Carta de una mujer argentina a Simone de Beauvoir
25.03.08 @ 10:01:13. Archivado en Personajes, Literatura, Cultura, Política, Salud Mental, Sexualidad, Otros Autores, Prensa
Publicada en la contratapa de Página 12, encontré esta tierna carta de la Psicóloga Liliana
Mizrahi. De entre sus líneas surge el reconocimiento a la vida y a la obra de esa extraordinaria mujer que fué Simone de Beauvoir.
Merece ser difundida por la belleza con que fue escrita, pero sobre todo para no olvidar el legado de una luchadora infatigable que se convirtió en un hito en la lucha que libran las mujeres por su libertad.
Lucha dificil como ninguna, pero que en el largo camino emprendido podemos reconocer algunos avances importantes.
Siempre a pesar de nosostros, los hombres, quienes somos los principales beneficiados de esa esclavitud y colocamos, más o menos conscientemente, multitud de guijarros en su largo camino.
Tan dificil es la lucha de las mujeres como a los hombres aceptarlas en pie de igualdad de derechos, de oportunidades, de cualidades.
Mucho tiempo hace falta para lograr lo que tal vez tenga un sesgo de utopía. 2000 años decía Francoise Hèritier. Pero ya no nos cabe duda que ellas están en el camino.
Nuestra solidaridad y simpatia por el logro de sus objetivos, incluso a pesar de nosotros mismos.
CARTA A SIMONE DE BEAUVOIR
Una mujer terrible
Por Liliana Mizrahi *
"La vida del espíritu es exactamente eso: vivir pensando y comprender."
Julia Kristeva, El genio femenino, Tomo 1
Cuando publicaste tu primera novela La invitada (1943), yo recién nacía. No sé bien cómo, pero tus ideas caminaron por el espacio y llegaron hasta mi casa.
Las mujeres, te cuento, seguimos saliendo del sopor de los prejuicios y las convenciones tradicionales y habitamos la lucidez de la vigilia reflexiva. Y vos lo sabrás, las mujeres lúcidas ya no esperan.
Me parece comprender que nuestros conflictos de liberación, como mujeres, estaban trivializados por las convenciones culturales. Simplificar las realidades complejas, trivializar lo problemático, es siempre un drama.
Simone, vos lo sabés: una mujer que conquista su lucidez no tiene retorno. El camino de la inteligencia es irreversible. Las mujeres estamos dejando de ser ausencias-presencias, secundarias y silenciosas, sumisas y complacientes, ocupamos lugares de poder político, empresarial, económico, intelectual o científico. Sin embargo, el abuso y la opresión existen.
Ahora que te pienso, a 100 años de tu nacimiento, si algo te envidio, es el permiso que tuviste, desde el comienzo, para ser inteligente y crítica, que es el auténtico modo de ser libre. Te resultó más fácil que a otras.
A mí me facilitaste el camino. El anhelo de libertad estuvo siempre en la mayoría de nosotras. Ese anhelo nos da la maravillosa sensación de estar en la vida. La pasión hoy de la mayoría de las mujeres es la misma que vos tuviste: comprender, aprender, saber, comunicar.
En 1927, te licenciaste en Filosofía y escribiste:
"Sartre, correspondía plenamente al compañero que yo había soñado desde los 15 años. Era el doble en quien encontraba incandescentes todas mis manías. Siempre podía compartirlo todo con él" (Memorias de una joven formal).
Viviste en un tiempo interesante de la historia, y lo supiste aprovechar. La posguerra abrió una brecha por la que fluyeron nuevas ideas capaces de representar a una juventud diferente. El existencialismo rompió con los valores del pasado y ofrecía una ética nueva. Existir era reformular la existencia. "Vivir es la voluntad de vivir" (Por una moral de la ambigüedad, 1947).
En 1949 se publicó El Segundo Sexo, el ensayo feminista más importante del siglo XX. (Se vendieron 22.000 ejemplares la primera semana.) Tus ideas caminaron y caminaron por el espacio, la tierra estaba fértil, las conciencias femeninas abiertas y receptivas, era el momento: las mujeres estaban ávidas de libertad y vos comprendiste que la libertad no puede ser retórica o ilusoria, la legitimaste con tu vida. Y aún hoy seguimos aprendiendo que la libertad es comprometida o no es libertad.
Te imagino lo mejor que puedo: con un padre abogado de extrema derecha, que aspiraba y se debatía con ideales aristocráticos, y una madre puritana, ultracatólica. Los burgueses Beauvoir, después de un tiempo y empujados por un abuelo especulador que terminó en la cárcel, cayeron en la bancarrota y se reconocieron: pobres. Debieron mudarse a un modesto departamento, incómodo y precario.
Vos y tu hermana Helene estuvieron determinadas por una férrea moral cristiana y por los mismos convencionalismos sociales y morales que sumergieron en la ajenidad de sí mismas a casi todas las mujeres. Sin embargo... en poco tiempo (ése es el punto)... reconociste tus deseos. Te diste cuenta de lo que querías, muy tempranamente y lo legitimaste. No opacaste tu conciencia, tuviste permiso para abrirla y darles rienda suelta a tus anhelos. No todas tuvimos ese privilegio, vos sí y lo supiste aprovechar, de algún modo nos sirvió a muchas.
Sabrás que "el que desea y no obra engendra peste", dice Blake, y eso es lo que pasa todavía con muchas mujeres. Desean y no realizan sus deseos.
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Jorge Gómez Alcalá
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