Violencia sobre la infancia
08.10.08 @ 10:47:22. Archivado en Violencia, Psicoanálisis, Clínica, Psicología, Educación, Salud Mental, Otros Autores
Del Foro Topía me llega este interesantísimo artículo de Esteban Levin.
Recomiendo su lectura para que reflexionemos entre todos que clase de mundo estamos fabricando para nuestros hijos.
Síntomas infantiles actuales: Los niños enredados en los juegos en red. Por Esteban Levin
La realidad actual – en torno a la infancia – no deja de sorprendernos. Este año la diversión preferida de los chicos durante las vacaciones en las playas argentinas, han sido los juegos en red. Por todos lados se han abierto locales para jugarlos las 24 horas del día. Inclusive han colocado algunos locales en plena playa, provistos de vidrios pintados de color negro para que no penetre ni un solo rayo de luz solar.
Preguntémonos qué es lo que ocurre dentro de estos oscuros locales.
Las máquinas funcionan al unísono, la luz artificial y el bullicio maquinario crea un clima moderno, acelerado, cada uno en su pantalla, aislado en la imagen que no deja ver, ni pensar en otra cosa. No se escuchan palabras, es muy difícil y hasta innecesario hablar, dialogar o intercambiar siquiera alguna mirada.
Encarcelados en la pantalla, nadie quiere alejarse de ella, ni perder tiempo en otra cosa que no sea el juego. Estupefactos frente a la imagen los niños concurren todos los días –y también las noches – a estos locales. Algunos chicos – la edad oscila desde 5 a 13 años – tienen auriculares y micrófonos para “intercambiar” con los compañeros de “equipo”. El fin siempre es el mismo: aniquilar a los otros jugadores.
Un niño de 11 años afirma: “En los juegos, vos sos un mafioso que tiene que ir matando gente. Cuando matás te dan plata, te sirve para vivir más tiempo.” Está jugando al “GTA4”, versión mejorada del GTA3. La historia se desarrolla en la ciudad del vicio: “vice city” en la cual como dice el pequeño “no para de matar policías, robar autos y motos.”
Su amigo de 7 años le avisa a quién tiene que asesinar y cómo: “Dale, tirale una bomba”, o “Apuráte que ahí matás a dos policías juntos.” Otro niño afirma: “A mi me encanta el Counter Strike. Hay un grupo de terroristas que tiene rehenes, entonces se tiene que pelear con la policía. Obvio que gana el que más mata.”
“Para los padres – expresa uno de los dueños de los locales – esto es maravilloso. Los dejan acá mientras ellos se van a pasear, además es una diversión muy barata. Los chicos se pasan una hora jugando y gastan 3 pesos. Si los llevan a jueguitos electrónicos necesitan 15 pesos.”
Un niño admite que a su mamá no le gusta nada que él se meta en ese local oscuro: “Me dice que tengo que aprovechar el sol, la playa, el mar y no venir acá, pero yo no le hago caso y vengo todas las tardes...” [1]
No es que el niño sea insensible al sol, sino que hay otra “sensibilidad” –si podemos llamarla así – alienante, enajenante, sin ayer, presente, cosmovisión efímera, rápida, percepción imaginaria de una irrealidad “real” donde nada es imposible, en la cual todo puede construirse y destruirse mutuamente sin mediación. No importa la causa, el proceso, sino el efecto: vencer, ganar, poseer al otro, destruir y evolucionar de nivel.
El azaroso mundo infantil se juega en la pantalla que, a su vez, una mente adulta programó y definió anticipadamente, prefigurando la respuesta, la creencia y el desarrollo del juego, alejándola cada vez más de la espontaneidad e improvisación.
Los pequeños podrán matar virtualmente a todos pero no a la máquina, la cual los lleva a seguir enchufados en un circuito inagotablemente gozoso, pues lo desconocido, lo que los impulsa no está en el cuerpo ni en el mundo, sino en la máquina que un adulto responsable preparó para él.
Lo infantil de la infancia transcurre durante mucho tiempo en ese igual espacio, donde la muerte y la vida no valen más que un circuito eléctrico y el azar de la aventura se trastoca en chips.
Una de las cosas que más nos llaman la atención en la actualidad, es la escasa y a veces nula posibilidad de fantasear de los chicos, que pasan muchas horas encapsulados en las pantallas. La fantasía – al decir de Roland Barthes[2] – es el reino del símbolo. La incapacidad de fantasear responde a la dificultad de simbolizar, de representar; de ese modo, se estructura una paradoja: la imagen, lejos de producir sentidos polívocos, lo que implicaría pérdida y creación de unos nuevos, clausura el sentido provocando una “sordera” y “ceguera” que impide la creación simbólica.
Cotidianamente nos encontramos con niños inteligentes que no pueden simbolizar, ni fantasear o, como ellos dicen: “no tengo nada que decir”, “no puedo”, “no se me ocurre nada”, “no entiendo, ni sé qué hacer”. Muchos de los actuales problemas pedagógicos y escolares responden a esta negativa o pensamiento vacío de significancia. Paradójicamente el fantasear infantil expresa sus dimensiones a través de la pantalla que lo mira sin guiñarle el ojo.
En el mismo sentido, los accesorios lúdicos para las computadoras son cada vez más competitivos y sofisticados: joysticks que hacen vibrar la mano, volantes con palancas de cambio y pedales, teclados ergonómicos e inalámbricos, gamepads precisos (aparato versátil) para realizar los movimientos virtuales más rápidos, que viene con el mínimo de 6 botones programables, dos disparadores, y un pad de ocho posiciones. Todos ellos enmarcan el actual goce infantil con la imagen del cual los niños no pueden ni quieren apartarse.
Comentarios:
La tercera observación: cuando la Sociedad eche mano de la ciencia para frenar como pueda la ola tercera, donde la violencia a los profesores, las violaciones, los robos, se verá que es necesario establecer en los Códigos Penales penas graves para lo que hoy sólo se considera un 'derecho' de libre expresión: la Apología del Delito.
Yo creo que, habida cuenta el bien protegible que están destruyendo en tal cantidad, lo sensato sería fijar la pena de muerte para todo aquel que haga Apología del Delito, tales, los juegos del artículo, las películas a que nos tienen acostumbrados, las orientaciones asociales.
Amén.
Así las cosas, es normal que asistamos a la mayor masacre intelectual de la historia de la humanidad.
La segunda consideración pertenece al campo de la Psicología: cuando se
'sirven' a unos niños, o incluso a una audiencia de adultos, unos contenidos de violencia, acritud, ignorancia de valores, etc. se asiste a una primera ola -ya pasada- de aumentos de neurosis, ansiedad generalizada, y mild depresions, pero la segunda ola ya incorpora datos de otra índole, perteneciente al terreno de las psicopatías. Ya observamos que algunos de esos muchachos 'se han hecho' psicópatas, quizá Devereux lo anunció co...
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Jorge Gómez Alcalá
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