Bruxismo
20.02.08 @ 10:29:12. Archivado en Psicología, Salud Mental, Otros Autores, Salud
Desde el Area de Salud Mental de los grupos Yahoo me llega una nueva entrega de la licenciada Graciela Prepelitche. Esta vez sobre un tema muy molesto y común. Un síntoma bastante generalizado que puede traer consecuencias muy desagradables y que al mismo tiempo es efecto o manifestación de una determinada situación que engendra angustia y/o ansiedad.
Está muy extendido y muchas veces el sujeto ni siquiera es consciente del síntoma.El porqué algunos sujetos lo padecen y otros no es algo que de momento no tiene explicación.
Lo que si está claro es de que además de ser atendido en forma particular, seguramente forma parte del conjunto de manifestaciones que cada uno puede expresar ante situaciones que le producen malestar.
Bruxismo
Boca apretada
En la ajetreada vida cotidiana, estrés es una palabra de mención constante, una situación común y socialmente aceptada como un mal necesario. Son incontables las molestias y enfermedades que esta condición causa. De esta lista destaca el bruxismo, término conocido desde 1931 cuando fue acuñado por un doctor alemán de apellido Frohmann. Sin embargo, desde principios del siglo XX ya se hablaba de bruxomanía e, inclusive, algunos estudiosos de la Biblia indican que desde tiempos ancestrales se viene haciendo referencia a este mal, pues, en el Antiguo Testamento se hace mención del "crujir y rechinar de dientes" refiriéndose a los castigos eternos. Y tal vez, quienes tengan un pensamiento un tanto apocalíptico, acepten con facilidad dicha sentencia, pues hasta el momento no se sabe a ciencia cierta los orígenes del bruxismo y tampoco se cuenta con un método eficaz para su cura.
"En mi consulta se ha incrementado el número de pacientes con esta disfunción. Llevándolo a términos de porcentaje, pudiera decir que cerca de 60% padece de bruxismo y, de esa cantidad, una gran mayoría ignora su situación, puesto que el apretar o rechinar los dientes, en la mayoría de los casos, es un acto involuntario. A esto se debe que algunos pacientes se nieguen a aceptar dicho diagnóstico y, por ende, se dificulte la realización del tratamiento", explica la odontóloga Emma Oliveros.
Ciertos estudios médicos sugieren que el bruxismo es uno de los desórdenes orofaciales más complejos, destructivos y persistentes. Se cree que de 6 a 8% de la población de edad media lo presenta y, hasta un tercio de la población mundial, en algún momento de su vida, lo ha sufrido. Suele presentarse al final de la adolescencia, entre los 17 y 20 años, aunque hay reportes que indican que ciertos niños también lo padecen. Tanto hombres como mujeres lo sufren en igual medida y acostumbra a disminuir con la edad. Algunas investigaciones revelan que el bruxismo afecta en mayor medida a quienes padecen de Síndrome de Down y a individuos con desórdenes en el sistema nervioso central.
Si bien no está ampliamente aceptado un patrón psicológico típico de los pacientes con esta enfermedad, algunos especialistas coinciden en que estas personas pueden ser impulsivas, extravagantes, irritables, pesimistas, temerosas, fatigables, pragmáticas y críticas.
Causas y tipos
"Aunque aún permanece indeterminada la etiología exacta de esta enfermedad -dice Oliveros-, inicialmente se creía que unos de los factores preponderantes era algún trastorno de la articulación temporomandibular (ATM), o ciertas lesiones de la corteza cerebral. Sin embargo, la observación clínica permite decir que esta disfunción puede aparecer en individuos normales cuyos agentes desencadenantes pueden ser ciertas circunstancias de tensión, nerviosismo, mala alimentación, problemas en la mordida, mala postura al dormir o abuso del alcohol o cafeína".
Los especialistas señalan que, generalmente, existen dos grupos de personas que sufren este problema: los bruxistas y los bruxómanos. Los primeros son aquellos que aprietan o rechinan los dientes durante la noche sin darse cuenta; y los segundos son, quienes lo hacen en el día y, en muchas ocasiones, de manera consciente. Pero también, ciertos individuos son presa de este acto tanto en el día como en la noche; según algunas investigaciones, el diurno es más común en los hombres y el nocturno en las mujeres.
Continuando con las clasificaciones de este padecimiento, se dice que el bruxismo es céntrico cuando se juntan fuertemente los dientes superiores y los inferiores, con lo cual se ejerce una gran presión en los músculos, los tejidos y en otras estructuras que rodean la mandíbula; además, se produce un desgaste muy particular en los dientes anteriores. El otro tipo, es denominado bruxismo excéntrico y se caracteriza por frotar y rechinar los dientes con movimientos complicados e irregulares que ocasionan gran desgaste de las piezas dentales, en unas más que en otras, dependiendo de la zona donde más se ejerza presión y del sentido del movimiento. Los ruidos que produce la persona que frota los dientes, pueden llegar a ser tan fuertes y molestos que, en algunas ocasiones, despiertan a quienes se encuentren durmiendo cerca.
Diagnóstico
El miedo generalizado al odontólogo o la falta de costumbre de someterse periódicamente a un chequeo dental, sumado a que el bruxismo, en la mayoría de los casos, se presenta de forma inconsciente, provocan que esta enfermedad sea de detección tardía. "Sólo cuando las personas tienen el hábito de asistir a la consulta -dice la especialista- el odontólogo puede darse cuenta a tiempo e implementar un esquema que permita frenar el deterioro y aliviar los malestares que éste ocasiona. Cuando se ha llevado una correcta historia clínica y el paciente comenta que está sufriendo de cefaleas, rigidez y dolor en el cuello, sensibilidad en los dientes, inconvenientes para articular la mandíbula, dolor de oído e insomnio, entre otros, males; y, además, se observan cambios en la superficie de los dientes, se puede establecer un diagnóstico seguro".
Oliveros señala que también se valen de radiografías y de mediciones de la altura facial inferior para completar el análisis. "A veces, el bruxismo es tan severo que las facciones de la cara cambian y la persona parece envejecida. Mediante una cefalometría (radiografía de la cara) y según unos valores preestablecidos se puede sacar una cuenta aproximada de cuánto volumen ha perdido y cuánto tiempo tiene con el padecimiento".
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Jorge Gómez Alcalá
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