Un punto de vista sobre Nietzsche
06.10.08 @ 15:08:54. Archivado en Personajes, Literatura, Cultura, Filosofía, Colaboraciones
Juan Carlos Gómez, se va convirtiendo en un "infaltable" en mi/nuestro blog.
Periódicamente me envía sus trabajos, iluminados siempre por la lámpara de Gombrowicz, que me da mucho gusto leer y ponerlo en conocimiento de los lectores del Diván.
NIETZSCHE
“¡A partir de este momento ya no quiero ser polaco! Estaré solo por completo; –¿Solo? ¿No ves que la soledad hará de ti la víctima de tus propias miserias?; –Entonces, ¡dadme un cuchillo! ¡Debo realizar una amputación más radical todavía! ¡He de amputarme de mí mismo! Imagino que Nietzsche habría definido mi dilema más o menos en esos términos. Procedí a amputar. El cuchillo verdugo fue el pensamiento siguiente: acepta, comprende que no eres tú mismo, pues nadie es jamás él mismo, con ningún otro, en ninguna situación, ser hombre significa ser artificial”
En 1960 un diario alemán publicó una encuesta internacional a la que respondieron treinta y cinco grandes maestros de la literatura. La pregunta era: –¿Cuáles son los cinco escritores que más han influido en usted, y qué libros de ellos elegiría?
Entre los interrogados estaban Hermann Hesse, André Breton, John Dos Passos, Georg Lukács. Gombrowicz también figuraba en esa lista. Aún vivía en Buenos Aires, acababa de ser traducido al alemán y su fama europea crecía semana a semana, en medio de la más ciega indiferencia argentina.
“La elección que haré está vinculada con el lugar que ocupo en el mapa literario mundial (...) Estoy en el punto donde se desencadena la lucha por defender el Yo, donde ese Yo tiende a afirmarse e intensificarse, en busca de la Inmortalidad (...) Como ustedes habrán advertido ya aquí no están Proust ni Joyce ni Kafka ni nada de lo que se está haciendo ahora. Me apoyo en autores que los precedieron porque ellos medían al hombre con una vara más alta”
Entre los cinco que eligió Gombrowicz estaba Friedrich Nietzsche, un alemán que mantuvo la ilusión sin fundamento de que sus antepasados habían sido nobles polacos: “Yo soy un aristócrata polaco pur sang”. Y Gombrowicz se refiere a este alemán pur sang polaco al que elige entre los cinco escritores que más lo habían influido.
“Nietzsche. Con frecuencia me irrita el ridículo de su Superhombre. No comparto sus opiniones. Y sin embargo le debo, como a Dostoievski, una agudeza de visión llevada al extremo y también, debo añadir, un orgullo irresistible. Esas cualidades son necesarias en una época como la nuestra, en la que el inevitable crecimiento demográfico conduce –como toda inflación– a la devaluación del ser humano. Entonces: La gaya ciencia”
Tal como le ocurría con el existencialismo y con el marxismo, Gombrowicz está de acuerdo con el punto de partida del nietzschianismo, pero no con sus deducciones.
Andaba buscando puntos de apoyo para su filosofía de la insuficiencia y de la inferioridad, por aquel entonces aún no sabía que, por conflictos bastante parecidos relacionados con el deseo de aprehender la vida en caliente, se estaban rompiendo la cabeza los existencialistas que sólo después de la guerra llegaron a tener resonancia. La afirmación de la vida de Nietzsche no andaba del todo bien con los nervios de Gombrowicz, le resultaba difícil imaginar algo tan artificial, ridículo y del peor gusto como la idea de su superhombre y de su bestia rubia, pero el alemán ponía al descubierto cómo detrás de los sentimientos nobles del hombre se ocultaba la suciedad de la vida.
Nietzsche no era un filósofo en el sentido estricto de la palabra, escribía aforismos, y de estas anotaciones va surgiendo una moralidad que se basa en el hecho de que la especie humana es como todas las demás, se mejora con la lucha y la selección natural.
La moral nietzschiana se pone en entredicho con la moral cristiana, una moral de los débiles que le ha sido impuesta a los fuertes, perniciosa para la especie humana y por lo tanto inmoral.
“En verdad, los hombres se han dado a sí mismos todo su bien y su mal. En verdad, no lo tomaron, no lo encontraron, no les cayó como una voz del cielo. Los valores los puso el hombre en las cosas para conservarse; dio un sentido a las cosas, ¡un sentido humano! Por eso se llamó hombre, es decir, valuador (...) Valuar es crear. ¡Oidlo, vosotros los creadores! La valuación en sí es el tesoro y la joya de las cosas valuadas. Sólo por la valuación hay valor, y sin valuación estaría hueca la nuez de la existencia”
Esta preocupación profunda de Nietzsche, que comienza a desconfiar de los sistemas abstractos, a sentir la vida cada vez más amenazada, y ese carácter de valuador que le da al hombre, le vienen a Gombrowicz como anillo al dedo.
El pesimismo es una debilidad condenada por la vida, y el optimismo una cosa superficial, sólo le queda al hombre elegir un optimismo trágico, la adoración de la vida y de sus leyes crueles, a pesar de la debilidad del individuo. Gombrowicz y Nietzsche realizan una crítica cruel a todas las ideas, a la moral y a la filosofía, y demuestran que el pensamiento filosófico no se realiza fuera de la vida, sino que la acompaña y la expresa cuando no está falsificado. El alemán tensa demasiado una cuerda que lo conduce a la admiración por la crueldad, por la dureza inmisericorde, por el látigo y por las armas, una orientación que deviene en una filosofía casi militar.
“Cuando apenas estamos en la cuna, ya se nos provee de palabras pesadas y de valores pesados. Bien y Mal, así se llama este patrimonio (…)”
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Comentarios:
Yo te doy el Espíritu, Friedrich, que es el Alma del Dios vivo para que se una a tu alma.
F: si me hubieras tú hablado así en la vida de allí, también me habría salvado del horror de enfrentarme yo en mi soledad a la nada, a la que vi como si fuera ella un ser omnipotente.
Jesús: Lo es; pero no temas, que yo he vencido a la soledad y también a la nada del Dios viviente: y Él desea ahora, como fin de todas las cosas, la fusión de su Alma con la tuya. Para fluir en el Espíritu que brota cuando él siente la presencia en sí, del sentimiento de un hombre que se lo da.
... esta tragedia interior del amor de Dios y la esperanza de ser correspondido es el misterio íntimo...
Friedrich: así soy yo, y cuando me iba hundiendo en mi locura me daba cuenta del misterio de mi ser interior, en el que había clavado el bisturí con todas mis fuerzas, con toda mi voluntad de vivir.
Jesús: Dios es igual que tu, más allá del 'Bien y del Mal', todo deseo de SER.
Cuando se dice de él Yo soy el que soy, los comentarios rabínicos aclaran del arameo: Yo soy el que se está "haciendo" a sí mismo.
F: ¿y me amará?
Jesús: yo para eso he venido, para que los sedientos se llenen del Alma...
Friedich: Jesús, ¿cómo puedes tú expresar ese sentimiento de alguien a quien la cultura y la Religión toda ha atribuido la perfecta felicidad y la plenitud inmutable?
Jesús: Dios, ¿inmutable?, ... acaso no sabes tú que él es 'Logos'? no admirabas tú a Heráclito de Efeso, que dijo aquella doctrina que Juan de Efeso me relató, y que fue adoptada por él en el primer verso de su Evangelio IV: "y Dios era Logos"; Heráclito -el oscuro- lo expresa bien: panta rhei, Todo Fluye, no hay Concepto
alguno, ni en la naturaleza, ni en el eterno: todo es un río nunca el mismo, todo cambia frente a contrarios, esa es la vida.
F: esto ya me está gustando, pues de aquel aprendí yo. Si, precisamente, yo me debatí toda mi existencia para probar a los hombres esto.
J: Ya tienes el galardón. Ahora, a la Soledad.
Dios está en soledad y tiene en sí la tragedia íntima en la que se manifiesta
el conflicto de fuerzas espirituales profundísimas.
F: sí, mi vida fue el tocar la SOLEDAD DEL SER hasta la raíz, creo que no hay nadie sobre la tierra que haya percibido y tocado la soledad como yo.
Jesús: igual que Dios.
F: ¿qué?
J: sí, Dios es 'Uno'. Y, mientras que el hombre se enfrenta a un asunto de mucha envergadura, su soledad, Dios se mira en uno mayor desde la eternidad: la nada. ¿Sabes, Friedrich, eso que tu has sentido casi todos los días de tu vida es algo que se refiere a lo que otro gran pensador dijo en la profundidad de la estepa rusa, un aristócrata: Nicolai Berdiaev. Él decía, -intuyó con un alma profunda- que Dios vive la Tragedia mayor, una cosa que los griegos expresaron; en Él, frente al hecho de la eternidad SIN muerte física (no la conoce), brota la nostalgia de Dios por Otro. (a quien no conoce), y además, no le brota como a los hombres que 'ven' a otros hombres, sino que en el mundo de Aquel, no existe 'el Otro'.
J: sí. Te explicaré, pues eres buscador, el significado de aquel Mito de Adán.
... Cuando Dios (aunque tu no creas en Él) puso ante el Hombre lo existente, le dijo: todos los árboles del huerto son para tí para que los labres y te llenes de delicia, pero del árbol del conocimiento del BIEN y del Mal, nunca tomes, pues encontrarás ... la soledad
, y perderás el Árbol de la Vida.
El conocimiento del Bien es cualquier código de moral inalterable dictada por el hombre: cosa humana, demasiado humana.
F: ahora entiendo, pero ¿porqué hablas del Árbol de 'la Vida', y de 'morir'?, ¿acaso eso no es el medio que la Religión ha empleado para hacer sumisos a generaciones de hombres y causar la Decadencia de Occidente?
J: es así como dices. Pero la 'Vida' a la que se refiere la parábola de Eden no es la vida física, sino nacer al Espíritu; y la muerte a que se refiere no es otra cosa que la SOLEDAD del SER.
¿acaso no has empe...
El asunto es que tiene una mente brillante, como situada más allá del Bien y del Mal. Su cabeza contiene el análisis más incisivo que la historia de Occidente ha conocido, tal, que Wagner, al leer su libro de Nacimiento
de la Tragedia andaba diciendo que no había percibido una cosa más bella nunca.
Está a la altura como para conversar con uno de aquellos de los grandes, sí, una conversación entre Friedrich y Jesucristo:
Jesús: -tienes tú un anhelo que los hombres todos guardan en lo profundo de sí y tu lo pones a flor de piel: el Bien y el Mal.
Friedrich: -sí, todas las Religiones del mundo -yo lo tengo escrito esto en mi Anticristo- han confundido el
'conocimiento del BIEN con algo espiritual, como si eso no fuera una cosa de mentes inferiores. Todo lo que sea definir, es entrar en la muerte: el concepto es la necrópolis de la intuición.
Jesús: tienes razón, Friedrich....
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Jorge Gómez Alcalá
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