profesional respecto a los diferentes tipos de seguros médicos (6). Algunos de estos condicionamientos nos remontan a los viejos debates sobre los estándares de la IPA, como por ejemplo, la cuestión del tiempo de las sesiones. En términos más generales, reuniríamos aquí los problemas que genera, para el manejo de la transferencia (y la contratrasferencia), esta presencia tercera de un "otro" que establece las reglas de los intercambios económicos y/o los estándares o formatos de la cura (honorarios, tiempo de la sesión, frecuencia o cantidad de sesiones, orientación clínica, dirección de la cura, etc.).
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Jorge Gómez Alcalá
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