Lo peor está por venir
04.12.08 @ 07:35:21. Archivado en Economia, Política, Otros Autores
"Lo peor está por venir"
Ni con lupa es posible encontrar a algún economista convencional que no diga
abiertamente que "lo peor lo tenemos por delante" (Nouriel Roubini). Una
batería de datos y de pronósticos confirma que el proceso de derrumbe
económico sigue su marcha y que las principales catástrofes económicas y
sociales están inscriptas, no en el pasado sino en el futuro próximo.
La previsión de pérdidas por créditos irrecuperables se estima ya en varios
billones; la industria automotriz y la siderúrgica están en franco derrumbe;
los precios de las materias primas, en especial los minerales, han caído más
de un cincuenta por ciento en diez semanas; la fuga de capitales no sólo se
ha ensañado con los llamados 'países emergentes' sino muy especialmente con
Gran Bretaña, cuya divisa -la libra esterlina-, se ha desvalorizado un 25%;
Willem Buiter -columnista del Financial Times- dice que puede ser una nueva
Islandia; la City de Londres está sufriendo el golpe decisivo; la
desocupación prevista para Estados Unidos y Gran Bretaña, en 2009, alcanza
ya al 10%, pero es por supuesto mucho mayor ya que las estadísticas
oficiales minimizan el desempleo real.
Lo más importante de todo es, por supuesto, el derrumbe de China, cuyas estadísticas casi todo el mundo señala que están maquilladas.
De acuerdo con las estimaciones más realistas, el PBI de China está creciendo a una tasa anual del 6%, lo que para China es considerado una recesión.
Las fábricas en el sur del país están cerrando en masa y se está produciendo una gran migración obrera hacia el campo.
Algunas industrias se están desplazando hacia Vietnam y Bangladesh, atraídas por
salarios más bajos y condiciones de trabajo peores que las chinas. La Bolsa
de Shangai ha caído un 65% desde su pico, más aún que Wall Street o San
Pablo.
Este derrumbe generalizado pone de manifiesto un proceso de cancelación gigantesco de deudas de pulpos financieros e industriales, que para ello deben liquidar sus activos (propiedades, acciones, créditos, bonos públicos o privados, inversiones en otros grupos económicos), lo que provoca un derrumbe generalizado de precios. Muchos analistas señalan que la
economía mundial ha entrado en un período deflacionario, o sea de caída
generalizada de precios, lo cual lleva a una caída mayor de beneficios y a
una revalorización de las deudas en términos reales.
La deflación, en especial cuando tiene un carácter internacional, ejerce el mismo poder que
el triángulo de las Bermudas, o sea que se chupa todos los valores mercantiles en circulación.
Dejamos una nota final para Rusia, donde el Estado ha salido a rescatar a la oligarquía que se había quedado con la propiedad del Estado, pero en el camino ha sufrido una salida de capitales cercana a los 150.000 millones de dólares. En ese marco rescatan a Islandia,
donde la "nueva" burocracia tiene el dinero negro.
Estado y capital
La descripción dantesca del derrumbe capitalista (el vicepresidente del
Banco de Inglaterra la calificó como "el peor de la historia de la
humanidad") no es, sin embargo, el punto fundamental de la situación. Lo que
importa es que tiene lugar luego de un gigantesco rescate estatal, que ha
provisto billones de dólares a los bancos, sea bajo la forma de inyección de
dinero fiscal, de líneas de créditos contra activos invendibles e incluso
mediante pseudo-nacionalizaciones de bancos, a través de la compra de
acciones preferidas (con derecho a dividendo pero no a voto).
Los apologistas del capitalismo dicen que, de no haberse tomado estas medidas,
el sistema ya habría quebrado, pero se trata simplemente de un sofisma
porque no dicen contra qué otras alternativas hacen la comparación. Lo único
cierto es que el rescate capitalista por parte del Estado no solamente no ha
parado la marcha del desplome; además, es su principal responsable.
Un balance somero de las consecuencias de las medidas tomadas demuestra que ha
acentuado el derrumbe de las bolsas, porque los accionistas de los bancos
intervenidos o pseudo-nacionalizados han salido a rematar sus acciones;
porque gran parte del dinero del rescate fue destinado al pago de dividendos
y a la absorción de grupos financieros rivales, o porque simplemente ese
dinero quedó atrapado en el sistema bancario, agudizando el desplome del
crédito comercial.
Los adoradores izquierdistas del intervencionismo estatal, si es que se han dado cuenta siquiera de lo que está ocurriendo, deben estar azorados, porque el derroche de billones de dólares de origen fiscal ha servido, no para contener la crisis sino para ofrecer el
combustible de su propagación.
Lo mismo puede decirse del intervencionismo estatal en los países emergentes, por ejemplo Brasil, que ha inyectado miles de millones de dólares para mantener la circulación del crédito sólo para recibir como respuesta una salida de capitales por 50.000 millones de
dólares, nada menos que el 25% de sus reservas brutas de divisas. Un caso
especial lo ofrece el grupo financiero Fannie Mae, con activos hipotecarios
por más de tres billones de dólares, que luego de haber sido intervenido por
el gobierno y de recibir fondos por 250.000 millones de dólares, ha visto un
continuo deterioro de su ya deteriorado capital, lo que obligará al gobierno
a inyectar fondos mayores para evitar la declaración de quiebra.
El caso más explosivo en lo inmediato lo representa el Citibank, cuyas acciones valen
menos de 10 dólares, un derrumbe del 80% de su precio, equivalente a una
quiebra virtual. El banco está valuado en 50.000 millones de dólares, de los
cuales la mitad fue aportada por el Estado en el reciente rescate, o sea que
su valuación tiende a cero. Sin embargo, el derrumbe del Citibank deberá
arrastrar la caída bursátil de Goldman Sachs (que cayó el 11% el martes), y
Morgan Stanley, que cayó un 14%; de nuevo el Citigroup, otro 22% y el
Wachovia, un 13%.
Pero el caso más sintomático es el de la aseguradora AIG,
que rescatada una vez con 87.000 millones de dólares, tuvo que recibir
150.000 millones más y la cuenta no está cerrada. Las Bolsas han caído tan
bajo que ya no sirven de registro de ninguna realidad económica, y se
limitan a funcionar como escenario de operaciones especulativas
intra-diarias.
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Jorge Gómez Alcalá
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