La Psicologia y la ideología de la seguridad
22.11.08 @ 09:53:42. Archivado en Psicoanálisis, Política, Psicología, Educación, Salud Mental, Prensa
Elisabeth Roudinesco es una importante psicoanalista francesa; es historiadora del psicoanálisis y biógrafa de Jacques Lacan. En el texto que publicamos a continuación, Roudinesco denuncia la utilización de los tratamientos de salud mental como una herramienta de represión y "la transformación de los profesionales de la psiquis en agentes de seguridad".
Desde hace tres décadas, los estados democráticos se apoyan en la ciencia para gobernar a los pueblos. Si bien esta política permitió prevenir, cuidar y curar exitosamente las enfermedades orgánicas, y mejoró magníficamente nuestra vida cotidiana, no obtuvo resultados tan contundentes en el campo del sufrimiento psíquico.
Ni el estudio de los genes ni el de la plasticidad cerebral lograron aún alumbrar tratamientos eficaces para las enfermedades mentales y tampoco permitieron acabar con esas "enfermedades existenciales" como las neurosis, depresiones, angustias, pasiones, adicciones, voluntad autodestructiva, etc. A lo sumo se ajustaron medicamentos para el espíritu (o psicotrópicos), que contribuyeron a que los sicóticos puedan vivir en el seno de su familia y, sobre todo, han aportado tranquilidad a aquéllos que podían ser peligrosos para sí mismos, para su entorno y para sus empleadores.
Pero esta empresa tiene un precio. La gestión de las poblaciones por medio de la medicina y la biología ha favorecido la eclosión de una ideología de la seguridad, consistente en reducir a cada ciudadano a un miserable montoncito de neuronas sometido a todo tipo de evaluaciones. El sujeto político, heredero de Las Luces, ha sido sustituido por el hombre comportamental, cuantificado, cosificado, sometido a una norma tiránica y al cual se otorga una identidad religiosa o étnica, mientras se burlan de los compromisos universalistas juzgados peligrosos, como el Mayo del '68: querer cambiar el mundo o luchar contra las desigualdades.
Así se oponen dos concepciones del hombre. Una, frecuente en la filosofía anglosajona, preconiza que el sujeto sea "naturalizado" para volver al mundo de la animalidad: el fin de la excepción humana. Y para ese sujeto, que no debe ya pensar sino obedecer, sólo son indicados, si sufre, tratamientos rápidos, evaluados por expertos y que actúan por adiestramiento sobre comportamientos visibles. Nada de siquismo, el sujeto naturalizado sólo tiene derecho a medicamentos, por un lado, y a terapias cognitivo-comportamentales (TCC), por el otro.
La otra concepción, salida de la tradición europea continental- fenomenología y psicoanálisis-, considera por el contrario que para tratar el sufrimiento del alma, los acercamientos llamados "dinámicos" o "relacionales" más prolongados, son necesarios para acompañar o no los tratamientos químicos, en tanto la palabra aleja al hombre del animal.
La adhesión de los Estados a la ideología de los peritos, vehiculizada hoy por distintos organismos de salud (Instituto Nacional de Salud y de investigaciones médicas o Inserm, agencias de evaluación, comités de examen médico preventivo, etcétera) explica los conflictos acaecidos en los últimos años en Francia.
Los medios les dieron el nombre de "guerra de los psis": abarcan entre 5 y 8 millones de personas, tratadas tanto con medicamentos como por diversas terapias.
La primera crisis tuvo lugar en octubre de 2003, cuando Bernard Accoyer, aunque defensor del psicoanálisis -y actual presidente de la Asamblea Nacional- logró hacer votar, en nombre de la "seguridad" de los usuarios, una enmienda a una ley de salud pública que reservaba el ejercicio de psicoterapia a los diplomados en medicina o psicología, lo que autorizaba a un ortopedista a curar las angustias, es decir a un panadero a ser cerrajero. (...)
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Jorge Gómez Alcalá
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