Frente a frente con la gripe A
04.11.09 @ 17:35:12. Archivado en Entrevistas, Psicología, Salud Mental, Prensa, Salud
UNA PSICOLOGA EXPERTA EN SALUD PUBLICA ANALIZA LOS COMPORTAMIENTOS ANTE LA EPIDEMIA
“Hay alarma porque aparece un peligro que no está naturalizado”
Alicia Stolkiner, titular de la cátedra de Salud Pública de la UBA, analiza los mitos, prejuicios y fantasías que genera una epidemia. La alteración de lo cotidiano, la conciencia de la muerte, las salidas individualistas.
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-127770-2009-07-05.html
Por Mariana Carbajal
La llegada del virus de la gripe A no sólo modificó rutinas. También, y fundamentalmente, cambió la percepción en torno de quiénes pueden morir de una enfermedad infectocontagiosa: ya no son “los otros” los únicos en riesgo. Ahora se instaló la idea de que cualquiera puede ser una víctima fatal. Esta es una de las reflexiones que comparte en una entrevista con Página/12 Alicia Stolkiner, titular de la Cátedra de Salud Pública de la Facultad de Psicología de la UBA y profesora de posgrado en el Departamento de Salud Comunitaria de la Universidad Nacional de Lanús, al analizar el impacto social que puede acarrear la presencia del virus H1N1. Para la especialista, quedó en evidencia el peligro del “presentismo patológico”, un fenómeno –señala– instalado en la sociedad desde hace varios años, por el cual personas con síntomas de alguna enfermedad apelan a medicamentos paliativos, ampliamente promocionados en la televisión, para evitar faltar a sus trabajos por temor a perder un plus salarial o poner en riesgo el puesto en un contexto de precarización laboral.
Stolkiner analizó, además, los prejuicios que se agudizaron con la nueva influenza, advirtió sobre la falta de mensajes que promuevan el fortalecimiento del sistema inmunitario –como dormir bien y evitar las dietas hipocalóricas– y criticó a algunos medios de comunicación por ser sensacionalistas e insistir “en la salida individual” para evitar el contagio. “Muchos medios tienden más a la generalización de la alarma que a la producción de una práctica solidaria entre la gente de cuidado mutuo y autocuidado”, consideró. “Una situación de epidemia como ésta sólo se enfrenta con una responsabilidad social y colectiva”, concluyó Stolkiner.
–¿Cómo analiza el nuevo escenario social generado por la presencia del virus de la gripe A?
–Se comienza a producir una alteración de la vida cotidiana y, por ende, un movimiento que conlleva cambios en las representaciones y las prácticas de las personas. No es poca cosa cuando ese movimiento toca aspectos tan nodales como la enfermedad y la muerte. Toda sociedad naturaliza algunas cosas y considera extraordinarias otras. La alarma surge cuando un acontecimiento altera ese marco de comprensión. Pongo un ejemplo: tenemos una alta mortalidad por accidente de tránsito, pero no por ello las personas –que están en condición de hacerlo– dejan de viajar durante un fin de semana largo. De alguna manera hemos naturalizado ese riesgo en las vidas y podemos negarlo con mayor facilidad. Se incorpora en la negación de la muerte, en una cultura que parece tener cada vez menos espacio para ella. Tampoco producen tal alarma las muertes que, claramente, tocan sectores excluidos y por ende no se piensan como posibles para un “nosotros” que se define a sí mismo (con razón o no) como fuera de riesgo. Ahora hay un escenario general de alarma en donde muchas personas ven aparecer un peligro que no está dentro de los naturalizados o previstos. Nos hemos acostumbrado a considerar poco peligrosas las enfermedades infectocontagiosas, en la era de los antibióticos. Hace tres años tuve neumonía y no pensé que mi vida estaba en riesgo por ello. Ahora lo viviría de una manera distinta.
–¿Qué se está perdiendo de vista al analizar el alcance del virus H1N1?
–Hay dos aspectos que están siendo poco considerados: uno son las condiciones sociales generales en las cuales se produce una enfermedad y el otro son las prácticas preventivas ligadas al fortalecimiento de la condición de salud de las personas y no sólo la evitación del contagio. En las condiciones sociales se encuadra desde el carácter urbano de nuestra población y lo que esto conlleva, pasando por prácticas de trabajo hasta prácticas instaladas con respecto al cuidado (o no) cuando hay una situación de enfermedad. Vivimos en grandes conglomerados urbanos que concentran gran densidad de población en pequeños espacios. Eso implica la presencia constante de infinidad de contactos en la vida diaria, difíciles de evitar. Con respecto a las prácticas, hay una que quisiera señalar, que en la década del ’90 se llamó “presentismo patológico”, refiere a aquellas situaciones en que una persona asiste a trabajar cuando no debiera hacerlo porque produce un riesgo para su salud y la de otros. Este fenómeno se agudizó mucho debido a la precarización de las condiciones de empleo, la presión para evitar el ausentismo laboral y las formas de trabajo que generan ingresos solamente si el trabajador las ejecuta, como el caso de los autónomos. La precarización de las condiciones de empleo y de los derechos del trabajo son un factor de aumento del riesgo de epidemias. Como complemento de esa práctica se exalta como un valor la superación del síntoma para seguir en actividad. Las propagandas nos muestran una serie de medicamentos que son paliativos de síntomas gripales (no curativos) recomendados para seguir en pie y ser productivo, aunque se esté enfermo. Lo “productivo” se extiende a las actividades sociales y a la recreación. Recuerdo una que muestra a un hombre joven que se levanta a la mañana con un fuerte malestar, se toma uno de esos antigripales y se mejora, en la escena siguiente se lo ve en el cumpleaños de su hijo, rodeado de niños. A la luz de lo que está pasando ahora, se transparenta lo disparatado de la propuesta: amortizar los síntomas para ser un foco de riesgo en un cumpleaños infantil y todo aparece como un valor. Es probable que algunos de estos jóvenes que están con cuadros graves hayan tardado en detener la actividad y hayan tratado de paliar los síntomas agravando en mucho la situación. Hay que recuperar viejos hábitos acerca de cómo se curaban estos procesos antes, entre ellos algo tan obvio como que la curación de una enfermedad requiere reposo.
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Jorge Gómez Alcalá
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