C.G. Jung
04.04.08 @ 10:10:00. Archivado en Personajes, Violencia, Psicoanálisis, Cultura, Filosofía, Política, Psicología, Religión, Salud Mental
Jung fue uno de los discípulos más destacados de Freud. Pero sus diferencias con el padre del psicoanálisis fueron de gran magnitud como para cerrar su amistad y cualquier relación personal.
Fundó su propia escuela basada, en lo fundamental, en un alejamiento de las tesis freudianas que otorgan a la sexualidad un papel primordial, y en hacer primar los aspectos subjetivos caminando progresivamente pero sin pausas hacia el fenómeno religioso.
Es muy importante en su teoría el concepto de inconsciente colectivo, derivado de las primeras tesis de Freud, pero muy alejadas del concepto tal como lo desarrolló el propio Freud y como hoy lo conocemos de la mano de Jacques Lacán.
Sin embargo este extracto que me envía Graciela Prepelitchi de su texto "Presente y Futuro" me parece de gran importancia. Se aproxima al problema de la "maldad" del hombre desde sus propias concepciones aunque desconociendo el concepto de Pulsión, sobretodo la de "Muerte", elaborados por el maestro vienés a partir de 1920.
El conocimiento de sí mismo
A la cuestión de la experiencia religiosa sólo hay respuesta positiva si el hombre está dispuesto a satisfacer el requisito de riguroso autoexamen y autoconocimiento. Si cumple este propósito, que está al alcance de su voluntad, además de descubrir muchas verdades sobre sí mismo ganará una ventaja psicológica: logrará poner seria atención y tomar un vivo interés en sí mismo. Con lo que, en cierto modo, firmará ante sí propio una declaración de la dignidad humana y dará al menos el primer paso hacia la aproximación al fundamento de su conciencia, el inconsciente, que es la fuente de experiencia religiosa que por lo pronto se nos ofrece.
Esto no significa en absoluto que el llamado inconsciente sea cuasi idéntico con Dios o tome su lugar; es el medio en el cual, para nosotros, parece originarse la experiencia religiosa. La causa remota de tal experiencia está fuera del alcance de la capacidad cognoscitiva del ser humano. El conocimiento de Dios es un problema trascendental.
El hombre religioso tiene una ventaja en lo que respecta a la respuesta al interrogante suspendido sobre el hombre presente: tiene al menos una clara idea de que el fundamento de su existencia subjetiva es la relación con "Dios". Escribo la palabra "Dios" así, entre comillas, para indicar que se trata de una representación antropomorfa, cuya dinámica y simbolismo se dan por conducto de la psiquis inconsciente.
Cada cual puede siquiera aproximarse al lugar de origen de tal experiencia, crea o no en Dios. Sin esta aproximación, sólo en muy contados casos sobreviene la conversión milagrosa, cuyo prototipo es la experiencia de San Pablo en el camino de Damasco. La existencia de experiencias religiosas ya no necesita ser probada. Mas será siempre dudoso si lo que la metafísica y la teología humanas llaman Dios, o dioses, es efectivamente la raíz de tales experiencias.
En rigor, esta pregunta está de más, quedando contestada por la numinosidad subjetivamente sobrecogedora de la experiencia; la persona que la tiene está exaltada, anonadada, y por lo tanto no está en condiciones de hacerse ociosas reflexiones metafísicas o gnoseológicas al respecto. Ante la plena certeza que está en la evidencia de la experiencia, huelgan las pruebas antropomorfas.
En vista de la general ignorancia y prevención en materia psicológica, es una verdadera desgracia que la única experiencia en que se funda la existencia individual parezca originarse justo en un medio librado al prejuicio general. Una vez más se oye expresar la duda: "¿Acaso de Nazaret puede salir cosa buena?" El inconsciente, cuando no pasa por una especie de pozo negro situado debajo de la conciencia, es considerado, cuando menos, como "naturaleza meramente animal".
En realidad, empero, es por definición de extensión y naturaleza inciertas, de manera que ni la sobreestimación ni la subestimación tienen objeto, debiendo desecharse como prejuicios. De cualquier forma, tales juicios resultan cómicos en boca de cristianos cuyo señor mismo nació sobre la paja de un establo, en medio de animales domésticos. Sería más a tono con el gusto prevaleciente que hubiera venido al mundo en el Templo.
Análogamente, el hombre-masa profano espera la experiencia numinosa en la concentración monstre, que es un fondo mucho más imponente que el alma individual humana. Y tan nefasta ilusión hasta es compartida por cristianos de orientación clerical. El papel, establecido por la psicología, que corresponde a los procesos inconscientes en la génesis de la experiencia religiosa es en extremo impopular, en el sector de la Derecha no menos que en el de la Izquierda.
La primera entiende que lo decisivo es la revelación histórica, deparada al hombre desde fuera, y la segunda sostiene que el hombre carece de toda función religiosa, como no sea la fe en la doctrina del Partido, en la cual sí debe creerse incondicionalmente. Agrégase a ello que los distintos credos afirman cosas muy diversas, no obstante lo cual cada uno pretende ser el depositario de la verdad absoluta.
Pero hoy día el mundo es uno y las distancias va no se miden por semanas y meses, sino por horas. Los pueblos exóticos ya no son seres raros que contemplamos pasmados en el museo etnológico; se han tornado en vecinos nuestros y lo que antaño fue especialidad del etnólogo se convierte en problema político, social y psicológico de nuestra época. Ya incluso las distintas esferas ideológicas comienzan a compenetrarse, y no está muy lejano el día en que también en este terreno se planteará la cuestión de la coexistencia pacífica.
Ahora bien, el acercamiento mutuo habrá menester una íntima comprensión del punto de vista contrario. La compenetración que esto requiere tendrá consecuencias en ambos bandos. Indudablemente la historia pasará por encima de los que se empeñan en resistir esta evolución inevitable, por muy deseable y psicológicamente necesario que sea preservar lo esencial y bueno de la propia tradición. A pesar de todas las diferencias, terminará por imponerse la unidad de la humanidad.
La doctrina marxista se sitúa en esta perspectiva histórica, mientras que el Occidente democrático cree todavía arreglárselas con la técnica y con la ayuda económico-financiera. El comunismo no ha dejado de comprender la enorme importancia del elemento ideológico y de la universalidad de los principios fundamentales. Los pueblos exóticos comparten con nosotros el peligro de debilitamiento ideológico v son tan vulnerables como nosotros por este lado.
La subestimación del factor psicológico tal vez tenga consecuencias fatales. Ya es hora, pues, de acabar con nuestro atraso en este respecto. Por lo pronto, empero, las cosas seguirán como hasta ahora, pues el ineludible postulado del conocimiento de sí mismo es en extremo impopular; se le antoja a la gente ingratamente idealista, huele a sermón moralista y se ocupa de la sombra psicológica de la cual, si no se la niega del todo, nadie quiere saber nada.
Fuerza es calificar de casi sobrehumana la tarea planteada a nuestra época; exige máxima responsabilidad, si no ha de producirse otra trahison des clercs. Incumbe sobre todo a los dirigentes y a los influyentes que tienen la inteligencia suficiente para apreciar cabalmente la situación del mundo actual. De ellos podría esperarse un examen de conciencia. Pero como a más de la apreciación intelectual es menester la correspondiente conclusión moral, desgraciadamente no hay motivos para ser optimista. Sabido es que la naturaleza no es tan pródiga como para añadir a la agudeza mental los dones del corazón.
Por lo común, donde se da aquélla faltan éstos, y las más de las veces el perfeccionamiento de una facultad determinada se ha operado a expensas de todas las demás. De ahí que sea un aspecto particularmente penoso la desproporción que se suele comprobar entre la inteligencia y el sentimiento, en general reñidos entre sí. No tiene sentido formular como postulado moral la tarea que nos ponen nuestra época y nuestro mundo.
Cuando más, se puede exponer la situación psicológica existente tan claramente que hasta los miopes la pueden ver y expresar las palabras y las nociones que aun los duros de oído están en condiciones de oír. Cabe cifrar las esperanzas en el hecho de que existen gentes sensatas y hombres de buena voluntad, razón por la cual uno no debe cansarse de exponer una y otra vez los pensamientos y los conceptos que hacen falta. Al fin y al cabo, alguna vez ha de ser la verdad la que se difunda, y no siempre sólo la mentira popular.
Con lo que antecede, deseo hacer ver a mis lectores la principal dificultad que les espera: el horror en que últimamente los Estados dictatoriales han sumido a la humanidad no es sino la culminación de todas las enormidades cometidas por nuestros antepasados cercanos y lejanos. Además de las atrocidades y matanzas entre pueblos cristianos que abundan en la historia europea, el hombre europeo por añadidura es responsable de lo que sus regímenes coloniales han hecho a los pueblos exóticos.
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Esto de 'dar alma' no es otra cosa que un fluir de sentimiento que el ser humano puede, primero desear, luego, concentrar en su pecho, y finalmente, hacer que llegue al corazón de aquel a quien quiere amar, una cosa así como impulsarlo para que 'tome': en este caso, a Dios, y Él, al recibir tal amor, lo siente, ... se estremece.. y vierte a su vez toda su Alma en el alma de aquel hombre, ya privilegiado... porque ya 'sabe' cómo se hace para estremecer de amor a quien se ama.
Jesucristo sabía esto, y es la razón por la que la 'presencia' de Dios la tenía, y con ella 'tocaba' a quien él hablaba. Todo lo demás vendrá por añadidura.
Porque si entendemos como 'gozo espiritual', no una creencia o pensamiento, sino una acción para gozar, ... comprenderemos pronto que la zona límbica, amigdala, hipotálamo y circuitos neuronales de placer relacionados solamente entrarán en estado de flujo de neurotransmisores si el portador de ese cerebro 'hace' algo para que esto ocurra.
Para poder hacer que el sentimiento pueda manar del ser, hay primero que convencerlo de que está LIBRE de culpa, y para ello, es valioso, tanto pensar que la norma NO estaba nunca dada por Dios, como decirle a la mente que la Sangre de Jesucristo ya ha 'borrado' todo peso de culpabilidad. Es una especie de programación neurolinguistica
que la mente recibe como agua de mayo.
¿es posible que dos seres puedan fusionar el alma en un acto de amor-pulsión, algo tangible y sujeto a la voluntad del s...
, sino el HOMBRE; y requiere poner cada cosa en su sitio, como siempre que se quiera ver claro.
1. El hombre necesita ... SENTIMIENTO.
2. El animal humano necesita unas normas para hacerse 'civilizado', esto es, para seguir en la Evolución: eso es, aparte todo lo demás, la causa de su neurosis.
Primera conclusión: Dios nunca pudo dar una norma o ley al hombre, porque las leyes son evolución.
Segunda conclusión: la neurosis que da al subconsciente -y consciente-, un Dios juzgador no es idea coherente, sino errónea. De esta idea se detraen muchos males en el pasado y presente, tanto para la cosa pública, como para el interior del ser, quien se siente incapacitado para tener una fusión con 'Alguien' tan extremadamente justo como aquel cuya ley 'nunca cambiará' y que además, está 'separado' por un pecado original y otro cuotidiano.
2. Si conseguimos aislar el asunto de la norma sólo al c...
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Jorge Gómez Alcalá
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