La esperanza de las mujeres
14.03.08 @ 16:54:29. Archivado en Personajes, Cultura, Filosofía, Salud Mental, Sexualidad, Prensa
Verónica Gago realiza una entrevista a la pensadora francesa, Francoise Hèritier, previa a la presentación de la segunda parte de su libro Masculino/Femenino.
Esta feminista estuvo en Argentina a ese efecto, circunstancia propicia para conocer un poco más de ella, de sus teorías y de las perspectivas de emancipación de la mujer en un mundo hecho a la medida de los hombres.
Dos mil años son nada
Antropóloga y feminista, la francesa Françoise Héritier habla de la anticoncepción y el aborto como la gran “palanca histórica” que podría cambiar la vida de las mujeres, signada desde hace casi un millón de años por la relación jerárquica con los varones. Con renovado optimismo, esta discípula de Lévi Strauss dice en el segundo tomo de Masculino/Femenino que disolver esa jerarquía es posible, aunque llevará miles de años.
Por Veronica Gago
La antropóloga francesa Françoise Héritier estuvo en Argentina para presentar su nuevo libro: Masculino/Femenino II (Fondo de Cultura Económica). Su primer tomo (editado hace diez años) tenía como subtítulo El pensamiento de la diferencia y marcaba una opción teórica; este nuevo trabajo postula además un programa político: Disolver la jerarquía. Especialista en simbología corporal, esta discípula del antropólogo Lévi Strauss había constatado que la jerarquía en la representación de la diferencia sexual proviene históricamente de que las mujeres pierden su sangre sin poder impedirlo mientras que los hombres lo hacen voluntariamente (o accidentalmente) en guerras o en actos consentidos.
De allí, Héritier dio un paso más: se ocupó de las leyes de intercambios de mujeres como modo de apropiación masculina del cuerpo femenino y de su fecundidad y comprobó que la “valencia diferencial de los sexos” está en el origen mismo de lo social: las mujeres fueron desde siempre consideradas esenciales para la supervivencia del grupo. La necesidad de desposeerlas de su capacidad de procreación, repartírselas entre los hombres y confinarlas a unas tareas domésticas previamente desvalorizadas –dice la autora en este nuevo libro– se debe a que “para reproducirse como idéntico, el hombre está obligado a pasar por el cuerpo de una mujer”.
Desestimando interpretaciones que hablan de la envidia de las mujeres por el pene, Héritier explica que el origen de la dominación de un sexo sobre otro está en el control de esa “inexplicable” capacidad femenina de concebir por sí misma lo idéntico –mujeres– y lo diferente –varones–.
De modo que para disolver la jerarquía lo primero es reconocer que las mujeres tienen derecho a disponer de sí mismas y de sus cuerpos: para Héritier el derecho a la anticoncepción y al aborto son la gran “palanca histórica” para cambiar la vida y las representaciones de las mujeres.
¿En qué se diferencia este nuevo Masculi-no/Femenino de su investigación anterior?
–El primer volumen era muy etnológico, fundado en mi trabajo previo sobre las cuestiones relativas al parentesco, la alianza y el incesto: fue allí donde comprobé las constantes estremecedoras que significaban una inferioridad casi natural de las mujeres, incluso dentro del lenguaje. Entonces traté de entender de dónde venían esas representaciones universales que no tenían a las mujeres como sujetos de derecho, es decir, como seres libres de disponer de sí mismas y de su cuerpo y libres de acceder a los estudios y las funciones que eran propias de los hombres. El primer volumen describía más bien una situación y dejaba cierta sensación de desesperanza porque trataba de demostrar cómo esas cosas estaban anudadas desde los orígenes de la humanidad pensante, no por cuestiones biológicas, sino a partir de la reflexión que se hacía de ciertas observaciones. Pero luego comprendí que hubo en las últimas décadas acontecimientos mayores que abren la posibilidad de una igualdad, aun si no es para hoy mismo. Me refiero fundamentalmente al derecho oficial a la anticoncepción y al derecho al aborto, capaces de hacer cambiar el modelo de relaciones entre los sexos que llamamos arcaico en tanto modelo jerárquico y raíz misma de todas las discriminaciones y racismos. Si logramos cambiar el paradigma, se trataría de una revolución que implica el trabajo conjunto de varones y mujeres, y que puede llevar unos dos mil años, porque el modelo se construyó en alrededor de 750 mil años. ¡Si en dos mil podemos demolerlo es una gran cosa!
No suena muy optimista...
–Es porque las resistencias son muy fuertes y el modelo se transmite solo: cuando lo vivimos no lo pensamos y lo transmitimos a nuestros hijos desde que nacen. Por ejemplo, en una de las comunidades africanas que estudié pero que sirve para entender un modo universal, si el bebé varón lloraba había que acudir inmediatamente a atenderlo y, en cambio, si una bebé mujer lloraba el trato era otro. Esto supone que el enojo de un varón recién nacido es así por naturaleza: él es impaciente y hay que satisfacer rápidamente su demanda, mientras que una chica tiene que aprender a ser paciente la vida entera y hay que enseñárselo desde que nace. Esto crea dos tipos de individuos: los varones que piensan que es natural que se satisfagan sus deseos inmediatamente y las mujeres que están condenadas a la frustración. Además, otro problema que tienen las resistencias es que no podemos confiar en pedirles a los varones –en un espacio de dos o tres décadas– que renuncien a todos los privilegios que ellos consideran que les son naturalmente concedidos. Esto quiere decir que es necesaria una reflexión política común, especialmente al nivel de la educación, para descubir juntos cuáles son las ventajas para ambos sexos de la igualdad.
Pág. 1 2
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Jorge Gómez Alcalá
autor
Contacto


