Síntoma y demanda en Psicoanálisis
06.02.09 @ 08:53:56. Archivado en Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Psicología, Colaboraciones, Salud Mental
Alfonso Gómez Prieto en Arco Europeo Progresista ha publicado recientemente el siguiente artículo, que pongo a disposición de los lectores. Un tema interesante y actual.
SINTOMA Y DEMANDA DE ANALISIS
Enero 26, 2009 at 9:17 pm ·
Es el dolor psíquico lo que mayoritariamente impulsa a nuestros pacientes a pedir ayuda y que por el lado del psicoanalista constituye un desafío complejo. Hay una transmisión sólo aproximada de lo que sufre el enfermo y una vez transmitido ese dolor psíquico coloca al analista ante la necesidad de probar su saber técnico y su habilidad práctica. A veces ese dolor psíquico es tan intenso que puede amenazar la propia supervivencia psíquica del individuo. En el primer contacto con nuestros pacientes, habitualmente estos están en un primer momento tan llenos de dolor psíquico, de lo que técnicamente llamamos “síntomas” que nos es difícil aún valorar en ellos una demanda de análisis y más, en una sociedad como la española donde el psicoanálisis no ha permeabilizado por diversos motivos en la sociedad.
En mi práctica clínica la mayoría de pacientes que acuden en busca de ayuda ya han consultado a otros profesionales de la salud mental y obtenido resultados no del todo satisfactorios con esos tratamientos. El modelo de psicología cognitivo-conductista tiene mucha influencia en la psiquiatría oficial y en la universidad española, en mi opinión, más que el psicoanálisis. Apoyadas también por un modelo biologicista y en búsqueda de alianzas con la neurociencia se trata en muchas ocasiones de deslegitimar el modelo psicoanalítico, haciendo que algunos pacientes acudan a él como un último recurso y viendo que su proceso lleva años de evolución no habiendo sido el psicoanalista el primero en recibirlos. Lamentable situación en la que hay una concatenación de intereses diversos en la deslegitimación del psicoanálisis. Es de destacar en este contexto la en mi opinión la valiosísima contribución de psicoanalistas que como Gérard Pommier realizan una inversión dialéctica para a partir de las propias neurociencias y utilizando los hallazgos de estas, verificar la validez de las aportaciones clínicas del psicoanálisis dejando en entre dicho aquellos que hoy en día tratan de deslegitimar una clínica psicoanalítica.
No es nada fácil dar una definición clara de la “salud psíquica normal”. Lo que es cierto es que para el psicoanálisis no existe una línea divisoria, una diferencia tajante entre salud mental e insania. De alguna manera la salud mental sería una utopía. Y más aún poder definir lo que es “normalidad”. ¿Existe verdaderamente una “estructura normal de la personalidad”? . Lo que está claro es que el que se denomina “normal” poco quiere saber de nosotros los psicoanalistas. Y peor aún porque desconfían de nosotros y nos critican. ¿Deberíamos lanzarnos a explicarles hasta qué punto están enfermos?.
El propio concepto de síntoma es, en sí mismo normativo: sería “normal” no tener síntomas, neuróticos o psicóticos. Lo perverso sería ya clasificado como sintomático. Y de ahí a los manuales de clasificación sintomática y de trastornos mentales, sólo queda un paso. En mi práctica clínica la mayoría de sujetos que acuden a mí en búsqueda de ayuda, llegan ya “estigmatizados” y con un “código de barras” del Manual de Clasificación de Enfermedades Mentales DSM IV. “Soy un depresivo”, por ejemplo, es voz habitual. Algunos ponen apellidos…”Depresión Mayor” o “Síndrome ansioso depresivo” por poner algunos ejemplos. Sujetos ya de entrada alienados por una psiquiatría oficial. ¡Y las compañías de seguros sanitarios, sistemas públicos de salud y otros estamentos nos fuerzan a comunicarnos en este lenguaje, considerando en mas de una ocasión a nuestro lenguaje, el de los psicoanalistas como “fuera de lugar”. !
Según el discurso social actual, lo” normal” es no sufrir, por tanto según ese discurso el sufrimiento del futuro analizante no tendrá en consecuencia ningún sentido y por tanto el síntoma deberá ser extirpado a modo de un tumor. Ese es en muchas ocasiones el punto de encuentro entre el paciente y el psicoanalista ya que el futuro analizante expresa el anhelo consciente de liberarse de sus síntomas, pero ignorando las razones de ese otro escenario inconsciente que ha hecho paradójicamente necesarias e incluso vitales sus construcciones sintomáticas para su supervivencia psíquica.
¿A qué problemática nos introduce el síntoma?. A una problemática terapéutica diríamos, a la cuestión de su curación. Por eso se habla de desaparición del síntoma. Pero, y esto es lo fundamental, no podemos quedarnos ahí. Nosotros los psicoanlistas hablamos de “travesía del fantasma” queriendo decir de “oír” en nuestra especial escucha lo que está por detrás de ese síntoma. A veces el discurso médico “oficialista” y “normativizador” se rige conforme a lo dicho por Lacan con relación a lo que es el “Amo”: Aquel que quiere que la “cosa funcione”, que la “cosa ande” a nivel del individuo que se nos presenta. Pensemos un poco si lo que se quiere en realidad es obtener sujetos que encajen en el orden del mundo y que se las arreglen bien con el Amo. A lo mas un efecto de reparación como en la mecánica de automóviles. Eso no significa que una parte de la experiencia y práctica del psicoanálisis consista en tranquilizar y atemperar al paciente, pero entendiendo que eso no es mas que una primera parte. Es lo que nosotros llamamos “holding” o sostén y que se produce en el marco de nuestro encuadre de trabajo. El análisis, éticamente comienza cuando para algunos creen que casi ha terminado. Empieza más allá de un supuesto bienestar y alivio sintomático. El problema del analista es que ir más allá de ese punto de supuesto bienestar es estar en ruptura con los ideales globalizados de nuestra sociedad. La ética del psicoanálisis supone adoptar valores inaceptables por cualquier poder constituido. La subversión del analista es apuntar a un “más allá del bienestar”.
Lo que está claro es que el paciente no viene a lamentarse de su “fantasma”, de su otro escenario. El paciente habla a propósito de su síntoma. Habla para lamentarse de él. Displacer en el síntoma. ¡y placer en su fantasma! En el otro escenario inconsciente.
Al neurótico, por lo general su fantasma le avergüenza porque se le presenta en contradicción con sus valores morales. Es frecuente encontrar en análisis mujeres feministas con fantasmas masoquistas que contradicen sus ideales. También hombres humanistas con fantasmas agresivos. El fantasma evoca lo que está “en el otro lado”. Y aquí se evidencia la división del sujeto entre los planos consciente e inconsciente.
Es difícil explicar desde fuera en qué consiste una cura psicoanalítica, entender lo que sucede cuando se cierra la puerta del consultorio del psicoanalista. He recibido a veces preguntas de amigos, conocidos o compañeros del campo de la medicina y de la salud sobre lo que es un proceso psicoanalítico. Mi frustración suele acompañar a esos encuentros porque siento que nunca ellos se aproximan a lo que un proceso psicoanalítico implica. A partir de ahora he decidido invitarles a vivir ese proceso, ante la imposibilidad de poner palabras que puedan abarcar todo lo que va implícito en una cura. Sorprende, a veces, las críticas que recibe el psicoanálisis desde diversos sectores de la sanidad y verbalizado por individuos que en su vida han estado tumbados en un diván y ni se lo plantean.
Pero hoy si querría referirme a lo que yo como psicoanalista encuentro en mis primeras citas con los pacientes. Eso que nosotros llamamos las entrevistas preliminares, para mí momentos cruciales de encuentro que podrían definir lo que en un futuro se constituya como demanda de análisis. Muy pocas personas que acuden a mí tienen al comienzo una verdadera idea de lo que implica un proceso analítico. Es más, muchos profanos no tienen clara la distinción entre un psicólogo, un psiquiatra y un psicoanalista. Yo por mi formación académica soy médico, pero el psicoanálisis no es propiamente una disciplina médica, aunque el psicoanalista debe estar capacitado, pero desde una clínica no médica sino psicoanalítica, para realizar un posible diagnóstico estructural de su paciente y localizar los síntomas, no olvidando que el cuerpo es un lugar donde “suena” el inconsciente.
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Jorge Gómez Alcalá
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