La función de los intelectuales
19.03.08 @ 09:37:37. Archivado en Psicoanálisis, Cultura, Filosofía, Política, Otros Autores
Decir que los intelectuales cumplen una importante función socio-cultural es una obviedad.
De todos ellos podremos aprender algo, aunque más no sea ponernos a pensar.
Los psicoanalistas formamos parte de este sector tan especial,porque para llegar a ser un buen analista no basta con los conocimientos adquiridos en la universidad. Sean éstos de medicina o de psicología.
Además de los conocimientos obtenidos de otras fuentes, filosofía, lingüistica, antropología,etc, el psicoanalista debe ser un sujeto curioso. Un ser interesado por todas las cosas que suceden en este mundo y por las peculiaridades de los que lo habitamos.
Presento aqui a Enrique Carpintero, autor del libro cuyo título figura más abajo, quien se cuestiona el papel de los intelectuales en la sociedad contemporánea, época de convulsiones profundas, del endiosamiento del dinero, del consumo y el anhelo de triunfo y de poder.
Pasiones humanas,llevadas hoy a la desmesura.
Época de fuertes y profundos contrastes y en donde también (como no), se pretende fabricar intelectuales " a la carta", sujetos entregados al sistema, que hayan rendido sus armas, su capacidad crítica, a los pies del altar capitalista.
La alegría de lo necesario.
Las pasiones y el poder en Spinoza y Freud
Enrique Carpintero
Acerca de la función de los intelectuales
Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.
Anónimo
En un artículo publicado en la revista Topía (1) se comentaba que hace unos años
el escritor Antonio Tabucchi (2) había iniciado una polémica con Umberto Eco
sobre la función de los intelectuales. Este último decía que “el intelectual trabaja
para el largo tiempo, no sirve para el acontecimiento”. Como ejemplo planteaba:
“si hay fuego el intelectual debe llamar a los bomberos...” y, continuaba “no se le
puede reprochar a Platón el que no hubiera propuesto un remedio para la
gastritis”.
Por el contrario, Tabucchi afirmaba que la tarea del intelectual es
precisamente esa: “reprochar a Platón que no inventara el remedio para la
gastritis”. Esa es la “función esporádica” ya que, “no es crear una crisis sino
poner en crisis a algo o a alguien que no sólo está en crisis, sino al contrario, que
está muy firmemente convencido de sus posiciones”.
En este sentido, cualquiera puede ser un intelectual pues éste es un simple “ciudadano que no se contenta con votar según sus necesidades y sus ideas, sino que, tras votar, se interesa por
el resultado de ese acto único y, guardando las distancias respecto a la acción
necesaria, reflexiona sobre el sentido de esa acción y, según las ocasiones, habla
y calla”.
En estos tiempos donde -según Robert Castel- predomina el “individualismo
negativo” (3) se nos ha hecho creer que el semblante del intelectual es anticuado o
improductivo. Sin embargo, son los políticos de las clases dominantes quienes
han abdicado de los ideales para crear un imaginario de seducción y miedo a
partir de hechos que ellos mismos producen. Estos políticos pragmáticos sólo
hacen política desde y para afianzar su poder y necesitan intelectuales
pragmáticos que se transforman en mensajeros de la gestión del político,
convirtiéndose en los nuevos intelectuales del determinismo histórico y el
economicismo a ultranza. Es decir, un intelectual del poder que construye
significaciones sociales acordes con los valores del mercado neoliberal capitalista:
las fundaciones de empresas monopólicas, las grandes editoriales, los medios de
comunicación, los centros académicos, los laboratorios, las empresas de
medicina, etcétera.
Es que, como dice Pierre Bourdieu “...el discurso neoliberal no es un discurso
como los demás. A la manera del discurso psiquiátrico en el manicomio, según
Erving Goffman, es un discurso fuerte, fuerte y difícil de combatir, porque cuenta
a su favor con todas las fuerzas del mundo de relaciones de fuerza que contribuye
a que sea tal cual es, especialmente orientado a las opciones económicas de los
que dominan las relaciones económicas y añadiendo así su propia fuerza,
típicamente simbólica, a esas relaciones de fuerza.” (4)
De esta manera, el pensamiento neoliberal es una ideología totalitaria; no da
alternativa: “nosotros o el caos”. En realidad plantean que: “o hacen lo que
decimos nosotros o transformamos la sociedad en un caos a través de la
economía.”
Este pensamiento único, ya no es una técnica sino una ideología que
domina el mundo. A cualquiera que quiera cuestionar este orden establecido se lo
acusa de mesiánico, de delirante, o de querer volver al pasado ¿cómo alguien va a
cuestionar una sociedad moderna, madura y libre, en la que cualquier ciudadano
puede comprar en un supermercado desde hamburguesas hasta ideas listas para
usar?
Pág. 1 2
Comentarios:
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Sdos.. l
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Jorge Gómez Alcalá
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