La violencia en la escuela
13.12.08 @ 08:58:46. Archivado en Violencia, Psicoanálisis, Política, Psicología, Educación, Salud Mental, Prensa
La institución escolar entre el grito y el silencio
Publicado en Topia Revista Nro 45, Noviembre 2005.
Monika Arredondo
Psicoanalista –Analista institucional
monikaarredondo@uolsinectis.com.ar
“¿Cómo pensar, y cómo continuar pensando, en los tiempos que vivimos? ¿Existe aún alguna perspectiva desde la cual trazar el perfil de una humanidad en continua agitación y a la vez inmóvil, instalada en la afirmación paradójica de que ya no será posible afirmar absolutamente nada? Una humanidad en fuga, que tolera apenas el hastío de sus propias astucias, que disfraza su identidad o su vacío bajo una serie interminable de decorados, disfraces y simulacros...”
Nuestra sociedad, frente a la demanda de sentido y de valor, ofrece incertidumbre y desesperanza. Los objetos del capitalismo mercantil, -lejos de ofrecer cambios estructurantes, simbólicos, fuertes y diferenciados-, sólo apuntan al deseo infinito de su consumo (abarcar, tragar y comercializar todo lo real). La economía rige de manera hegemónica todos los actos de la vida humana, despojando al campo simbólico de lo viviente, de todo sentido y valor, en beneficio del dispositivo insignificante de la razón deseante, satisfecha y frustrada del animal consumidor. “EL HIPERMERCADO ES LA REGLA”.
Este es el contexto para poder leer y escuchar los acontecimientos de violencia que ocurren dentro y fuera de la institución escolar. La escuela actúa como pantalla proyectiva por excelencia de lo que sucede todo el tiempo a nivel social. Es así como en ella ocurren violaciones en los baños, o peleas a navajazos entre distintos establecimientos, o padres que esperan a la maestra “a la salida” para golpearla por la amonestación que sufrió su hijo, o chicos que disparan armas, etc., etc. ¿Por qué asombrarnos ante hechos de violencia que son el reflejo de una comunidad que ha sido quebrada, dividida y casi destruido su tejido social y sus redes de solidaridad? Cuando la escuela Nº 4 fue ocupada por los alumnos, debido a las deplorables condiciones edilicias que presentaba, los chicos pusieron un cartel que da cuenta de lo que sucede, y es un analizador privilegiado: “EL SILENCIO Y LA MENTIRA TAMBIÉN SON VIOLENCIA”.
Cuando la instancia de identificación de la adolescencia se remite a la falta de verdaderos actores de la historia, y sólo aparecen simples comparsas (efecto Cromagnon), sin duda, uno se vuelve el simulacro de su propio ideal. Triunfa la inquietud el desconcierto y el desánimo.
Muchas de las nuevas formas de convivencia son sólo prácticas secuenciales, fragmentarias, casi experimentales y de futuro incierto. La gran masa de adolescentes ha atravesado parte de su existencia en una inmensa ausencia de “ser”. Están los que pueden acceder al consumo o los que viven el desamparo y el sufrimiento. Egresados sin diploma que engrosan las filas de futuros desempleados y en el mejor de los casos emigrantes.
Despojada la institución escolar de las significaciones y valores que la fundaron, la escuela se ve cada vez más reducida a funciones de instrumentalización, selección y control para aumentar las filas del consumo o de la desocupación. Vivimos en una sociedad en la cual el extrañamiento domina la escena. Desorientados y perdidos en el tiempo y en el espacio, sin un lugar y sin una consistencia subjetiva palpable, sin la familiaridad de ciertas relaciones y contratos que hasta ayer eran válidos. Esta es la “identidad no colectiva” que nos propone la globalización. Son países que necesitan que algunos de sus integrantes estén en un “no lugar”, por lo tanto, parte de sus miembros asumen un lugar de “sobrantes”.
Es así como el trabajo y la educación se convierten en dispositivos aislados e incomunicados pero, también son condiciones de inclusión o de exclusión. Si el acceso a aquéllos determina una transformación social, su restricción promueve pauperización. Un cartonero comentaba en una reunión en una escuela para pedir talleres de alfabetización: “Estamos creando una generación de cartoneritos.”
La robustez de una sociedad reside en los espacios creados por los propios integrantes para articular colectivamente la trama social de la cooperación, integración y complementariedad de las potencialidades individuales. La red social no es algo dado, instituido y fijo, es un lugar abierto donde el poder circula y donde se anuda y desanuda de acuerdo a un futuro y en la obstinada permanencia de nuestros sueños. Somos tan sólo los sobrevivientes de una catástrofe política.
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Jorge Gómez Alcalá
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