La práctica analítica
17.02.09 @ 13:30:03. Archivado en Psicoanálisis, Clínica, Psicología, Salud Mental, Prensa
Carlos Barzani,siempre en la brecha,me envía la siguiente ponencia, publicada como artículo.
Las intervenciones del analista
Publicado en Revista Topia, nro 54, Noviembre 2008.
Alejandro Vainer
Psicoanalista
Los psicoanalistas intervenimos mucho más de lo que pensamos. Nos suelen enseñar que trabajamos sólo con la palabra. El paciente asocia con palabras y el psicoanalista escucha casi todo el tiempo, hace algunas preguntas y comentarios, y lo más importante, interpreta.[1] Si el análisis fuera solamente eso, un análisis podría llevarse adelante por mail o chateando.
La palabra con la que trabajamos los psicoanalistas es una palabra pulsional en un encuentro cuerpo a cuerpo. Este encuentro, posibilitado por el pertinente dispositivo psicoanalítico acorde al diagnóstico clínico y de situación, es el que posibilita el despliegue de la transferencia, la resistencia, lo resistido y el inconsciente. En este contexto, el analista interviene siempre con su cuerpo como subjetividad.[2] Esto implica que la intervención del analista es todo lo que él hace conciente o no, verbal y no verbalmente en el contacto con los pacientes.
Este trabajo cuerpo a cuerpo queda invisibilizado al asimilar el psicoanálisis a la escucha de un paciente tendido en un diván. Por lo contrario, a partir de considerar de otra forma el trabajo analítico se convierte en falsa la divisoria entre intervenciones verbales y no verbales del analista, ya que toda intervención es corpórea: tiene un tono de voz, un ritmo, un tempo, otros sonidos como la respiración y un clima a lo cual se suma una gestualidad cuando se incluye el registro de la mirada en el dispositivo clínico. El analista siempre interviene con actos, porque el escuchar mismo es un acto, tanto como su hablar. Es imposible reducir la intervención del analista a las palabras que dijo o al silencio que hizo. Es por ello que la comunicación de un caso clínico necesita esa dimensión estética que Freud inició en su escritura para poder transmitirlo. Lo mismo sucede con las intervenciones analíticas. Por algo Freud solía llamarlo el “arte interpretativo”.[3] Las diferentes intervenciones del analista (desde silencios, preguntar, señalar, confrontar, informar, esclarecer, indicar hasta las distintas variantes del interpretar y el uso de las construcciones) son las herramientas de la artesanía del trabajo clínico psicoanalítico. Su complejidad deviene de esta corporeidad, los múltiples registros en el que trabajan y porque funcionan en un campo transferencia- contratransferencia, y en registros tanto conscientes como inconscientes.
El hecho de restringir las intervenciones del analista a su escucha silenciosa y a sus intervenciones interpretativas tiene toda una historia que comienza en los tiempos de Freud. El concepto de interpretación es definido en La interpretación de los sueños. Allí interpretar es dar el significado latente al contenido manifiesto del sueño. En sus textos sobre técnica intentó ubicar el uso de la interpretación y sentar algunas bases para la técnica del trabajo psicoanalítico. Pero la institucionalización del psicoanálisis en el marco de la IPA tuvo como resultado legarnos el mito de un analista silencioso que puede llegar a asentir y muy eventualmente interpretar. Aunque Freud mismo no trabajaba de ese modo, el triunfo político de Ernest Jones y Max Eitingon en la dirección de la IPA tuvo también sus consecuencias clínicas, no sólo ordenó el trípode y el análisis didáctico, sino que se instaló un modelo de analista silencioso que algunas pocas veces interpreta a su paciente que asocia tendido en el diván.[4] Esta idea es la que figura en el Diccionario de Psicoanálisis de J. Laplanche y J.-B.Pontalis. Allí, la interpretación “en la cura, (es la) comunicación hecha al sujeto con miras a hacerle accesible este sentido latente, según las reglas impuestas por la dirección y la evolución de la cura. La interpretación se halla en el núcleo de la doctrina y de la técnica freudianas. Se podría caracterizar al psicoanálisis por la interpretación, es decir, por la puesta en evidencia del sentido latente de un material.” A pesar de que aclaran que “la interpretación no cubre el conjunto de las intervenciones del analista en la cura (como, por ejemplo, el alentar al paciente a hablar, el darle seguridad, la explicación de un mecanismo o de un símbolo, las órdenes, las construcciones, etc.), todas ellas puedan adquirir valor interpretativo dentro de la situación analítica.”[5] La casi totalidad de los textos sobre técnica psicoanalítica siguen esta premisa, dándole un largo desarrollo a los diferentes tipos de interpretaciones y algún breve espacio para las otras intervenciones, pero siempre desde una perspectiva “verbalista” del análisis.[6]
Esta visión implica dejar de lado aportes y discusiones clínicas que son necesarias retomar para poder pensar todo lo que intervenimos cuando trabajamos como psicoanalistas. Por ello rastrearemos antecedentes y aperturas a esta perspectiva a lo largo de la historia:
Sandor Ferenczi introdujo la discusión sobre la “técnica activa”, donde en determinadas situaciones el analista no se limitaba a interpretar, sino que da indicaciones que van desde órdenes a prohibiciones. Vale recordar que fue impulsado por el propio Freud en los inicios de sus investigaciones y que su trabajo iba en contra de ese modelo de analista pasivo que sólo interpretaba. A pesar de que el mismo Ferenczi terminó desestimando su aplicación, su obra demuestra un analista en la búsqueda de avanzar en el trabajo clínico por fuera de ese molde del analista distante que interpreta como un oráculo.[7]
Los estudios de Wilhelm Reich, que tenía a cargo el Seminario de Técnica Psicoanalítica en Viena durante la década del 20 del siglo pasado, incluyen el señalar la existencia de la transferencia negativa latente al principio del análisis y postular la coraza caráctero-muscular. Lo importante de estas dos resistencias en el análisis es que Reich observa no sólo las palabras, sino también el comportamiento del paciente y resalta la importancia del enfoque económico en el tratamiento psicoanalítico. Sus implicancias clínicas llevan más allá de las interpretaciones, porque implican señalamientos y confrontaciones sobre aquello que el paciente no dice con palabras.[8]
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Comentarios:
En cualquier otra teoría del mundo, solo requerimos leerla y entenderla pero la teoría sicoanalítica requiere otra actitud, como es el análisis, y esa condición hace que siempre el sicoanalisis permanezca a cierta distancia de la comprensión de la sociedad.
Los escritores también somos exploradores del inconsciente, o esto es inevitable ya que es parte de nuestro aparato siquico, e incluso un carnicero o una peluquera podría decir lo mismo, pero a lo que me refiero es que a un escritor le interesa llegar a la verdad, una verdad subjetiva, pero verdad al fin y entonc...
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Jorge Gómez Alcalá
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