Ser extranjero hoy
05.11.08 @ 12:25:54. Archivado en Personajes, Cultura, Política, Prensa
Tomado de Boletin Nº 12 de Punto Seguido."Ha caído la noción de paradigma"
Néstor García Canclini
El antropólogo argentino reflexiona sobre las nuevas formas de sentirse extranjero propiciadas por el avance de la tecnología, y afirma que la utopía igualadora producida por la globalización perdió vigencia
Por Raquel San Martín
El mundo se ha poblado de extranjeros. Un turista, un desocupado, un estudiante de intercambio, una persona sin acceso a Internet, un artista que deja la pintura por los multimedios, alguien que regresa a su país después del exilio: mirados de cerca, todos comparten la experiencia de no pertenecer, una condición que ya no depende sólo de fronteras geográficas, sino que puede instalarse en la vida cotidiana de casi todos, aunque uno no se mueva de su casa.
Ese fenómeno es el más reciente objeto de inquietud del antropólogo argentino Néstor García Canclini, en línea con sus intereses más difundidos a nivel latinoamericano: las industrias culturales, la supervivencia de las culturas populares en la globalización, los jóvenes y las tecnologías.
Desde hace algunos meses, con la financiación de la Fundación Telefónica, García Canclini coordina un grupo de artistas, antropólogos, sociólogos y curadores argentinos que dará forma a un coloquio público el 12 y 13 de agosto próximo en Buenos Aires, un libro que se publicará a comienzos del año que viene, y una muestra artística en el segundo semestre de 2009 que curará con Andrea Giunta.
"Hoy somos más sensibles a la posibilidad de ser extraño en el propio país o en la propia ciudad, pero con procesos de segregación y diferenciación mucho más marcados", puntualiza García Canclini, radicado en México desde 1976, docente e investigador en la UNAM.
De paso por Buenos Aires, donde además presentó el libro Lectores, espectadores e internautas (Gedisa), García Canclini dibujó para adncultura un paisaje inquietante. "Nuevas formas de acercamiento que son resultado de la globalización vienen a menudo con la experiencia de que los otros nos resultan insorportables", resumió.
Para los entusiasmados, va la advertencia: la globalización no derribó fronteras. En realidad, las multiplicó, las cambió de lugar, las suavizó para algunos pero las radicalizó definitivamente para otros.
-Usted plantea una noción ampliada de extranjería. ¿Qué formas de ser extranjero reconoce hoy?
-Partimos de que las únicas extranjerías no son las geográficas. Sin dudas se han incrementado las migraciones, las experiencias del extranjero como turista, como estudiante, pero hay otros procesos de segregación, y por lo tanto de la experiencia de ser extranjero, que derivan de formas de extrañamiento que pueden ocurrir en la misma sociedad. Por ejemplo, la idea de la extranjería entre lo analógico y lo digital: los jóvenes son nativos de ese nuevo universo; los adultos, extranjeros. Hablamos mal una lengua que nunca llegaremos a dominar. Y hay muchas otras extranjerías metafóricas, porque suceden más como fenómenos virtuales o del lenguaje que como territorios.
-¿Por ejemplo?
-La extranjería del que viaja fuera de su país un tiempo, regresa después de una dictadura o un período de estudios y se siente extranjero en su propio país. Es la distancia que genera circular por el mundo, volver a un país que cambió, mirar de otro modo lo que sigue siendo igual. También hay extranjerías productivas, al modo de muchos escritores, que descubren todo lo que pueden ver de su país y su propia sociedad pero sólo porque están afuera.
-Se puede ser extranjero en una situación y no serlo en otra.
-Así es. Y se puede ser extranjero respecto de las mismas personas e instituciones en cierto tipo de relaciones y no en otras. Los jóvenes pueden sentirse extranjeros en otro país distinto del suyo en relación con la lengua y las costumbres, pero pueden descubrir allí un grupo musical con el que se identifican, que los reconoce, y en esa situación no se sienten extranjeros.
-Las segregaciones, exclusiones y ciudadanías de segunda son experiencias de muy larga data. ¿En qué medida se están reformulando?
-Por una parte, hay una circulación mucho más fluida de las personas, los bienes y los mensajes por el mundo. Eso hace que nos sintamos en una situación familiar en otro país si vamos a los hoteles que se parecen a los de nuestro país, visitamos lugares que ya conocemos por el cine o la televisión, o vamos a una universidad con cuyos profesores hemos tenido una interconexión virtual. Esta fluidez de la circulación a escala internacional hace que las nociones de extranjería y de pertenencia sean muy móviles. Hoy somos más sensibles la posibilidad de ser extraño en el propio país o en la propia ciudad, pero con procesos de segregación y diferenciación mucho más marcados que en el pasado. Eso se debe a la aceleración de los cambios, las nuevas tecnologías que establecen circuitos de comunicación, de pertenencia y de información que segregan profundamente a sectores dentro de una misma sociedad y hasta dentro de una misma familia.
-Pienso en segregaciones como la pobreza, la raza, la desocupación, que siguen existiendo fuertemente, en particular en América latina. Esas fronteras están bien marcadas.
-Sin duda. Son rotundas, siguen vigentes y a veces se radicalizan, porque si a la segregación clásica de tipo étnico se agregan otras formas de subordinación o extrañamiento, como la penuria económica, la dificultad de acceso educativo y de comunicaciones, se vuelve mucho más radical.
-Si todos en algún momento somos extranjeros, ¿sobre qué bases se construye entonces lo propio?
-Así como cambia la experiencia de extranjería, que se extiende y se contrae, también lo hace la noción de hogar, de cómo nos sentimos en nuestro propio sitio. Cambia porque nos identificamos con muchos elementos que no son los de la propia cultura y los podemos encontrar en otra. O porque lo que antes sentíamos como propio se nos vuelve ajeno u hostil. Todo esto tiene que ver con una elasticidad y una posibilidad de reproducir los modos de habitar. Todos tratamos de habitar un lugar para que nos haga sentir lo más cómodos posibles. Y para eso reproducimos, a través de fotos y de objetos, una memoria que traemos y que ha creado hábitos perceptivos y de afecto en cada uno. En todas las ciudades latinoamericanas donde hay migrantes, los barrios en que se concentran reproducen el lugar de origen, en la distribución del espacio, la relación entre la casa y el terreno, los animales. Se arma un entorno que los hace sentirse lo más posible en continuidad.
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Jorge Gómez Alcalá
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