Los trastornos de conducta como síntomas de la educación
29.04.08 @ 09:46:04. Archivado en Violencia, Cultura, Psicología, Educación, Otros Autores
Desde Punto Seguido me llega este otro artículo dedicado al tema de la educación y su relación
con los trastornos de conducta que afectan a los adolescentes y su entorno.
Tema siempre de actualidad, pero agravado en los últimos tiempos que podríamos denominar de "crisis" educativa y de valores, propia de la sociedad que estamos construyendo y en donde se hace perceptible, con toda su fuerza, la "decadencia" de la función "nombre del padre".
La escuela y sus problemas de conducta
Daniel Korinfeld
“Me permitiré formular un deseo”, anunciaba quien por aquel entonces, hace ya más de treinta años, era una psicoanalista en su plena madurez intelectual “Que los psicoanalistas no tengan que vérselas más que con casos referidos a los desordenes profundos de la vida simbólica, que se originan antes de los cuatro años y no con las dificultades de conductas de reacción sanas ante la vida escolar, efectivamente patógenas en la actualidad.”
Estas palabras de Françoise Dolto forman parte del prefacio a un libro de otra psicoanalista francesa, Maud Manonni, que como ella trabajó incansablemente con niños y adolescentes no sólo en el espacio específico de la clínica psicoanalítica sino en el espacio cotidiano de las instituciones en las que las personas de estas edades pasan gran parte de las horas de sus vidas.
Ese deseo así expresado se inscribe en la fuerte crítica a las instituciones en general - y entre ellas la escuela siempre fue un blanco relevante- que esta corriente de los años sesenta-setenta planteaba cuando apuntaba al estallido de las instituciones, su carácter alienante y patógeno al servicio de un determinado orden social injusto y propiciaba, entre otras cosas, la necesidad de escuchar a los niños y adolescentes y otorgarles la palabra; expresiones que en la actualidad no han perdido vigencia mientras que sí han aumentado y se ha agravado la complejidad de las situaciones y de los problemas allí planteados.
Si bien en treinta y tantos años son muchos los matices, diferencias, experiencias y análisis por señalar, la distinción que realiza no ha perdido actualidad y se convierte en una guía muy “práctica” tanto a la hora de analizar la problemática que nos ocupa en general, como este o aquel problema “de conducta” en particular.
La idea de las dificultades de conductas de reacción sanas ante la vida escolar, convengamos que no resulta fácil de asimilar en el ámbito escolar, cualquier educador apenas podría resistir la tentación de invitar a la reconocida psicoanalista –si eso pudiera ser posible- y a cualquiera de los “especialistas” - que siempre se imaginan como muy cómodos a la hora de sus reflexiones y sus análisis - a estar al menos quince interminables minutos en alguna de las aulas, de alguna de las escuelas del recorrido diario, cuando estas dificultades se presentan.
Quien que haya estado al frente de una clase puede saber de que se trata ese desafío y el costo y malestar que conlleva cuando no se encuentran las estrategias para seguir intentando guiar ese proceso de aprendizaje y escolarización.
Pero esta entrada para pensar lo que denominamos problemas “de conducta” ubica las coordenadas iniciales para analizar el tema y replantear nuestras acciones. Y el camino elegido es pensar inicialmente “los problemas de conducta” como síntoma: de la Escuela.
Aunque la perspectiva de la crisis de la educación y de la escuela se haya diferenciado desde los primeros análisis estructurales del que el fragmento seleccionado es tributario, nos conduce a interrogantes aún fecundos. Es decir, que dice la Escuela de lo que padece, que tiene que ver con los problemas de conducta de los alumnos, que la desgastan, la hacen sufrir y la espantan – estamos tratando de darle el color y el tono que estos conflictos suelen tener para los propios actores institucionales -.
Las preguntas pueden continuar respecto de como aborda las nuevas configuraciones de la cultura de la que forma parte activa, como se piensa a sí misma en la tarea que desarrolla, como da cuenta de los profundos cambios de roles, funciones y expectativas que se vienen observando en niños, adolescentes y adultos; como se articulan las personas que viven las instituciones a los conflictos y síntomas que hacen allí hacen aparición.
A menos que pensemos que las conductas y comportamientos son absolutamente “individuales” y no se configuran en los contextos e interacciones que los conforman, los intensifican o atenúan será este un recorrido necesario para poder incluir a los padecimientos afectivos y sociales que portan y sostienen los niños y adolescentes que pueblan sus aulas y fijar el campo de las posibilidades y de los límites, cada vez.
Las investigaciones, la experiencia y la observación cotidiana nos sigue indicando que más allá de las condiciones en que se desarrolla la tarea educativa – y estamos hablando hoy en muchos casos de situaciones objetivas de emergencia social- gran parte de las posibilidades de desarrollar la tarea pedagógica están vinculadas con la conducción y el grado de cohesión y las propias posibilidades de los docentes y directivos de trabajar sobre sus propios “problemas de conducta”, es decir una cuestión de definición y coherencia de una política y algunas modalidades para ir resolviendo los problemas del trabajo cotidiano de un modo democrático y suficientemente subjetivizado.
Es que los problemas de conducta de los alumnos, más o menos referidos al contexto escolar, más o menos conformados como síntomas, siempre entramados en las vicisitudes de la comunidad, emplazan a la escuela a mantener los ojos bien abiertos, las orejas atentas, a propiciar la palabra y señalar la existencia de la ley, en el devenir de la casi obligada infidelidad que los jóvenes le deben a los educadores y a sus padres.
Las vías, difíciles sin duda, de establecer otras formas de convivencia en las escuelas, con inserciones, roles y nuevas formas de regulación de la vida escolar son auspiciosas según nuestro criterio - transformar funcionamientos institucionales casi centenarios no es tarea de pocos días- y en estos nuevos espacios inventar alternativas a las formas instituidas y burocratizadas del quehacer pedagógico.
Los conflictos de la vida escolar, las problemáticas de los grupos de adolescentes - por ejemplo -, el ruido como resistencia al aprendizaje, las tensiones intragrupo, las situaciones de discriminación y de violencia, aún los actos más singularizados que infringen las normas de convivencia social en la escuela merecen un abordaje institucional como enfoque y colectivo en su procesamiento y búsqueda de respuestas.
Algo borrosas tal vez y todavía desenfocadas, otra educación y otra escuela se sobreimprimen en las imágenes de las escuelas de hoy; necesariamente irán siendo distintas, renovarán sus esperanzas y sin dudas sus problemas; permitámonos formular y poner en marcha esos deseos.
Revista Novedades Educativas Nº 151, Ediciones Novedades Educativas, Buenos Aires, julio 2003.
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En definitiva, en búsqueda del hombre EXCELENTE. Hoy, el Capitalismo y el Socialismo buscan una Economía de Ganancia, donde el HOMBRE queda reducido a la mediocridad que se ofrece a nuestros jovenes en las escuelas y en la sociedad. Todo eso hay que cambiarlo si queremos un ensayo donde veamos mayor salud mental.
El tercer asunto que rodea al fenómeno HOMBRE y al que tenemos que estar atentos si queremos un joven cuyos circuitos neuronales de gozo están en FUNCIONAMIENTO, que es lo contrario de ansiedad y neurosis actuales, no tiene que ver con la sociedad, con la Ley, ni con la ética, sino con la SOLEDAD. Para ésta hay un tal Jesucristo que no tiene nada que ver con la Religión, sino que habla al individuo y dice que sentir la Presencia de Dios dentro del alma hace correr ríos de aguas de vida, esto es, que el asunto de la soledad desaparece para dar lugar a otro asunto que se llama ple...
El joven en la Gran Democracia tenía dos asuntos: sabía que él sería el impulsor de la evolución de la sociedad
en lo público, y por lo tanto, se forjaba en LEGISLADOR. Todos los ciudadanos libres lo eran: ellos no dejaban a un 'partido' para que elaborara las leyes, lo hacían ellos. Ellos sabían de economía, de sociología
, de derecho, se instruían en la ciencia y en la tecnología, sabían de leyes de oferta y demanda: su cerebro emocional estaba en consonancia con el papel que la sociedad de los HOMBRES le sugería, y la satisfacción de esa parte del ser estaba asegurada para las nuevas generaciones.
El otro asunto era el de su vocación de defensor de la comunidad. Su cuerpo era formado en la palestra, allí no había tal cosa como 'pasar el curso' aunque no se apruebe una asignatura. En la cultura llamada de 'vergüenza', todos sabían quien tiene fue...
Gracias.
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Jorge Gómez Alcalá
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