Travestismo
04.06.08 @ 07:58:44. Archivado en Psicoanálisis, Colaboraciones, Salud Mental, Sexualidad
Alfonso Gómez Prieto analiza aqui el mito de Tiresias. En su breve artículo señala aspectos sumamente interesantes referentes al lugar del cuerpo y la palabra.
EL MITO DE TIRESIASNoviembre 27, 2007
Me complacería compartir con vosotros algunos aspectos del travestismo ya que nos ofrece una experiencia privilegiada donde no se trata de mostrar lo que se tiene sino de mostrar lo que no se tiene.
Es una escena donde se privilegia la mirada, una mirada de lo que está oculto, dado a ver tras la máscara de lo que se muestra. Es el valor de la máscara en el travestismo y la identificación del sujeto con lo que está detrás de la máscara en una posición simétrica y opuesta al fetichismo.
Es un dar a ver donde podemos localizar un señuelo que velado por los maquillajes y vestidos emerge triunfante en el clímax de la escena erótica, poniendo de relieve el falo de la madre fálica con la que el sujeto está identificado.
El travestí no padece de un cuerpo erróneo como el transexual.
Él, a través de su máscara compone una escena en la que encarna a una mujer para luego triunfante, desmentir que lo es o en todo caso proponerse como mujer fálica. Caen las máscaras y será un hombre ordinario.
Por tanto ambigüedad relacionada con lo que se muestra y lo que se da a ver. Pienso también que el travestí explora el goce femenino a través de estas máscaras, es decir, qué se siente siendo mujer.
La exhibición del vestido femenino intenta mostrar lo que no es, pero hay un momento donde en el cenit de la escena erótica, a veces delante de un espejo, desenvaina lo que tampoco se es ni se tiene. Aparece el pene del sujeto, y me pregunto si ese pene no será también la máscara del falo de la madre fálica con la que el sujeto está intentando identificarse.
La salida del proceso suele ser con una identidad aparentemente masculina. ¿Un cortocircuito de identificaciones, me pregunto? ¿Un retorno a la identificación con el supuesto padre idealizado en algún lugar del discurso de la madre? La escena puede ser frente a un espectador, un testigo que confirmara que el falo está en poder de alguno de los dos, ¿o de ambos?. ¿Quién es ese otro espectador en la puesta en escena erótica?.
En cualquier caso un otro cómplice que sería por el contrario denunciador en el neurótico y el “normal”. De ese modo el perverso moviliza su desafío como modo de acceso al goce. Es también una manera de descarriar al otro que se convierte en su aliado. Pienso en el mito de Tiresias. Se transforma en mujer, luego en hombre. Zeus y Hera le preguntan cuál sexo gozaba más en el amor.
La respuesta de Tiresias: ¡ La mujer nueve veces más que el hombre!. ¡Y Hera lo cegó!. ¿Es el travestí un Tiresias que siempre llega tarde para desvelar la enigmática pregunta del goce de la mujer?.
Madrid Noviembre de 2007
Alfonso A. Gómez Prieto
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Jorge Gómez Alcalá
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