La irrupción traumática de la sexualidad en la infancia
18.02.08 @ 10:20:16. Archivado en Violencia, Psicoanálisis, Literatura, Filosofía, Religión, Salud Mental, Sexualidad, Prensa
En la edición digital de Página 12, periódico de referencia en Argentina, se publicó el
siguiente artículo de la prestigiosa psicóloga Eva Giberti.
Fue en el mes de julio del año pasado. Trata de un tema dificil e importante: como irrumpe la sexualidad adulta en los niños y cuales son los efectos psicológicos, jurídicos y físicos que esto acarrea.
La extensa experiencia y los conocimientos de la profesora Giberti nos colocan frente al tema de manera muy acertada y sin hablarnos de "trauma" nos introduce en este concepto usando otros significantes, otras palabras, entre ellas la culpa.
Viene a cuento el artículo porque recordé las palabras de un miembro de la iglesia católica en su defensa de la conducta que había mantenido con un niño."Ellos a veces nos provocan".
EL TRAUMA DE LA IRRUPCION DE LA SEXUALIDAD ADULTA EN EL UNIVERSO INFANTIL Y SUS CONSECUENCIAS ULTERIORES
"Ponerle nombre a ese daño horroroso"
"Las violaciones, incestos y abusos (que son categorías diferentes) constituyen el soporte de la irrupción de la sexualidad adulta en la vida de la niñez: la profanación del sujeto/niñ@, la subversión del orden que garantice la convivencia entre adultos y criaturas."
Por Eva Giberti
Las citas bíblicas resultan esclarecedoras como antecedentes de violaciones e incestos en tanto irrupciones de la sexualidad adulta en el universo infantil y en la adolescencia, si bien no contamos con información suficiente para inferir los efectos de estas prácticas en sus protagonistas.
Si nos acercamos al mito bíblico, leeremos, a partir del Génesis, que en determinado tiempo varios ángeles descendieron a la Tierra por mandato divino. Tenían la misión de acercarse a Lot, quien habitaba en una ciudad que conocemos como Sodoma. En la primera mitad del capítulo 19 del Génesis, refiriéndose a la ciudad de Sodoma, se narra el intento de violación, llevado a cabo por algunos habitantes de la ciudad, contra los ángeles que se presentaron como huéspedes de Lot. El diálogo de Lot con esos que pretendían violar a los forasteros –alojados en su casa– es suficientemente explícito: "Y Lot les dijo: 'Hermanos míos, no cometáis semejante maldad. Tened en cuenta que yo tengo dos hijas que no han intimado aún con hombre alguno. Permitidme que se las lleve afuera para que podáis hacer con ellas lo que os plazca. Pero absteneos de hacer algo a estos hombres, porque han venido a guarecerse bajo mi techo".
Esta narración tiene un antecedente en el capítulo 19 de Jueces, que narraré sumariamente: un levita, con su mujer y su criado, no encuentra dónde alojarse, en la ciudad de Efraim; entonces, un anciano les ofrece hospitalidad. Vecinos de la ciudad pretenden violar al forastero y, para evitarlo, el dueño de casa les ofrece a su hija virgen: "Abusad de ella, haced con ella aquello que os plazca, pero con este hombre no cometáis semejante infamia". Se reitera el ofrecimiento de la joven virgen para la violación. La historia es más compleja: en paralelo, los vecinos deciden violar a la mujer del levita y así lo hacen durante toda la noche. Como consecuencia de ello y para evitarle el deshonor, su marido la descuartiza y reparte las doce partes de su cadáver entre las que serían después las doce tribus de Israel.
La historia de Lot no finaliza en el punto que mencioné. Cuenta el texto bíblico que las hijas de Lot provocaron incesto con él después de haberlo embriagado. Habrían procedido de ese modo porque, después de la destrucción de la ciudad de Sodoma, no quedarían hombres capaces de fecundarlas, y decidieron engendrar con su padre. Pero las hermenéuticas actuales avanzan con otra lectura: se supone que Lot fue quien decidió el incesto. Existe una frase bíblica que permite suponerlo concretamente: "Quien se separe a sí mismo busca el deseo", lo que aclara que Lot deseaba a sus hijas.
No resulta difícil reconocer la misma estrategia canónica, inicialmente desde el mito bíblico: la responsabilidad es siempre de las víctimas; son ellas las que causan la tentación. Y de ese modo se intenta gestar falsa memoria en las víctimas, tal como sucede actualmente. Este intento de provocar sentimiento de culpa y confusión en las víctimas constituye un clásico de las intervenciones actuales con los niños y niñas víctimas, ya sea por parte de las familias cuanto de las instituciones judiciales, salvadas sean las excepciones.
La actual interpretación de los hechos anteriormente descriptos reclama la perspectiva propia de los textos considerados sagrados; en este modelo que expongo, la violación amenazante de la sexualidad de los varones (calificada como infamia), viola además las sagradas leyes de la hospitalidad, ya existentes en la Grecia Antigua. Corresponde interpretar que de este modo se rompe la frontera entre lo divino y lo humano, metafóricamente asociado a imponer la propia voluntad sexual contra la aceptación de quien sería la víctima: el quiebre de un orden establecido.
Lo que no resulta sencillo para nuestra comprensión es asumir que entregar a las hijas vírgenes, como prenda para salvaguardar la integridad anatómica de un varón, forme parte del orden establecido. Como no sea debido a mandatos patriarcales, religiosamente protegidos.
¿Cuál es la relación entre estos textos y la irrupción de la sexualidad adulta en las vidas de niñ@s y adolescentes?
En estas descripciones será preciso tener en cuenta que la evaluación moral de los hechos depende del modo de percibirlos, o sea, de aprehender la presencia del otro al mismo tiempo que reconocer la existencia del daño y del dolor de ese otro. Lo cual demanda eludir las propias inhibiciones y cegueras personales derivadas de concepciones ideológicas que no han sido revisadas y contrastadas con otros criterios.
Aplicamos nuestros valores según sea la forma en que se describen los hechos, particularmente cuando aprendemos en la experiencia familiar y/o escolar: por ejemplo, para quienes no se atreven a revisar las descripciones del texto bíblico, los hechos sucedieron como siempre nos enseñaron, o sea, las hijas de Lot se aprovecharon de su padre embriagado. Para otras lecturas, se elude la ceguera que reproduce lo aprendido para mirar de otro modo lo descripto, a partir de conceptualizaciones actuales, que son las que me permiten no sólo interpretar los hechos tomando en cuenta su descripción –la percepción–, sino incorporando el concepto con que se construyó la narración bíblica: crear la culpa de la víctima, es decir, de las hijas de Lot.
El efecto directriz de estas irrupciones de la sexualidad adulta se focaliza en desculpabilizar al victimario, naturalizando el delito, responsabilizando a la víctima como promotora del mismo. Lograr que la víctima sienta culpa y vergüenza por lo que le ha acaecido; es el primer efecto del arrasamiento de la sexualidad adulta sobre el niño, niña o adolescente. Suponemos que duradero: la experiencia clínica nos evidencia que reacciones personales y sociales de una pléyade de seres humanos, treinta o cuarenta años después de padecida la violencia sexual, se comportan, frente a la sexualidad o frente a las diferentes formas de libidinación placentera, con respuestas absolutamente impropias y alejadas de lo que podría considerarse esperable en forma de disfrute.
¿Por qué hablamos de los efectos de la irrupción de la sexualidad adulta en la historia de vida de niños y de niñas?
Porque necesitamos ponerle nombre a ese daño horroroso. Entonces enunciamos clasificaciones, como por ejemplo el efecto durante los dos primeros años después de cometido el delito, o los efectos en determinados comportamientos. O sea, necesitamos sostenernos en la canónica de las clasificaciones y enunciaciones correlativas para otorgarle sentido a lo que también nos daña en tanto testigos de esos efectos.
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Cordialmente
Eva Giberti
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Jorge Gómez Alcalá
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