El Che
23.06.08 @ 00:15:53. Archivado en Personajes, Cultura, Política, Otros Autores
Gustavo Morbello me envía la siguiente nota desde los grupos Yahoo, en
conmemoración del Che.
Por Atilio A. Boron
Una de las mejores maneras de conmemorar el octogésimo aniversario del nacimiento del Che es recuperar una de sus facetas menos conocidas o, tal vez, la más olvidada: su papel como recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, valiente como el que más y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos. Un hombre cuya absoluta coherencia entre ideas, valores y conductas lo convierte en un paradigma insuperable, especialmente en épocas como éstas, en las que la traición a los viejos ideales –o la desconexión entre lo que se piensa o dice y lo que se hace– ha adquirido proporciones escandalosas.
Como bien lo recordaba días pasados Miguel Barnet, este extraño guerrillero cargaba en su mochila la poesía de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana tenía más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue casual su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”. Hay un paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo. El primero, burlándose en su breve escrito a propósito de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”, de la interpretación canónica de El Capital del principal teórico de la Segunda Internacional: Karl Kautsky. El Che, haciendo lo propio con los “ladrillos soviéticos” que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.
Tanto uno como el otro libraron una exitosa batalla contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas y en lugar de repensar creativamente al marxismo optaron por adherir a la ideología dominante de su tiempo.
Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Oncena de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que depurarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío. Y si los “manuales” postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo.
En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino un emprendimiento en permanente revisión y reconstrucción, y que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo, que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Demostró también que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material, pero si esa apoyatura no sirve de fundamento para lo otro el proyecto socialista estará desahuciado antes de nacer.
El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo recién ha empezado. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia reciente; sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo se corroboran día a día, desde los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton hasta las torturas a niños y niñas iraquíes de 10 a 12 años definidos por Bush y su pandilla como “amenazas imperativas”, tal como lo expusiera Juan Gelman en este diario el pasado 12 de junio; igualmente preciso es su diagnóstico sobre la centralidad de la ideología cuando dice que “el capitalismo recurre a la fuerza pero además educa a la gente en el sistema” y lo viene haciendo desde hace quinientos años, con lo cual nos convoca a librar la “batalla de ideas” en todos los frentes. Y así podríamos seguir enumerando hitos de una reflexión teórica que no se detiene ante el saber establecido y prosigue incansable su marcha hacia horizontes de comprensión cada vez más profundos y abarcativos. Cuatro décadas después de su cobarde asesinato, el Che está más vivo que nunca.
Comentarios:
La Iglesia católica tuvo las riendas del poder como 'Clero', junto con la 'Nobleza, durante quince siglos con un fracaso y siervos de la gleba que a la vista están. El socialismo ha tomado la antorcha de las clases menos favorecidas, y no ha atinado a construir un mundo donde todos DESEEN trabajar para vivir con un bienestar mucho más eficaz que el que nos han mostrado todos sus ensayos. Es necesario trasmutar todos esos valores propios de dinosaurio, tan ineptos como el propio Capitalismo.
Es, esto de repartirlo todo según la necesidad de cada cual tan funesto, que entre los 'cristianos' aquellos tan buenos de Hechos de los Apóstoles, se extendió una tal plaga de parásitos que es exactamente la misma que 'ocurre' con un sistema de paniaguados: Pablo tuvo que llegar a poner pié en pared, en 2ª Tesalonicenses cuando llega a decir:
... "esto os ordené: si alguno no quiere trabajar, tampoco coma".
El futuro solamente puede pasar por un sistema sensato, de alta tecnología, donde TODOS produzcan, y para ello hay que implementar un INCENTIVO de poder adquisitivo sensato, que 'mueva' a las grandes masas a producir. Que nosotros podemos 'domesticar' al capitalismo, pues claro, de eso se trata: fijar un límite a la Riqueza Personal.
Todo lo demás son cánticos al sol, pura Ideología, de unos, evangelistas con Dios, y de otros, ateos sin D...
La razón de ello hay que encontrarla en la fuente: solidaridad y altruismo, como dice el artículo, Egalité, Fraternité, Solidarité,... todo ello es nacido de un tratado de Economía que fracasó igualmente: el Evangelio de que se nutrío desde el vientre de su madre Carlos Marx.
En Hechos de los apóstoles se encontró el marxismo con la definición hecha a su medida en medio de la revolución industrial quie hacinó el cinturón de trabajadores de Londres: y vendían todas las propiedades y las repartían a cada uno según su necesidad. Así, 'cada uno según su capacidad, y a cada uno según su necesidad'.
Proletarios del mundo, ¡uníos¡, pero como era aquel un idealista, exactamente igual que el prosélito de la Ideología, Ernesto (significa honesto), Ché Guevara, ... se olvidó de 'algo' que desde luego el evangelio NO iba a fijar: el INCENTIVO de Poder Adquisitivo real según el esfuerzo y rendimiento que cada persona que trabaja e...
Excesivamente teórico, pragmático, filantrópico... e idealista (pero poco realista u objetivo), se antoja su artículo en memoria de Che Guevara (Ernesto de la Serna) otro utópico luchador, con buena intención en principio, a sumar en el empeño por hacer más justa la relación social (mejor decir clasista-económica) imperante aún en casi toda la Humanidad.
Por investigaciones realizadas para determinada tesis doctoral científica sobre "Revolución Cubana y prensa", aparecen otras visiones encontradas: Respecto a la polémica figura de este revolucionario pro-comunista (heroico para unos, médico asesino para otros) no se le puede negar su ascenso a la categoría de “mito”; en una época contestataria y turbulenta (los sesenta del pasado siglo) en que los jóvenes del mundo libre lo adoptaron como modelo de progresismo. Se sospecha que los graves disturbios del “mayo francés”, especialmente en Paris fueron consecuencia de la extraña muerte del guerrillero en la pe...
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Jorge Gómez Alcalá
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