El Psicoanálisis
02.06.08 @ 10:00:21. Archivado en Psicoanálisis, Teoría, Enseñanza, Salud Mental, Otros Autores, Prensa
Desde los grupos de Salud Mental de Yahoo me llega este trabajo interesante de Mirta Zelcer.
Toma como eje de su investigación dos reglas esenciales. E ilustra con claridad su importancia.
Neutralidad y abstinencia en Psicoanálisis
Mirta Zelcer
zelcer@einstein.com.ar
La neutralidad y la abstinencia parecen se dos rasgos generales extendidos entre las disciplinas con pretensión de cientificidad. Ambos, están hoy en problemas, sobre todo respecto de las prácticas disciplinarias. Una de las poderosas razones referidas a estas tribulaciones reside en que el siglo XX dio por tierra con la objetividad absoluta no sólo de las nuevas disciplinas sino que también con la de aquellas que ya habían sido construidas. Este hecho se verificó en las ciencias llamadas “blandas” y también en la física y en las matemáticas.
Ahora bien, ¿cómo se construye una disciplina? Mediante hipótesis generales, las teorías definen los problemas sobre los que operan. Configuran fenómenos y los hacen representables y manipulables denominándolos y describiendo sus movimientos particulares y relevantes. Una vez representados y definidos, se los produce como objetos de la realidad y de ese modo se los trata. De esta manera poseen inserción social. Veamos el caso del Psicoanálisis repensando por un lado el cuerpo teórico de la doctrina y su método, y por otro los problemas que la abstinencia y la neutralidad –practicada como hace años– les plantean a las condiciones contemporáneas.
El Psicoanálisis
1. El cuerpo teórico
Si el Psicoanálisis fue considerado como una teoría revolucionaria, debemos volver a cuestiones remanidas haciendo un listado (nada exhaustivo) de sus osadías, aquellas que terminaron siendo una afrenta a la hipocresía de la sociedad de ese tiempo y que –lo hayamos advertido o no– fueron elementos de intervención cultural.
1.a. La impureza inherente al ser humano
El hecho de plantear que en el ser humano existen desde su nacimiento impulsos desordenados, desprolijos y fuera del código de convivencia de la civilización sustentada por la modernidad, descolocó la idea de pureza e impureza de las almas. El planteo psicoanalítico contrapuesto a la pulcritud moral que ciertos ámbitos sociales sostenían y aún sostienen; el señalamiento de que niños y adultos comparten la misma impudicia; la incorporación de la representación de que tanto las castas criaturas como los honestos adultos comparten las mismas angustias, los mismos apetitos y –más aun– la idea de que los mismos sostenedores de la pureza espiritual y moral (los que instruyen sobre la decencia) participan de las mismas categorías miserables y sublimes que cualquier sujeto, fueron proposiciones que no podían resultar bien toleradas por los agentes institucionales de las organizaciones de esa época.
1.b. La sexualidad infantil
El Psicoanálisis expuso una suerte de antropología del ser humano urbano que presentó a los niños como seres humanos sexuados (Tres ensayos de teoría sexual) cuyos ritmos y manifestaciones comenzaron a resultar socialmente “naturales” desde comienzos del siglo XX. Adoptado este hecho por la educación, necesariamente admitido por la medicina pediátrica, se desvencijaba uno de los pilares argumentativos que sostenían las instituciones que coartaban la sexualidad y, aun más allá, la familia nuclear burguesa. Las consecuencias sociales de esta teoría para las instituciones modernas explican las resistencias que el Psicoanálisis tuvo que enfrentar.
1.c. La sexualidad y su represión
Asociada a los puntos anteriores, la denominación de un psicodinamismo central como “represión” resultó medular en la comprensión del lugar que ocupó el Psicoanálisis como liberador de inhibiciones, de pensamientos y de acciones. Las organizaciones sociales que condensaban el poder augusto, aquel que derivaba de la realeza [Ventrici; 2007] –presumiblemente con el objeto de conservar la inmovilidad social– imponían representaciones opuestas al tipo de liberación que propugnó el Psicoanálisis. Para ello, sujetaban las subjetividades a través del miedo entendido como “respeto”. Bajo la prédica de una “educación social civilizada” se inculcaban las representaciones necesarias para la inercia del estado de cosas mediante el método de amenazas y castigos. El movimiento de liberación subjetiva y la alteración que produjo en las instituciones la concepción psicoanalítica respecto de lo reprimido, de aquello que no está destruido sino que permanece oculto, no podía ser bien tolerado por las organizaciones cuyo eje de interés fue la represión (predominante y manifiestamente sexual)
1.d. La agresividad
El Psicoanálisis sostuvo que nadie puede cumplir con el mandato del amor universal. Así, mostró la agresión como constitutiva del ser humano. De este modo, se podía suponer que los mismos sujetos que predicaban la coerción de la agresividad legalizando el castigo por esas conductas, también poseían rasgos agresivos. Antes del advenimiento del Psicoanálisis este hecho quedaba oculto, ya que –legitimados por poderes superiores e inasibles– los amos de las vidas y de las muertes ajenas se presentaban sin él. Con el objeto de inmovilizar las subjetividades por ellos mismos producidas, a fin de sostener las instituciones y las representaciones que invocaban, estimulando la quietud y la obediencia, representando a los sujetos en un estatuto casi inorgánico y en operaciones silenciosas, el poder omnipotente que reglamentaba la cultura creó una forma de inhibición contra la agresividad: el sentimiento de culpa en los feligreses . La identificación de la agresividad como inherente a la condición humana asociada a la creatividad y a la vida misma, no podía ser consentida por quienes necesitaban de la sumisa constancia, del miedo y de la obediencia permanente.
1.e. La razón
Desde un punto de vista cultural, el Psicoanálisis tomado como herida narcisista, implicó el hecho de que, como sujetos, quedamos dislocados del control racional de nuestros actos. A partir de sus concepciones fundamentales, la razón, la conciencia y el libre albedrío tuvieron motivaciones desde una lógica diversa a la de la conciencia que condiciona (y para Freud determina) la libertad y la racionalidad de los comportamientos humanos: los actos voluntarios quedaron relativizados dentro del contexto de la enfermedad y de la salud psíquica. Así, sermones y castigos perdieron su fuerza gravitatoria en la incidencia del cambio de las conductas, y los métodos utilizados por las instituciones para sostenerse ideológicamente se vaciaron del sentido social expuesto por ellas. Los efectos de la teoría psicoanalítica en relación con estos poderes instituidos no fueron bien sobrellevados en sus organizaciones.
1.f. El cuerpo
Si leemos cuidadosamente la teoría psicoanalítica, veremos que no sólo intentó devolverle el pensamiento al cuerpo [Zelcer; 2000] sino también los efectos de la sensorialidad a los sentidos. Así, abrió una complejísima vía interactiva respecto del cuerpo humano: lo vivificó mostrando que las patologías (impurezas) provienen de las ocultas necesidades naturales propias de nuestro cuerpo, y señaló a su vez que ese cuerpo no es puramente físico, sino que permanece en la frontera de la naturaleza y de la cultura. De ese modo, la condición humana nos ubica allí donde se entrecruzan las variables del funcionamiento animal y social; de allí que sea tan dificultoso habitar nuestros cuerpos. Tal como las osadías arriba expuestas, la aparición de esta temática tomó un sesgo imprevisto: los motivos y los mecanismos de la enfermedad fueron entendidos desde un funcionamiento compartido por todos los sujetos de la cultura. Así, en cuanto a los niveles de “humanidad”, el Psicoanálisis abolió las asimetrías y la igualdad se hizo presente desde lo más carnal. Este hecho, junto a la responsabilidad por los impulsos que componen el propio cuerpo, no podía ser soportado ni por la medicina instituida entonces, ni por aquellos que necesitaban capturarlo y usufructuar de él esgrimiendo razones de “superioridad humana”.
Los tópicos arriba expuestos (y el método mismo) ya estaban siendo trabajados en la época del surgimiento del Psicoanálisis por las corrientes de la medicina que reconocían los factores que enfermaban causando la neurosis y la psicosis . La agudeza psicoanalítica los reunió y los puso en acción. Si estos tópicos llegaron a ser señalados, fue por el daño que infligían como generadores de enfermedad. De modo que podríamos concluir que mucho antes de su detección (hacia finales del siglo XIX), eran manipulados por el conjunto del poder político y religioso.
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Jorge Gómez Alcalá
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