Sólo sé que no sé nada
22.10.08 @ 16:32:36. Archivado en Personajes, Cultura, Filosofía, Prensa
* Conferencia con motivo del otorgamiento del doctor "Honoris causa" de la Universidad Complutense de Madrid - España Esta traducción apareció en Diario 16 de Madrid.
Revista On-Line de la Universidad Bolivariana Volumen 1 Número 1 2001
EL CONOCIMIENTO DE LA IGNORANCIA*
Karl Popper
Me doy cuenta, una vez más, de lo poco que sé, y ello me hace recordar la vieja
historia que Sócrates contó por primera vez en su juicio. Uno de sus jóvenes amigos, un
miembro del pueblo de nombre Querefon, había preguntado al dios Apolo en Delfos si
existía alguien más sabio que Sócrates, y Apolo le había contestado que Sócrates era el
más sabio de todos. Sócrates halló esta respuesta inesperada y misteriosa.
Pero, después de varios experimentos y conversaciones con todo tipo de personas, creyó
haber descubierto aquello que el dios había querido decir; por contraste de todos lo
demás, él, Sócrates, se había dado cuenta de lo lejos que estaba de ser sabio, de que
no sabía nada. Pero lo que el dios nos había querido decir a todos nosotros era que la
sabiduría consistía en el conocimiento de nuestras limitaciones y, lo más importante de
todo, en el conocimiento de nuestra propia ignorancia. Creo que Sócrates nos enseñó
algo que es tan importante hoy en día como lo fue hace 2.400 años. Y creo que los
intelectuales, incluso científicos, políticos y, especialmente aquellos que trabajan en los
medios de comunicación, tienen hoy la imperiosa necesidad de aprender esta vieja
lección que Sócrates trató en vano de enseñarnos.
¿Pero, es eso cierto? ¿No sabemos hoy, acaso, muchísimo más de lo que sabía
Sócrates en su época? Sócrates tenía razón, debe admitirse, al ser consciente de su
ignorancia: en efecto, él era ignorante sobre todo si lo comparamos con lo que sabemos
hoy en día. Efectivamente, el reconocer su ignorancia fue un gesto de gran sabiduría
por su parte. Pero hoy se dice que nuestros investigadores y científicos contemporáneos
no son simples buscadores, sino también descubridores. Porque saben mucho: tanto
que el gran volumen de nuestro conocimiento científico se ha convertido en un grave
problema; los nuevos descubrimientos se publican a tal velocidad que es imposible que
nadie pueda estar al día. ¿Podría ser que incluso ahora debamos seguir construyendo
nuestra filosofía del conocimiento sobre la tesis de Sócrates de nuestra falta de
conocimiento?
La objeción es correcta, pero únicamente después de haberla modificado
radicalmente mediante cuatro comentarios muy importantes: Primero, la idea de que la
ciencia sabe mucho es correcta, pero la palabra conocimiento se usa aquí, al parecer
inconscientemente en un sentido que es completamente distinto del significado que se
le da a la palabra conocimiento cuando se usa, con énfasis, en el lenguaje diario. Sin
embargo, el conocimiento científico simplemente no es un conocimiento cierto. Está
siempre abierto a revisión. Consiste en conjeturas comprobables -el mejor de los casos-,
conjeturas que han sido objeto de las más duras pruebas, conjeturas inciertas.
Es conocimiento hipotético, conocimiento conjetural. Este es mi primer
comentario, y por sí mismo es una amplia defensa de la aplicación a la ciencia moderna
de las ideas de Sócrates: el científico debe tener en cuenta, como Sócrates, que él o
ella no sabe, simplemente supone.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Jorge Gómez Alcalá
autor
Contacto


