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La verdad y la mentira

Permalink 11.06.08 @ 10:03:39. Archivado en Psicoanálisis, Filosofía, Psicología, Salud Mental, Otros Autores, Prensa

Desde Punto seguido en México, y por medio de los grupos Yahoo recibí el siguiente artículo que me parece sumamente interesante de Esther Charabati.

El placer de ser engañados
Esther Charabati

"Todo hombre tiene recuerdos que no contaría a nadie más que a sus amigos. Otras cosas hay en su mente que ni siquiera revelaría a sus amigos, sino sólo a sí mismo, en absoluto secreto. Pero hay otras cosas que el hombre teme incluso contarse a sí mismo, y todo hombre decente tiene una cantidad de esas cosas guardadas en su mente".

- Fiodor Dostoievski - "Recuerdos de la Casa de los Muertos"

En principio, odiamos que nos mientan y descalificamos a quien lo hace. ¿Eso significa que estamos dispuestos a escuchar la verdad? Nada más dudoso… La mentira, indisociable de la historia del género humano, ocupa un lugar de honor por su ambigüedad. Tiene múltiples facetas e innumerables motivaciones. Considerada un grave pecado, un legítimo medio de protección o un divertido juego de imaginación, en cualquier caso forma parte de nuestra cotidianeidad.

¿Qué sería de la sociedad si todas las relaciones estuvieran basadas exclusivamente en la práctica de la verdad? Es difícil pensarlo, pero el primer requisito sería que las personas fuéramos unívocas, realistas y rígidas. Y no lo somos.

Pensándolo bien, ¿por qué ubicar a la mentira del lado del mal si sus móviles son variados: el interés, el odio, la venganza, la necesidad de reconocimiento, pero también la pasión, la protección, la generosidad, el amor…? Además, no podemos negar que los engañados a menudo somos cómplices del que miente, precisamente porque conocemos los beneficios de la mentira.

“Qué guapa te ves”, “Te vas a curar”, “Seguro que ganas” son expresiones que aunque no correspondan a la realidad del momento, motivan al interlocutor y quizá le permitan cambiar su realidad. O no.

Que el engaño tiene un aspecto positivo —o al menos necesario— lo demuestra la existencia del autoengaño: Cuando me asomo a la realidad, no me gusta y creo una realidad paralela. Así puedo pasar diez años convencida de que mi esposo es fiel aunque tenga un amante, o que mi hermano administra mi dinero cuando en realidad se lo roba. Proust acusa a su protagonista —que sabe que Odette no lo ama, sino que busca su dinero— de “pereza mental”. Algo así como una flojera de saber la verdad y asumirla.

En ese sentido, Philippe Bouvard declara que “El verdadero responsable de una mentira no es aquel que la dice, sino aquel a quien está dirigida, porque se sabe que no soporta la verdad”.
Efectivamente, a veces nosotros mismos pedimos que nos engañen: no sólo “Dime que siempre me vas a amar”, también “Convénceme de que hice lo correcto”.

¿Qué sería de nosotros, cómo soportaríamos la angustia que nos genera nuestra propia existencia si no contáramos con esos pequeños consuelos? Freud conocía bien estas estrategias psicológicas a las que denominó “mecanismos de defensa” y que nos permiten alejar la realidad mientras no estamos preparados para enfrentarla. La pregunta es si algún día lo estaremos.

En su libro Lo real y su doble. Ensayo sobre la ilusión, Clément Rosset analiza la manía de negar lo existente, misma que nos permite desligarnos de las consecuencias de nuestros actos con dos palabras: “No sabía”. No hablamos de ignorancia ni de error sino de que, a pesar de que conocemos la realidad, actuamos como si ésta fuera distinta.

Por ello, el que se engaña es incurable, ya que “No se puede ‘volver a mostrar’ algo a alguien que tiene ya ante los ojos lo que uno se propone hacerle ver”.
¿Qué es lo que nos empuja hacia el engaño? En primer lugar, saber que muchas cosas son irremediables y que todo tiene un fin: La felicidad, las pasiones, la vida misma. Por otro lado, la incertidumbre, pues lo real es incomprensible y cuesta mucho vivir sin certezas; preferimos inventarlas, aunque sea en forma temporal, como ilusiones.

Ante la angustia que nos provoca la realidad, Rosset plantea la “verdadera” alegría que consiste en decir “sí” al mundo tal como es. A pesar de todo.

¿Por qué preferiríamos asumir la realidad cuando el engaño es mucho más placentero y accesible? Porque cuando uno no ve la realidad no desarrolla las habilidades para enfrentarla; en ese sentido, somos mucho más vulnerables cuando nos mantenemos en el engaño y actuamos como si no supiéramos. El precio es alto; sin embargo, es un hecho que vivimos de ilusiones, y no podemos imaginarnos una humanidad sin ellas: en la vida privada, en la política, en la educación, en el arte…

¿Y qué es la ilusión? Ninguna definición más bella que la de Macedonio Fernández: “Hacer esperar en el umbral a la realidad”.

Esther Charabati
esthercharabati@prodigy.net.mx

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Comentarios:
Espíritu para llenar a esa alma que tanto sabe.

Porque mientras que la Religión y la Sociedad de los políticos, que es hija de aquella, buscan, y predican a todas horas, 'la Verdad', lo que persiguen es otra cosa, el poder y el dinero, que es lo que aquella ha venido ejercitando durante más de quince siglos, y ésta lo ostenta ahora. Al Hombre le pertenece la soberanía de dictar sus leyes, no a los Partidos, y al Hombre le compete el asunto de Dios, no a las Iglesias. Y es bien fácil, pues toda política, en vez de buscar 'La Verdad', debería buscar la producción para llenar el estómago; y toda búsqueda trascendente del hombre no debería buscar 'la Verdad', sino llenarse el corazón de la presencia de Dios. En ambos casos se trata de comer y comer, instinto cierto que nunca nos ha engañado a nosotros los humanos.
Enlace permanente Comentario por / 12.06.08 @ 10:55
aquella 'Verdad' de una vez para siempre, y fue así como fue muerto por la Ley para probar que la Ley no es de Dios, ni inalterable; en su lugar nos dijo que acometiéramos el fenómeno de lo existente como mejor pudiéramos, esto es, que evolucionáramos en todas las ciencias y en todas las habilidades, y en todos los parlamentos dejando lo obsoleto atrás; y en cuanto al Espíritu, lo mismo, que avancemos sabiendo que el asunto de Dios no acomete el 'Bien basado en la Verdad', ni el 'Mal basado en la no verdad', sino la SOLEDAD del ser, ésta sí que es verdad.

Y para llenar al HOMBRE en su soledad le da lo único que puede hacerlo SENTIR, la presencia del Dios vivo, porque ¿de qué sirve conocer 'la verdad', que es lo que hacen todas las religiones, cuando no se tiene el sentimiento manando como un río de aguas vivas que brotan del propio ser para llenarse él mismo y llenar al Dios vivo, quien, conmovido por tanta irracionalidad, esto es, por tanta no-verdad, derrama entonces el ...
Enlace permanente Comentario por / 12.06.08 @ 10:50
Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral. Nietzsche.

¿Existe 'la verdad'? y, ¿qué es la
verdad?, preguntó Pilatos a Jesucristo; y entonces, dándose la vuelta, se lavó las manos.

No, la 'Verdad' no existe; si existiera se acabaría instantáneamente la EVOLUCIÓN, y con ella, todo el universo construído con esas dos variantes estrictamente interdependientes y relativas que damos en llamar espacio y tiempo.

La evolución se basa en un principio contrario a 'lo estable', que es tanatós
: lo inestable, lo que cambia, lo que no es constante.
Einstein se encontró un día con esta definición de la Relatividad: "no existe en el universo cosa alguna a la que agarrarnos, que sepamos". Y como le gustó, puso al pié: leído y aprobado.

Y Dios, que todo lo observa, viendo que el hombre se creyó que la Ley 'divina' era inalterable y por ella tropezaba la humanidad entera, hubo de enviar a Jesucristo, cuya misión fue acabar con aqu...
Enlace permanente Comentario por / 12.06.08 @ 10:48

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