Confesiones de un biólogo
03.09.08 @ 12:12:06. Archivado en Personajes, Psicoanálisis, Entrevistas, Psicología, Salud, Investigación
Cuerpo y subjetividad. Confesiones de un biólogo
REPORTAJE A DIEGO GOLOMBEK
Laura Ormando
Psicóloga
laurapsiar@hotmail.com
Diego Golombek es Doctor en Biología. Actualmente es profesor en la Universidad de Quilmes e investigador del CONICET. Dirige el laboratorio de cronobiología de la Universidad de Quilmes. Autor de numerosos artículos y libros, entre los cuales se destacan Cronobiología humana (2002); Demoliendo papers (2005) y Cavernas y palacios: en busca de la conciencia en el cerebro (2008).
P: ¿Qué noción de cuerpo existe hoy en la biología?
G: Supongo que la única posible a raíz de las evidencias en favor de un mecanicismo claro, aún cuando todo reduccionismo a cualquier escuela siempre va a tener sus riesgos y sus errores, de que somos una máquina y nos comportamos como tal. Si eso lo llevás al extremo, todo es cuerpo, toda evidencia exteriorizada en el comportamiento tiene un origen orgánico. Obviamente eso no quita que, sobre ese origen orgánico participa activamente el ambiente, la relación con otros, pero tiene un sustrato que es corporal: no existen sustratos no corporales, inmateriales: uno descarta de plano lo que tradicionalmente se llamaba “espíritu”, “alma”, “mente”, etc. Lo que no quiere decir que ese soporte material sea fijo y que estamos predestinados de acuerdo a él, no estoy hablando de un conductismo pavloviano de que “viene tal cosa, sale tal cosa”, lo maravilloso que tiene ese sustrato material es que es cambiante: lo que se dice “neuroplástico”. La plasticidad neuronal es un concepto abstracto: las cosas cambian, entre otros factores, de acuerdo con la experiencia, que puede ser cualquier cosa: desde hacer ejercicio físico a tener acceso a determinados fármacos o drogas, o también es un cuento o un chiste que te cuentan cuando sos chiquito o cuando sos grande y que modifica cómo se charlan dos neuronas. O sea, el sustrato es material pero lo que le llega a ese sustrato es múltiple, entonces.
P: Pero esa plasticidad es permeable o no a que esas modificaciones se manifiesten, es decir, no toda experiencia es tramitable hacia un cambio determinado.
G: Totalmente, somos maravillosamente diferentes. Frente a un mismo estímulo, que puede ser cualquier cosa: un color rojo, algo que me cause asco o algo que me de dolor, mi cerebro va a responder diferente al tuyo, porque vino diferente ya de fábrica, hay cuestiones genéticas que hicieron que mi cerebro ya fuera distinto y además fue modelándose de forma distinta de acuerdo a la experiencia.
P: ¿No hay un furor en reducir todo en los genes?
G: Hay un furor porque es fácil, es simplista. En este momento tenemos ciertas técnicas para analizar genes, que antes no había, entonces es tentador encontrar que cierta patología o desviación de algo normal, correlaciona con cierto gen y ponerle nombre a ese gen, el “gen de” tal cosa. En la enorme mayoría de los casos eso está mal porque hay muy pocos patrones, incluso patrones patológicos de enfermedades, que sean monogénicos, es decir, que vos sepas que si un gen no está o está cambiado, te enfermás. La enorme mayoría son multigénicas, o sea que tienen que variar simultáneamente muchos genes y son multigénicas en conjunto con el ambiente. Lo que no me cabe duda, es que lo genético brinda una cierta propensión a que los estímulos que te llegan van a hacer que respondas de una manera o de otra, o que te enfermes o no te enfermes Somos una mezcla de genes y ambiente.
P: ¿Podría decirse que eso es la “singularidad”?
G: Sí. O subjetividad, que es todo lo que le haya hecho el mundo a tu cerebro. ¿Y qué es el mundo en este caso? Lo que comiste, lo que fue tu educación, si fuiste con tus amigotes a ver fútbol o a jugar a otra cosa, la relación que tuviste con tu familia, con tus amigos, con tus parejas, lo que fuera, todo eso es el mundo que construyó una subjetividad sobre un sustrato material que es el cerebro.
P: Hace poco, el neurólogo Roberto Rosler en una entrevista en el diario La Nación decía que los humanos tenemos un “cerebro del paleolítico” con el que enfrentamos el siglo XXI. ¿Existe un desarrollo filogenético a nivel cerebral?
G: Sin duda. Entiendo que se refiere a que, filogenéticamente, nosotros podemos asociar distintas áreas de nuestro cerebro a desarrollos distintos a lo largo de un árbol evolutivo. Justamente, la corteza cerebral es una parte muy nueva y desarrollada en los primates, los otros bichos tienen milímetros de corteza y además la tienen lisa, por ejemplo, una rata. ¿Por qué? Porque no necesitó mucho más que eso. Nosotros y tuvimos que tener alguna estrategia para tener más superficie. Y una estrategia evolutiva que apareció y fue muy exitosa fue “bien, tengo algo liso ahí, le hago rulitos”, lo cual aumentó la superficie de la corteza y eso fue un desafío a nivel evolutivo: un “neocerebro”. Pero tenemos otras zonas que son recontraviejas, por ejemplo el cerebro medio, que estaría por la nuca o el mesencéfalo. Entonces, sí, con ese cerebro tenemos que lidiar y viene desde hace mucho tiempo y eso merece un comentario: es interesante que, evolutivamente, las funciones vitales, las más importantes de todas, son inconscientes: el control de la frecuencia cardíaca, de la respiratoria, de muchas vísceras de los órganos internos, de la sed, de la homeostasis de las hormonas, etc, no está bajo nuestra responsabilidad consciente. La evolución definió dejó las cosas vitales (no las subjetivas) que hacen que te mantengas vivo en un montón de situaciones complicadas, a las partes inconscientes del sistema nervioso.
P: Pero frente a los hechos actuales ¿las respuestas son las mismas que en el paleolítico o cambiaron a lo largo del tiempo?
G: Definitivamente las respuestas primarias son las mismas, mediadas por el sistema nervioso autónomo, que se divide en dos: el simpático y el parasimpático. Por ejemplo, cuando sentís miedo, se te activa el simpático y cuando estás muy relajado, se activa el otro sistema, el parasimpático.
Desde la psicología experimental, en este tema de qué viene primero, si el carro o el caballo, el estímulo o la respuesta, un tipo injustamente relegado llamado William James, dice: estamos corriendo en la selva porque nos persigue un león y tenemos miedo, entonces, no corremos porque tenemos miedo, tenemos miedo porque corremos. Está configurando la emoción de acuerdo a todo el patrón de respuestas fisiológicas que nos ocurren en ese momento: la frecuencia cardíaca alterada, la respiración alterada, algo pasa con las glándulas sudoríparas, etc. Todo eso se configura y el cerebro le pone de nombre “miedo”. El cuerpo no es sólo el cerebro en cuanto a las respuestas psicológicas, sino que es un todo.
P: Entonces ¿las emociones son efecto del cerebro, se transmiten o son parte de ambas operaciones?
G: Yo admito que exagero la base biológica del comportamiento y de la conciencia, por así decirlo, y lo hago con total premeditación y alevosía porque me parece que la idea popular de lo que es la conciencia y nuestro comportamiento, está completamente bandeada hacia lo cultural: “siento tal cosa” por razones un tanto “mágicas” o por una cuestión social o porque lo aprendí de esta manera o de otra. Le sacamos todo peso a lo biológico, a lo corporal y a lo cerebral, por eso yo exagero las respuestas biológicas. Por ejemplo, los estímulos de atracción, por qué una persona determinada nos atrae, por qué nos enamoramos, por qué nos parece bella. Todos pensamos que alguien nos parece atractivo por una cuestión social, porque está de moda. Sí, es innegable que es así, pero también nos parece atractivo porque el cerebro toma una serie de parámetros biológicos que son adecuados en términos evolutivos y los pone en una bolsa y les pone un nombre “belleza”.
P: Pero eso es absolutamente variable…
G: Sí y no. Obviamente varía en cada cultura y en cada persona pero hay patrones comunes, universales de belleza.
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Jorge Gómez Alcalá
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