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Los problemas del diván

Permalink 27.11.08 @ 10:19:03. Archivado en Personajes, Psicoanálisis, Literatura, Filosofía, Colaboraciones

GOMBROWICZIDAS

LOS PROBLEMAS DEL DIVÁN

El psicoanálisis puede hacerse sentado o también de manera ambulatoria, pero la forma más usada desde los tiempos de Sigmund Freud es la forma tradicional del diván.
A pesar de las reservas que Gombrowicz tenía con el psicoanálisis y, en general, con cualquier manifestación de la ciencia, algunos de sus asuntos podemos acostarlos en el diván.

La curiosidad que tienen las personas cultas por saber cuáles han sido las lecturas de los hombres de letras eminentes es análoga al deseo de conocer sus antecedentes familiares, es una necesidad que se manifiesta en todos los campos del conocimiento humano, la necesidad de clasificar y de darle una estructura lo más simple posible al desorden. Pero ni de sus antecedentes familiares ni de sus lecturas podemos deducir la naturaleza de Gombrowicz.

Gombrowicz es un caso singular en el que se cruzan con igual intensidad la seriedad y la falta de seriedad. Por su nacimiento estaba preparado para ser absorbido por la clase de los terratenientes como habían sido absorbidos sus hermanos, por las organizaciones políticas, militares, eclesiásticas, o por la mundología, pero por razones desconocidas y misteriosas se mantuvo al margen. Hizo todo lo posible por estar apartado también del trabajo y del matrimonio, sin embargo ocho años después de haberlo perdido todo se empleó durante casi ocho años en el Banco Polaco, y algún tiempo después de haber regresado a Europa se casó con la Vaca Sagrada.

Así que el pobre Gombrowicz terminó cayendo en las manos de un mundo extraño al que podríamos llamar el mundo de los hombres de letras.

Estas cavilaciones no dejan en claro cuánto protagonismo tiene Gombrowicz y cuánto la familia en el desarrollo de sus obras. Si bien es cierto que el Gnomo Pimentón fue el único escritor y psicoanalista argentino que había escrito un libro sobre Gombrowicz antes de que yo apareciera en el firmamento gombrowiczida, no pudo determinar el peso de cada una de estas participaciones a pesar de que aplicó a su estudio toda su ciencia infusa de origen lacaniano, un dilema ciertamente interesante.

Cualesquiera haya sido la complexión psíquica de su familia y de su relación con ella resulta claro que Gombrowicz empieza a recorrer un camino que se aparta de la esfera donde reinan las relaciones rígidas de la causa y el efecto, de la determinación y del psiquismo.

"El escritor puede, si quiere, describir la realidad tal como la ve o como se la imagina, entonces nacen obras realistas (...). Pero puede también utilizar otro método que consiste en descomponer la realidad en sus partes elementales para luego, al igual que se construye un edificio con ladrillos, emplear esas partes para edificar un mundo nuevo o mundillo... que debería diferenciarse del mundo normal y, no obstante, que de alguna manera le correspondiera... como dicen los físicos: diferente pero adecuado" Uno de los propósitos deliberados que tenía Gombrowicz era el de desvincular la conducta humana de la voluntad y del determinismo psíquico. A la voluntad la trasponía con el automatismo y al determinismo psíquico con partes del cuerpo.

Shakespeare dramatizó como ningún otro el desarrollo de los sentimientos y de las pasiones humanas y no deja de ser una paradoja que el púdico de Gombrowicz lo haya tomado como ejemplo. Para el inglés los sentimientos eran la materia prima de todo lo que existe y para el polaco eran una afección que había que evitar en el arte y también en la vida. Gombrowicz trató a los sentimientos como costumbres agonizantes y esclerosadas de las que se habían escapado sus contenidos vivos quedándose nada más que con la rigidez de las formas puras.
No es que Gombrowicz no tuviera pasiones, pero tuvo que escamotear su phatos del carril de los sentimientos y colocarlo en un ámbito donde las personas se forman unas a otras.

El Gnomo Pimentón, uno de nuestros gombrowiczidas más señalados, ha despachado desde el diván a muchos pacientes con suerte diversa. Director de una organización de orates a la que dio en llamar "Fundación Descartes", es un destripador de psiques que ha enloquecido a una gran cantidad de personas siendo uno de los casos más notables el de Cara de Ángel.

"Mi padre era metalúrgico y en mi casa sólo mi madre leía algo de vez en cuando. Durante la pubertad trabajaba en un taller mecánico y estudiaba en un colegio por la noche. Los libros los encontraba en una Biblioteca de Junín. Mi familia no deseaba que fuera escritor, sino que tuviera un trabajo. Ese fue uno de los motivos explícitos por los que rompí con ella y me fui solo a vivir a Buenos Aires"

El caso del Gnomo Pimentón tiene algún parecido con el de Gombrowicz por la franqueza con la que habla de su familia y de su pasado, pero también es muy distinto por la diferencia de clases, Gombrowicz era terrateniente y el Gnomo Pimentón es metalúrgico.

Un lacaniano de primera cepa como lo es el Gnomo Pimentón, repasando la obra de Gombrowicz descubrió que ni en sus narraciones ni en sus piezas teatrales hay consumaciones sexuales, afirmación que caracteriza con claridad uno de los vicios de su profesión.

Cada hombre de letras tiene su vicio: el del Orate Blaguer es la verborrea, el del Pato Criollo es la logorrea, el del Buey Corneta es la belorrea y el del Gnomo Pimentón, no podía ser de otra manera, es la psicorrea, para poner tan solo unos ejemplos de personalidades connotadas vinculadas a la actividad de escribir e integrantes del club de gombrowiczidas.

Es muy útil descubrir los vicios asociados a los hombres de letras pues nos orientan en el recorrido de los laberintos del mundo que construyen en sus escritos.
"Es claro que tu compulsión anal por Witoldo no te da respiro. Lo tuyo es preocupante y masturbatorio: el buen polaco se merece un poco de descanso. ¡No lo dejás tranquilo ni un segundo! Y lo peor: es realmente retrógrado de tu parte creer que lo único que nos interesa en el mundo es el autor de Ferdydurke y sus sagas. Calmate. Hacete ver. Te lo digo por tu bien"

El Gnomo Pimentón, después del primer conflicto que había tenido conmigo me dio una segunda oportunidad que yo no supe aprovechar, como tantas otras oportunidades que desaproveché en mi vida.

"Nuestra amistad en Gombrowicz evita cualquier juego ‘suma cero’. Mandá lo que quieras yo lo leo y lo difundo. Pero si preferís que algo no sea difundido basta con que lo notifiques."
La materia dramática había adquirido una forma bella, y aquí, como en tantas otras ocasiones, recordé una frase que Gombrowicz nos repetía a menudo: –¡Ojalá dure!, como decía la madre de Napoleón. Pero no duró, al poco tiempo se enojó otra vez conmigo.

"(...) el último texto enviado por Juan Carlos Gómez, falta a la verdad en relación a mi persona y utiliza calificaciones ofensivas. Me temo que tendrá que seguir divirtiéndose sin mi ayuda. Le ofrecí una amistad en Gombrowicz, pero no me ofrecí para ser parte de su necesidad de injuriar (...)"

Debo reconocer sin embargo que el lío que se me armó con el Gnomo Pimentón lo empecé yo con gombrowiczidas un poco provocativos, pero nunca creí que hubiera guardado tan tenazmente en la memoria sus modales de metalúrgico.

La relación amarga que tengo con el Gnomo Pimentón no me dejaba ver con claridad si mi conflicto era con el diván o con él mismo, pero la aparición reciente en el club de gombrowiczidas de un psicoanalista de pura cepa tan encumbrado como él me puso al descubierto que el desencuentro es personal.

En efecto, Jorge Gómez Alcalá me ha dado pruebas sobradas de que mi talante existencial no es tan ajeno a su profesión de una manera amena y afectuosa que espero dure, como decía la madre de Napoleón.

"Juan Carlos Gómez me ha enviado desde Argentina varios artículos todos muy interesantes y de buen nivel literario. Giran sobre la vida y obra de W. Gombrowicz, ese escritor y/o pensador irreverente al que ya he dedicado un post. Sin embargo, estos ‘frescos’ nos ubican también frente a una forma muy original de ver el mundo y la vida y reconocer nuestra insignificancia, enfrentada, eso sí, a otras cosmovisiones de signos diversos (...) Juan Carlos Gómez, se va convirtiendo en un ‘infaltable’ en mi/nuestro blog. Periódicamente me envía sus trabajos, iluminados siempre por la lámpara de Gombrowicz, que me da mucho gusto leer y ponerlo en conocimiento de los lectores del Diván"

De la observación atenta de las fotos que forman parte de este gombrowiczidas podemos deducir la fuerza destructiva que emana de las rostros de Miller y del Gnomo Pimentón y, en cambio, la plácida y esfumada contemplación del mundo que realiza Jorge Gómez Alcalá

Juan Carlos Gómez

Añadido del autor del Blog

El Club de Grombrowiczidas del que forma parte "Goma", que es como llaman al autor de la nota,
hace referencia a dos connotados psicoanalistas.

Ambos son conocidos por mi y por la relación que he tenido con ellos no me produce extrañeza el "desencuentro" producido.

No voy aqui a dar más detalles, sólo alegrarme de que Juan Carlos haya comprendido y sabido distinguir lo que son diferencias "personales" y "sectarias", con lo que supone una disciplina como el psicoanálisis.

En relación a las fotos que me envía J.C.G. no las reproduzco por problemas de edición.


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