Satanás
16.11.08 @ 19:06:11. Archivado en Arte, Literatura, Cultura, Filosofía, Colaboraciones
GOMBROWICZIDAS es un laborioso conjunto de artículos y opiniones además de un espacio en el que se reconocen sujetos que piensan de forma bastante semejante, creado por Juan Carlos Gómez, de quien he publicado varias aportaciones.
SATANÁS
La ciencia es un sistema general construido para estudiar los caracteres similares de los fenómenos y sus relaciones, siendo algunos de sus productos de una gran utilidad. Ninguna persona en su sano juicio puede prescindir de ellos pero hay que tratar de que no se conviertan en un alimento único. La ciencia es, entonces, un conocimiento verificable, racional y útil, mientras que el arte es un orden gratuito que busca la distracción y el goce estético.
Aunque pudiera parecer lo contrario los objetos detrás de los cuales van la ciencia y el arte a veces se manifiestan como deseos simultáneos y vehementes en una misma cabeza.
Los milagros son fenómenos sorprendentes de la naturaleza contra los que la ciencia se rompe la cabeza mientras el arte suele tener con ellos una actitud ambivalente.
Los santos y los profetas tienen lugares preferidos para hacer estos milagros, uno de los lugares preferidos de Gombrowicz para hacerlos era Mar del Plata. Hace más de medio siglo, en la Nochebuena del 56, Gombrowicz pasaba unas vacaciones en el Jocaral, una quinta del barrio Los Troncos en Mar del Plata.
"La casa crujía, los postigos golpeaban. Quise encender la luz: imposible, los cables estaban cortados. Un aguacero. Me quedé sentado a oscuras en medio de los resplandores (...) Me levanté, di unos pasos por la habitación y de pronto extendí la mano, no sé por qué, quizás porque tenía miedo (...) Entonces cesó el temporal. La lluvia, el viento, los truenos, el fulgor: todo acabó. Silencio (...) Entiéndase bien: la tempestad no se extinguió de un modo natural, sino que fue interrumpida (...)"
"Yo, por supuesto, no estaba tan loco como para creer que fuera mi gesto lo que había detenido la tempestad. Pero –por curiosidad– volví a extender la mano en aquella habitación envuelta ahora en las tinieblas. ¿Y qué?: viento, lluvia, truenos, ¡todo empezó de nuevo! (...) No me atreví a extender la mano por tercera vez, y mi mano ha quedado hasta hoy ‘sin extender’, manchada por esta vergüenza (...) Al fin y al cabo, lo que sé de mi naturaleza y de la naturaleza del mundo es incompleto, es como si no supiera nada"
Hay un aspecto siempre presente en las apariciones de Gombrowicz, tanto se trate de su vida como de su obra: el de su talante de niño diabólico. El diabolismo de Gombrowicz, como el de los niños, más que perverso es divertido.
Se pone voluntariamente en una posición inmadura para que su profundidad dramática sea digerible.
Las tesis y los problemas serios no le importaban demasiado, si bien se ocupaba de ellos lo hacía como quien no quiere la cosa, porque en el fondo de su alma era irresponsable. La única reverencia que hizo Gombrowicz en su vida, se la hizo al dolor, con el dolor no jugaba.
Los otros diablos que aparecen en Gombrowicz son domésticos, aunque burlones y sarcásticos, tienen buenos modales y se los puede invitar a tomar el té en casa.
Los pensamientos de Gombrowicz, como el vuelo de algunos pájaros, se dejan caer desde la altura para atrapar algo parecido a la verdad, pero él siempre conserva intacto un talento diabólico que había utilizado en su juventud para enredar a los profesores y más tarde, ya mayor, a los hombres de letras.
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Jorge Gómez Alcalá
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