Laicismo y clericalismo
27.02.08 @ 10:31:26. Archivado en Cultura, Psicología, Religión, Otros Autores, Investigación
Jorge Raices Montero,psicólogo de los grupos de salud mental de Yahoo, me envía esta perla
imperdible del historiador Fisac Seco.
Siguiendo la línea de denuncia que realiza la Federación Internacional de Ateos, este trabajo profundiza, con gran conocimiento, en las raíces del pensamiento y la teología cristiana para hacernos conocer los fundamentos de su política y de su acción.
Laicismo, clericalismo y sociedad civil. La imposible modernización de la Iglesia y del Antiguo Régimen
Javier Fisac Seco, historiador.
La beligerancia de la jerarquía católica, único magisterio en cuestiones de doctrina y moral, contra la soberanía nacional, impulsada por todos los papas desde la Revolución francesa hasta hoy por el actual Papa, quien, en sus agitados mensajes no desaprovecha para cuestionar la legitimidad legislativa de los parlamentos democráticos y exigir su sumisión a la “moral cristiana”, nos ha dejado al descubierto dos cuestiones: la del laicismo y la de las “diferentes corrientes, tendencias y divisiones que existen dentro de la Iglesia Católica”, según afirman los modernistas católicos. A estos dos asuntos quiero dedicar este artículo citando las declaraciones que, sobre este tema, ya habían hecho los papas desde el siglo XIX. Que no se lo pierda nadie, hablan por sí solas.
Sobre la cuestión terminológica del lo laico, muy a propósito me vienen las palabras de Juan Francisco González Barón, presidente de la asociación Europa Laica, quien en su exposición ante el I Concilio Ateo, recientemente celebrado en Toledo, decía: “El propósito de estas nociones y estas dicotomías analizadas: laicidad frente a laicismo, laicidad inclusiva frente al modelo institucional francés de laicidad sin adjetivos, laicismo moderno frente a laicismo a secas… es siempre el mismo: el establecimiento o la consolidación de un poder espiritual al que todos debemos plegarnos, constreñidos a ello por los poderes públicos en su papel de brazos seculares.”
Evidentemente, detrás del debate siempre encontramos a personas de creencia católica a las que parece costarles trabajo resignarse a ser sencillamente ciudadanos. Y es que no debemos olvidar que el término laico fue creado por el clero cristiano para dejar establecido que existen dos sociedades: la clerical/religiosa y la laica/religiosa, ambas sometidas a la dirección del clero. Es la tradicional teoría política religiosa sobre el origen del Poder, expresada por primera vez en el siglo V como teoría de las “dos espadas”. El laicismo es un término de reminiscencias religiosas en su origen, aunque hoy se haya vuelto en su contra. No obstante, a mí no me gusta el término porque da por supuesto que aunque no seamos católicos, aunque no fuéramos practicantes de religión alguna, aunque fuéramos ateos, implícitamente estamos reconociendo que, efectivamente, si existe lo laico también existe lo religioso. Dos sociedades paralelas dispuestas a tutearse.
Savater en sus “cinco tesis sobre laicismo”, se expresa con la mayor normalidad en términos de sociedad laica como si hubiera una sociedad religiosa. Victorino Mayoral habla con la mayor naturalidad de pasar de un “Estado confesional a un Estado pluriconfesional” y de “libertad religiosa” asociada a las religiones o iglesias (“El laicismo aún espera turno”, El País, 24-I-08). Y lo hacen desde posiciones progresistas. A Peces-Barba le extraña y sorprende que el laicismo sea "una actitud enfrentada y beligerante con la Iglesia" (“Sobre laicidad y laicismo, “El País, 19-IX-07). Pero ¿es que no conoce la historia de la Iglesia Católica y las razones del anticlericalismo, así como las constituciones de la Primera y Segunda Repúblicas? No ha entendido que la iglesia es el clero y que éste, su alto clero, formaba parte de los estamentos privilegiados, la aristocracia laica y clerical, y que lo lógico es que desapareciera con la caída del Antiguo Régimen ¿Cómo no va a ser beligerante el pueblo contra los privilegiados? Lo extraño hubiera sido lo contrario. Claro que, la solución la tiene con el nuevo palabro “la laicidad” porque "garantiza la neutralidad en el tema religioso, el pluralismo, los derechos y las libertades”. O sea que una democracia atea que defienda los derechos individuales, la felicidad, el placer y una moral progresista no represiva no garantiza el pluralismo, los derechos y las libertades.
Sin embargo, Rafael Díaz Salazar afirma, en su libro recién publicado “España laica”, lo contrario: "El laicismo no es antirreligioso"… "El proyecto laico no es antirreligioso. Su fin es fortalecer una ciudadanía moral y socialmente activa y a ello pueden contribuir las religiones y las iglesias". Pero, pregunto yo a Rafael, ¿cómo pueden contribuir las religiones a fortalecer la ciudadanía moral y socialmente activa, si no reconocen ni la soberanía nacional, ni al individuo como sujeto de derechos, ni la forma de gobierno basada en la democracia como más deseable que las teocráticas, absolutistas y dictatoriales? Según expuso León XIII en la encíclica “Inmortale Dei” sin cortarse un pelo, “sin duda ninguna si se compara esta clase de Estado moderno(el liberal democrático) de que hablamos con otro Estado, ya real, ya imaginario, donde se persiga tiránica y desvergonzadamente el nombre cristiano, aquél podrá parecer más tolerable. Pero los principios en que se fundan son, como antes dijimos, tales, que nadie los puede aprobar”.
¿Qué valores son esos, sigo preguntando a Rafael, que la Iglesia Católica puede aportar para enriquecer la moral progresista y ciudadana frente a la moral sexual represiva y religiosa? Que es su propia moral de origen y de casta. Este es el enigma que nunca nos desvelan los laicos católicos como Peces Barba o Díaz Salazar. Pero no hay que desanimarse. Yo seguiré esperando que nos sirvan en bandeja esa aportación “moral religiosa/humanista”. A fin de cuentas es esta aportación la que nos permitirá distinguir lo nuevo y lo viejo. A ver si se deciden.
¿No sería más acertado exigir a las religiones que incluyan en sus textos sagrados una declaración a favor de los “Derechos fundamentales”, de la democracia y del derecho a la felicidad y al placer sexual? Son ellos, el clero, quienes tienen que empezar a pensar como ciudadanos y a sustituir su moral sexual represiva por una moral progresista. Claro que, entonces, ¿qué función tendría la religión?
En los comienzos de las revoluciones liberales sólo un país y una persona volvieron a plantear la cuestión en términos clásicos: fue Jefferson, en los orígenes de los Estados Unidos, quien, declaró: “Creyendo con ustedes que la religión es un asunto entre un hombre y su Dios solo, por lo que no deben rendirse cuentas a nadie en función del dios en el que crea, que los poderes legislativos del gobierno alcanzan las acciones solamente y no las opiniones, contemplo con reverencia soberana aquel hecho en su totalidad. El pueblo americano declaró que sus legislaturas no deben "promulgar alguna ley con respecto de establecer una religión ni prohibir el ejercicio libre de ella," edificando un muro de separación entre la iglesia y el Estado. Adhiriéndome a esta expresión de la voluntad suprema de la nación a favor de los derechos de conciencia, veré con satisfacción sincera el progreso de aquellos sentimientos que tienen tendencia a restaurar al hombre todos sus derechos naturales, estando convencido que él no tiene derecho natural en oposición a sus deberes sociales”.
Poco después sería aprobada la “Virginia Statute of Religious Liberty”, la ley sobre libertad religiosa frente al Estado. Curioso. Pero no voy a detenerme, ahora, en esta brillante paradoja.
Porque lo que quiero destacar es que todas las revoluciones liberales no sólo establecieron la ruptura con la Iglesia Católica, sino que, ignorando el hecho religioso en sus constituciones, establecieron que “la soberanía es el pueblo”, (concepto que se irá dilatando con el paso del tiempo) y que la sociedad es una sociedad civil integrada por hombres (y en su momento mujeres) libres. Y son libres y ciudadanos porque tienen derechos a la libertad, a la seguridad, a opinión, a la expresión, a la creencia o incredulidad… etc.
Y esto es lo que yo quiero plantear en los mismos términos. Sólo existe una sociedad, la civil, constituida por ciudadanos libres que disfrutando de estos derechos individuales pueden creer o no creer en uno o más dioses. Por lo tanto, proclamado este derecho individual, huelgan otros conceptos, como el de libertad religiosa, porque la libertad, religiosa o de cualquier otro contenido, sólo puede ser un derecho individual y nunca el derecho de una organización o institución. Si admitiéramos este derecho corporativo entraríamos en contradicción con los derechos individuales que son, con el individuo, el único fundamento de la sociedad democrática. De manera que ningún Estado democrático puede establecer relaciones bilaterales, de igual a igual, con instituciones religiosas para acordar el establecimiento de privilegios a estas instituciones en nombre de un concepto supraindividual: la libertad religiosa, inexistente en cualquier declaración de derechos fundamentales. Las relaciones con las instituciones religiosas deberán ser como las que mantenga con cualquier otra asociación como una ONG, por ejemplo. Relaciones de soberano a súbdito. Dejando bien claro que los soberanos son los ciudadanos y los súbditos cualesquiera instituciones supraindividuales.
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Jorge Gómez Alcalá
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