Sigmund Freud y Witold Gombrowicz
11.09.08 @ 11:02:01. Archivado en Personajes, Psicoanálisis, Literatura, Psicología, Otros Autores
Autor: Juan Carlos Gómez

En el año 1935, cuando se publica en Polonia la traducción de “Introducción al psicoanálisis” de Sigmund Freud, Gombrowicz le consagra una crónica muy elogiosa. A pesar de este temprano entusiasmo no pudo mantener su confianza en el psicoanálisis habiendo dejado huellas de ese desencanto en algunos pasajes de los diarios.
En una de las entrevistas que le hace el Corifeo a la Vaca Sagrada la consulta sobre el recelo que había manifestado su marido sobre los temas del inconsciente.
“P –¿Cómo explica su gran desconfianza por el psicoanálisis?
R –En toda su obra describe las manifestaciones del psiquismo en la psique hasta lo obsceno. Como otros artistas desconfía del psicoanálisis para sí mismo, no quería ser vaciado de sus vísceras como un pollo. Desconfiaba porque escribía una obra que era ella misma un autoanálisis (...)”
Sin embargo, el mundo de los sueños y del inconsciente ejerció una gran atracción en Gombrowicz, una fuerza que se pone de manifiesto en toda su obra pero especialmente en los cuentos y en “Pornografía”.
La Polonia católica de la juventud de Gombrowicz le había cerrado las puertas a Freud, los polacos tenían un pensamiento bastante parecido al de ese estudiante de Santiago del Estero que le había dicho a Gombrowicz que Freud no le servía a los argentinos porque el psicoanálisis era una ciencia europea, sólo que en el caso de los polacos no le servía porque Freud era un ateo que practicaba la pornografía.
Como en estas cuestiones que no manejan en forma directa ni la conciencia ni la voluntad tiene mucho que ver la familia empecemos por decir que primero las mujeres, después Edipo y más recientemente Freud hicieron un lío bárbaro con las madres, hasta el punto que Gombrowicz pudo escribir que su madre lo quería mucho pero no pudo escribir que él la quería a ella.
Su madre tenía un temperamento extraordinariamente vivo y una imaginación exuberante, era lúcida e inteligente, pero exaltada, inconsecuente e inocente, no tenía sentido de la realidad, era también hermosa, una mujer realmente atractiva. ¿Será por eso que Gombrowicz se volvió púdico?
La reserva que tenía Gombrowicz con el psicoanálisis era la que también tenía con la ciencia.
Los científicos son unos especialistas que manipulan nuestros genes, se inmiscuyen en nuestros sueños, modifican el cosmos y manosean nuestros órganos íntimos. La ciencia tiene un carácter abominable, es como un cuerpo extraño introducido en la razón, que la razón lleva como una carga con el sudor de su frente.
Es como un veneno, y cuanto más débil es la razón tantos menos antídotos encuentra y tanto más fácilmente sucumbe.
“¿Nos encaminamos hacia una raza de pigmeos de cabeza hinchadas y de delantales blancos?”
Los diarios que escribe en las postrimerías del año 1961 tienen un pasaje de género ligero que caracteriza la lucha entre la ciencia y el arte haciéndole crecer a un hombre una segunda cabeza en el trasero mediante un procedimiento científico.
“(...) al verlo pierdes la cabeza y ya no sabes cuál de esas cabezas es tu cabeza verdadera; no te quedará más remedio que gritar de horror, de rebeldía, de protesta, de desesperación...¡gritar que no estás de acuerdo! Ese grito encontrará a su poeta... y atestiguará que sigues siendo todavía el que eras ayer (...)”
Llegados a este punto vamos a ver qué tienen que ver los análisis de Freud con el intento que hace Gombrowicz en “Pornografía” de pasar el mundo maduro por el cedazo de la juventud, el pensamiento por el sexo y la metafísica por el cuerpo. Las tres grandes categorías del psicoanálisis existencialista son las de tener, de hacer y de ser, siendo la de tener la más importante pues está relacionada con la idea de posesión.
Para Sartre, la esencia de las relaciones humanas, incluido el amor, es una tentativa de posesionarse de la libertad del otro, de esclavizarlo. Pero esta actividad de apropiación del hombre no está relacionada solamente con las personas sino también con las cosas. El conocimiento, en el sentido de descubrimiento de la verdad, es un cazador que sorprende una desnudez blanca y virgen, para robarla, apropiarse de ella y violarla con la mirada.
El conocimiento o descubrimiento de la verdad es un modo de apropiación, es algo análogo a la posesión carnal, que nos ofrece la seductora imagen de un cuerpo que es perpetuamente poseído y perpetuamente nuevo, y en el cual la posesión no deja rastro alguno.
“Pornografía” es una novela en la que las transformaciones las sufren los maduros, los jóvenes son poseídos por las miradas de los adultos pero permanece intactos. Es una narración metafísica más que psicológica, donde la fascinación por la juventud presiona más que en “Ferdydurke” y en los diarios. Las relaciones que se establecen entre el erotismo y la muerte dan prueba de la inmensa intuición que inspiraba a Gombrowicz mientras escribía la “Pornografía”. Las transacciones entre la mirada, lo sagrado, el conocimiento, la santidad, el cuerpo y la guerra son una manifestación viviente del complejo de Acteón que había inventado Sastre para su psicoanálisis existencialista, no por nada este fue el primer nombre que Gombrowicz imaginó para su novela.
Gombrowicz sexualiza el pensamiento y las ideas para que la conciencia se realice en un cuerpo erotizado que cautive y atraiga. Las partes del cuerpo funcionan aparte de la actividad psíquica con una estructura diferente. Acerca de este asunto el Príncipe Bastardo afirma que Gombrowicz estaba realizando una de las primeras incursiones en un dominio desdeñado por Freud: el inconsciente físico. Aunque estos dos vocablos son contradictorios expresan con claridad y precisión la importancia que Gombrowicz le da a la sexualidad en la creación artística al punto de imaginar a la concentración y a la tensión de Bruno Schulz, a su manera insólita de identificarse con el destino y a la fuerza demoníaca de su pasión, como surgidas de algún lugar de su esfera sexual.
“La presión sexual me llevaba hacia lo bajo, hacia las aventuras secretas y solitarias en los barrios lejanos de Varsovia con mujeres de la peor especie. No, no se trataba de putas, en esas aventuras desgraciadas yo buscaba justamente la salud, algo elemental, lo que lo hacía más bajo aún, y, sin embargo, más auténtico”
La popularidad de las indagaciones de Sastre sobre la mirada y de Freud sobre la participación de la sexualidad en la conducta humana facilitaron la comprensión de la obra de Gombrowicz un tanto hermética, a pesar de la desconfianza que le tenía a ambos.
“Mordería la mano del psiquiatra que pretendiera destriparme privándome de mi vida interior; no se trata aquí de que el hombre no tenga complejos, sino de que sepa transformar el complejo en un valor cultural”
No era lector de Freud, pero ésta es justamente la definición que hace el austriaco sobre la sublimación. Gombrowicz, igual que Freud, le daba una gran importancia a la sexualidad y a los sueños. Sobre los sueños pensaba que nada en el arte, ni siquiera los más inspirados misterios de la música, puede igualar al sueño.
El sueño nos parte en trozos la vigilia y la vuelve a armar de otra manera, y esta sombra de la vigilia está cargada de un sentido terrible e inescrutable. El artista tiene que penetrar la vida nocturna de la humanidad y buscar en ella sus mitos y sus símbolos. El arte debe imitar al sueño, tiene que destruir la realidad, partirla en trozos y construir un mundo nuevo y absurdo. Cuando destruimos el sentido exterior de la realidad nos internamos en nuestro sentido interior: una oscuridad con la claridad de la noche.
El lirismo erótico de Gombrowicz es un terreno difícil de manejar. Debemos reconocer, lamentablemente, que es un campo fértil para el psicologismo, pero el psicologismo tiene una pequeña dificultad: si bien es cierto que ordena los objetos psíquicos y los subsume en el marco de una teoría, perturba lo que observa y sólo puede conocer el resultado de esa perturbación.
En el encuentro de una persona con otra hay una zona de la conducta de la que se ocupan la psicología y la antropología, pero existe además otra en la que el comportamiento no está determinado de antemano, se va ajustando poco a poco y pasa de un cierto caos a una estructura en la que cada persona define en la otra una función. El análisis de las conexiones psíquicas que Gombrowicz tenía con su parentela lo ponen en un terreno del que él quería salir, y por haber salido se convirtió en ese fenómeno emocionante que unió su talento literario a una forma novelesca revolucionaria que sacó a la superficie ese descubrimiento fundamental del que habla Bruno Schulz.
Shakespeare dramatizó como ningún otro el desarrollo de los sentimientos y de las pasiones humanas y no deja de ser una paradoja que el púdico de Gombrowicz lo haya tomado como ejemplo.
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Jorge Gómez Alcalá
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