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Discépolo

Permalink 29.08.08 @ 09:44:23. Archivado en Personajes, Arte, Literatura, Filosofía

DISCEPOLO NUNCA FUE UN POETA TORTURADO.

Enrique Santos Discépolo vio como nadie el país oculto.

DISCEPOLO NUNCA FUE UN POETA TORTURADO.

Por Osvaldo Vergara Bertiche

Discépolo nunca fue un poeta torturado, ni un filósofo del desencanto. No fue un poeta de la angustia existencial, ni fue un filósofo de la hecatombe.

Breviario de la colección "Cultura y Nación" (Declarada de Interés por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe)

I) Vida y Obra de Enrique Santos Discépolo

Hablar o escribir sobre la vida y obra de Enrique Santos Discépolo, es hacerlo sobre el más "maldito" entre los malditos de la historia argentina.

¿Por qué "maldito"? Porque con este nombre, Don Arturo Jauretche designó a aquellos argentinos "condenados al silencio y al olvido por la superestructura cultural"; superestructura manejada por la clase dominante y productora de "zonzos en serie".

"Malditos"... porque fueron quijotes que tuvieron la osadía, el coraje, la valentía de elevar sus voces contra los "mitos consagrados".

"Malditos"... porque se negaron a la complicidad con intelectuales que lograban fama por "lamer las propias cadenas que los esclavizaban".

"Malditos"... porque nunca participaron de los ilustres cenáculos de la época, a pesar de tener más luces que muchos otros mediocres que ocupaban el escenario.

"Malditos"... porque todo se les negó para impedir que con sus ideas concurriesen a construir una cultura nacional que cuestionara aquella otra cultura, la antinacional, implementada como reaseguro del coloniaje económico y político imperante.

Pero fueron "malditos", porque el pueblo argentino en su incesante descubrimiento de la realidad nacional, paso a paso, fue derrumbando esa cultura oscurantista y reconoció a los que abrieron picadas en la maraña de la confusión organizada.

Enrique Santos Discépolo fue uno de esos "malditos" que escapó, como escapan lo juglares, y sus letras se hicieron presente en las conversaciones de las esquinas, en las radios camioneras de la madrugada, en el tarareo del transeunte preocupado y en el silbido compañero del que está solo y espera.

Un "maldito" que escribió ensayos filosóficos en tiempo de tango y para todos los tiempos. Es, Discépolo, el mayor filósofo popular argentino del Siglo XX.

Plumíferos, o escribas, (al decir de Sarmiento - utilizando un vocablo inserto en el diccionario castellano - los "cagatinta") pretendieron expurgar su nombre de las antologías.

No lograron silenciarlo, y entonces utilizaron otra técnica: la deformación, con el fin de esterilizar su nombre. Un Discépolo torturado, desencantado y anodino.

Así, se ha pretendido "arrinconarlo en la mitología de la noche, meterlo de prepo en algún santuario intelectual para que algunos le recen una lacrimógena oración tanguera".

Trampa... trampa que es lo que acostumbran a tender para confundirnos en el campo de las ideas.

Trampa... porque Discépolo al igual que Homero Manzi, no fueron "hombres de letras"... hicieron "letras para los hombres".

Discépolo hizo letras que expresaron el dolor, la frustración y la protesta de multitudes.

Discépolo percibió e interpretó las emociones colectivas

Ese Discépolo que nos quieren robar o desfigurar dijo:

Gardel y Discépolo hablan sobre Yira Yira (1930)

"Me di de corazón a un pueblo, porque los pueblos no engañan nunca y devuelven, como la tierra, un millón de flores por una semilla seca.

Y mi pueblo me ha devuelto exageradamente la ternura que le di sin esperar su premio.

En el largo y penoso diálogo de mi vida, no he tenido más interlocutor que el pueblo. Siempre estuve con él... afortunadamente con él".

Este es el verdadero Discépolo. Y es por ello, simplemente por ello, que nos lo quieren robar o desfigurar...

Es Piero, en una de sus canciones que dice "al Pueblo lo que es del Pueblo, porque el Pueblo se lo ganó". Discépolo comprendió cabalmente al Pueblo, y ese pueblo lo reconoció por siempre.

Discépolo se convirtió en el gran ideal del poeta español, reposado y profundo, Antonio Machado, cuando sentencia: "La felicidad de un poeta está en que se convierta en copla. Que la repita el Pueblo". Sin duda, Discépolo, que junto a Manzi, "se fue al cielo de la noche" es feliz.

Se iniciaba el Siglo XX, y allá, un 27 de Marzo de 1901, nacía Enrique Santos. A los cinco años muere su padre, y cuando tenía siete años, muere su madre.

Recordando esos tiempos dijo: "Mi timidez se volvió miedo y mi tristeza... desventura".

Su primera escuela fue religiosa, luego una del Estado.

"Nunca entendía la división de quebrados... numerador... denominador... ¡qué lío!... nunca fui bueno para los números. Y por culpa de las matemáticas me hice la primera rabona. Pero lo que dejé de aprender en el colegio, lo recuperé en la calle... en la vida".

Y en esos años de escuela, entre rabona y rabona, comenzando a andar por la vida, recordó que entre sus útiles tenía un globo terráqueo que "lo cubrí con un paño negro y no volví a destaparlo. Me parecía que el mundo debía quedar así, para siempre, vestido de luto".

Eran los años de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1919); de la Revolución Bolchevique en la Rusia Zarista (1917); eran años que "conmovieron al mundo" en las primeras décadas del Siglo XX.

En su juventud visitó Europa. En las tabernas de Madrid y París, y "en esas mesas que nunca preguntan" observó un denominador común con aquellas otras de Buenos Aires y de tantas ciudades argentinas: el hombre que está solo.

Y dijo: "Me impresionó la soledad internacional del hombre frente a sus problemas".

Conoció de la bohemia de los artistas, pero también conoció de los sueños de redención social de los humildes y postergados.

Conoció la obra de Francisco de Goya (1746 - 1828) y fue su admirador. Admirador del célebre pintor, legítima gloria de España, y de sus "aguafuertes", conocidos como "caprichos", en los que se ve lo maravilloso de su potencia pictórica.

Goya fijó en colores la vida misma y representó con todo el poder de su genio dos terribles momentos de la Guerra de la Independencia Española: los fusilamientos del 2 de Marzo de 1808.

Discépolo, justamente, reconocía el valor ético y estético de Goya, al que algunos le colocaron el epíteto de "loco".

Ese "loco" en uno de sus "caprichos" escribió: "Los sueños de la razón producen monstruos".

En 1939, en la letra del tango "Tormento", Enrique Santos Discépolo acompaña el pensamiento de Goya, diciendo:

"Yo siento que mi fe se tambalea

que la gente mala vive... ¡Dios!

mejor que yo".

Es que los monstruos, los malos... se seguían reproduciendo.

Discépolo escribe su primer tango en 1926: sólo tenía 25 años, y lo tituló "Que vachaché". Dijo: "Con mi primer tango comenzaron mis problemas".

A éste debemos agregar: "Yira - Yira" (1930), "¡Qué sapa... Señor!" (1931) y esa denuncia universal que es "Cambalache" en 1935.

Estos cuatro temas son la piedra angular del pensamiento discepoliano.

Le he llamado "Discepolismo" porque sin duda alguna representa una corriente filosófica, universal, humanista y trascendente.

Estamos hablando de temas escritos entre 1926 y 1935.

¿Qué pasaba en el mundo en esos años?

El centro del mundo era Europa. Se produce en esos tiempos la crisis del pensamiento europeo, la bancarrota de un sistema fijo del universo que daba sentido y significado a la vida humana. Se manifiesta esa crisis en la declinación de los valores religiosos tradicionales. El humanismo racionalista creía que bastaba la ilustración para alcanzar la civilización, el progreso definitivo y la paz fundamental. El correr de los años demostró que no era así.

De la última confrontación, la Guerra Franco-Prusiana de 1870, ya nadie se acordaba.

Y en 1912 estalla la Guerra de los Balcanes; en 1914, comienza la Primera Guerra Mundial; en 1919 se produce la Revolución Bolchevique que da fin a la hegemonía capitalista por sólo 73 años; en 1929 estalla la Bolsa neoyorquina y comienza la Gran Depresión; en 1931 se proclama la República en España y el Borbón Alfonso XIII abdica el trono y en 1933, en Alemania, Hitler toma el poder.

La hambruna y el terror se paseaban por doquier.

Y Discépolo exclama: "La tierra está maldita / el amor con gripe en cama / La gente en guerra grita, / bulle, mata, rompe y brama".

¿Por qué pasaba lo que pasaba?. Discépolo da respuesta a este interrogante a través de un planteo de corte netamente filosófico:

"Al hombre lo ha marea’o

el humo al incendiar

y ahora entrevera’o... no sabe dónde va.

Voltea lo que ve... por gusto de voltear

pero sin convicción, ni fe.

Es que el hombre anda sin cueva

voltió la casa vieja

antes de construir la nueva

Creyó que era cuestión de alzarse

y nada más

romper lo consagra’o... cortar lo que adoró"

¡Sin convicción ni fe! Sin principios y sin creencias. Sin ideología, sin trascendencia, porque lo trascendente era relegado para dar paso al que me importa de la belle epoque; como diríamos hoy... por cuatro días locos...

También debe reconocerse que las ideologías de entonces eran totalizadoras y totalitarias.

"Romper lo consagra’o

cortar lo que adoró..."

Y refiriéndose, justamente, a Alfonso XIII, le pregunta a Dios:

"¡Qué sapa Señor!

que los reyes temblando

remueven el mazo,

buscando un yobaca

para disparar".

¿Qué sapa señor?... que lo que parecía eterno, permanente... se derrumbaba.

Y agrega algo que, quizás, fue escrito para todos los tiempos:

"¡Qué sapa señor!

que en medio del caos

que horroriza y espanta

la paz está en yanta

y el peso ha baja’o".

A ese mundo conflictivo al que Discépolo diseca con el bisturí de la creatividad, de la imaginación y de la indignación, y a ese hombre que hizo abandono de preceptos elementales, le dice:

"No hay nada más teatral, más divino, más hermoso, más complejo, más pintoresco, más serio y más cómico que la vida misma".

Queda claro que Discépolo nunca fue un poeta torturado, ni un filósofo del desencanto. No fue un poeta de la angustia existencial, ni fue un filósofo de la hecatombe.

Quién dice: "Yo veo el dolor en todos los que tengo delante, me posesiono de su situación, comprendo cuales son sus problemas y en seguida me pongo en su lugar, y siento como sienten ellos mismos, percibo, como si fuera mío, el sufrimiento ajeno" es alguien que entrecruza la preocupación metafísica con la crítica social.

Discépolo es el filósofo de la comunidad quebrada, es el cronista del realismo universal.

¿Y qué pasaba en nuestro país, por aquellos años, entre 1926 y 1935?

Debemos, para entender lo sucedido en ese tiempo, remontarnos a 1880; hace su aparición una generación ilustrada, a la que pertenecieron Miguel Cané, José María Ramos Mejía y otros; terminan los tiempos de Alsina y finaliza la "Gran Aldea"; comienza la construcción de la Argentina Moderna y gobierna el Partido Autonomista Nacional.

A partir de allí se estructura el estado. Y en 1890 el sistema imperante sufre su primer descalabro: la "Revolución del Parque", dando nacimiento a la Unión Cívica, que un año después se llamaría Unión Cívica Radical, liderada por Leandro N. Alem.

En 1891 el radicalismo se lanza a una campaña electoral con Bernardo de Irigoyen como candidato. En 1893 se suceden revoluciones radicales por todo el país.

En 1905 se sanciona la Ley de Residencia y la Ley de Defensa Social. El régimen comienza a adquirir un carácter represivo.

En 1910 se celebra el Centenario de la Revolución de Mayo con toda pompa. Se mostraba, así, al mundo, los éxitos de un país apoyado en un régimen ganadero-pastoril y agroexportador.

En 1912 se sanciona la Ley Saenz Peña, importante logro que definió el instrumento legal que permite la inserción en la política de los sectores medios en la elección de 1816 y que consagra Presidente de la Nación a Don Hipólito Irigoyen.

Entre 1880 a 1912 se puso en marcha operativa la ideología de Juan Bautista Alberdi expresada en la frase "Gobernar es poblar" y comienza la inmigración más importante que haya tenido un país de habla hispana.

Españoles, italianos, suizos, alemanes, polacos, rusos y judíos, entre tantas otras nacionalidades, ingresan al país.

También y junto con ellos, se introducen las ideas anarquistas y socialistas, y consecuentemente aparecen las primeras organizaciones obreras.

Esos treinta y dos años que transcurren entre 1880 y 1912 fueron fundamentales en la construcción, justamente, de la Argentina Moderna.

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Comentarios:
juju
Enlace permanente Comentario por martin 16.07.09 @ 22:03

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