La vejez, en el psicoanálisis y en la post-modernidad
05.02.08 @ 10:27:52. Archivado en Psicoanálisis, Clínica, Teoría, Psicología, Salud Mental, Otros Autores, Salud, Investigación
El viejo y su vejez en el setting analítico
Julia Casamadrid P.*
e-mail: jcasamadrid@mexis.com
José Luis Salinas F.**
e-mail: jsalinas@prodigy.net.mx
Simplificando al máximo, defino lo postmoderno como
la incredulidad ante las metanarraciones.
Jean-François Lyotard
¿Por qué escribir acerca del viejo, de la vejez, en un congreso cuyo tema es el Psicoanálisis frente a la Postmodernidad? Pareciera una incongruencia: lo nuevo, lo moderno frente a lo viejo, a lo antiguo.
El concepto de postmodernidad tiene muchos significados, varios niveles que llaman la atención sobre diversos cambios sociales y culturales que se producen al final del siglo XX, especialmente los relacionados con los problemas raciales, étnicos, ecológicos y de género.
Lo postmoderno cuestiona la “realidad” misma, debate sobre ella, sobre el mundo regido por sólidos datos científicos. Lo postmoderno es un cuestionamiento constante de las doctrinas heredadas de la Ilustración (Lyon, 1994).
Las “realidades heredadas” referidas al viejo y a la vejez no se escapan de este cuestionamiento. En los inicios de este Siglo XXI nos enfrentamos a una población de viejos que nos exige ser tomada en cuenta; a una población que nos exige ser escuchada y ser reconocida. Los viejos ya no pueden ser más los excluidos.
La importancia del viejo y de la vejez no se apoya exclusivamente en datos demográficos, aunque al revisarlos, su crecimiento en este siglo XXI es tan impactante, que por ese solo hecho el viejo debería de ser reconocido y revalorado. El crecimiento actual de la población de la tercera edad es inédito en la historia demográfica de nuestro país; los datos que a continuación mencionamos dan clara cuenta de ello.
Actualmente uno de cada veinte mexicanos tiene 65 años o más, pero en el año 2050 uno de cada cuatro tendrá esa edad, habrá en la República Mexicana 32.4 millones de viejos, actualmente hay sólo 4.8 millones. La esperanza de vida en el 2050 alcanzará la edad de 83.7 años, es decir, más de una tercera parte de nuestra vida la viviremos siendo viejos. (Conapo).
Sí… el viejo empieza a cobrar importancia en la postmodernidad. Y esta realidad nos lleva a hacernos varias preguntas: ¿Cómo se enfrentará el psicoanálisis a una postmodernidad matizada de vieja? ¿Qué lugar ocupa el viejo en la postmodernidad del psicoanálisis? Son preguntas que nos pueden causar cierto desasosiego.
Pero podemos tranquilamente quedarnos únicamente en lo viejo, en lo antiguo, en lo conocido; en lo que en 1889 y 1905 Freud dictó.
Si revisamos criterios como los de analizabilidad, accesibilidad e indicaciones y contraindicaciones en psicoanálisis, será el mismo Freud (quien por otro lado no cesó en su autoanálisis hasta el final de su vida a los 83 años) quien nos sorprenda con su abierto rechazo a la posibilidad de considerar a una persona analizable por el puro hecho de la edad cronológica.
En sus trabajos La sexualidad en la etiología de las neurosis (1889) y en Sobre psicoterapia (1905) así lo señala. Para Freud tal vez no hubiera duda de lo improductivo del análisis durante los años de la vejez; pero para el psicoanálisis de la postmodernidad debería de ser muy cuestionable esta postura.
Afortunadamente después de Freud, han sido no pocos los psicoanalistas que directa o indirectamente han abierto puertas o al menos han sembrado cierta inquietud por el tema. Karl Abraham (1959) por ejemplo, propone que “la edad de las neurosis es más importante que la edad del paciente” (p. 241) y al igual que Hanna Segal (1958) y Pearl S. King (1980) entre otros autores, coinciden en reconocer la eficacia del análisis con personas mayores.
Más recientemente Parres (1990) menciona que “las personas mayores tienen la capacidad de desarrollar relaciones transferenciales. La catarsis, la confrontación, la interpretación, la elaboración y la resolución de conflictos, las transformaciones sublimatorias y la obtención del insight, es del todo posible en personas aun muy mayores” (p. 111).
Por otro lado, si prestamos atención a los criterios de analizabilidad y accesibilidad encontramos autores como Zetzel (citado por Paz, 1971 p. 30) y Betty Joseph (citado por Etchegoyen, 1991 p. 49) quienes mencionan que estos criterios dependen de capacidades psíquicas y de la estructura de personalidad y no de categorizaciones arbitrariamente establecidas como sería la edad. Dupont (1989) al mencionar que “la aplicación de la técnica psicoanalítica implica una fórmula binaria en alianza de trabajo, donde analista y paciente aportan sus aptitudes y capacidades personales” (p. 86), incluye al analista para el éxito terapéutico.
Tomando como base estos criterios, podemos hablar de que la analizabilidad, la accesibilidad, o la indicación o no de análisis dependerían más bien de las estructuras de personalidad de cada paciente en particular y también, en gran medida, de las del analista. Y es aquí donde se plantea la contratransferencia del analista como factor indispensable en la decisión de aceptar en análisis a determinado paciente.
Al negarle la posibilidad de un trabajo analítico al viejo, ¿no estaremos en cierta forma anulando al individuo, a la persona que demanda atención, con una personalidad, una historia, unas ansiedades y unos deseos propios y genuinos, por un mero aspecto defensivo de nosotros los psicoanalistas? ¿No estaremos como psicoanalistas evitando enfrentarnos a un sujeto con derecho a la atención clínica psicoterapéutica, por ser él un fiel espejo de una vejez que nosotros deseamos de una manera omnipotente, indefinidamente posponer? ¿Qué nos significa a los analistas la posibilidad de aceptar a un paciente viejo en análisis?
Seguramente tales cuestionamientos nos llevarán a reflexionar acerca del origen personal de nuestra respuesta y a descubrir los fantasmas propios en la contratransferencia.
Por lo tanto sería importante mencionar qué entendemos por contratransferencia. El concepto al que Freud se refirió en 1910 ha ido evolucionando en definición y en planteamientos teóricos y técnicos.
Nosotros coincidimos con la definición de autores como Little (1951) y Racker (1990) quienes se refieren a la contratransferencia como “la totalidad de la respuesta psicológica del analista frente al paciente” (p. 237) y la reconocemos como un valioso instrumento en el trabajo psicoanalítico, pero también como un posible obstáculo para el mismo.
Con relación a esto se puede decir de manera escueta, que existe una forma de contratransferencia que surge en el analista como reacción ante la transferencia del analizado, su personalidad, sus objetos internos y sus comportamientos.
Y existe otra forma de contratransferencia (que podría considerarse transferencia del analista, si se va más allá de la definición basada en la dirección) que tiene que ver con la personalidad, sus objetos internos, los deseos, las ansiedades y en fin, la estructura del analista que se sirve del paciente para proyectarla y actuarla.
Ambas formas de contratransferencia toman un carácter de instrumento valioso dentro del proceso analítico cuando se hacen conscientes y se analizan; pero cuando esto no es así, estas reacciones limitan el trabajo analítico y obstaculizan el avance del mismo, frustrando el proceso.
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Quiero hace una pregunta que nos tiene sorprendidos. hay un tio de 82 anitos quien fue muy trabajador hasta hace 2 anios .El hace como1 semana sintio mareos. y dijeron que era culebrilla lemandaron remedios.ahora hace 1 semana dejo caminar dice se siente las piernas comogelatina. esta hospitalizado, le hicieron de todo y no le encuentran nada. que se debera hacer? mil gracias.
Un agradecimiento para el autor y para Jorge Gómez Alcalá por permitirnos conocerlo.-
Atte.-
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Jorge Gómez Alcalá
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